Los estamos viendo
La mayoría de quienes le conocen, ahora lo desconocen. Unos están extrañados porque no cupieron en su gabinete y los menos, los que sí están incluidos en el Gobierno de Jalisco ven el desastre pero saben que no pueden opinar nada para eludirlo. Primero, porque el gobernador Enrique Alfaro les puso a cuatro coordinadores como dique, y después, porque si hay reuniones de gabinete y expresan alguna opinión, los ignoran: el jefe de gabinete Hugo Luna decide y pasa al siguiente punto del orden del día.
Tampoco algunos periodistas se explican el cambio conductual de quien fuera hasta hace poco un político recio pero amistoso. Hoy es rudo e intolerante con ellos.
El problema principal del alfarismo no es ese, sino que el gobernador ofreció Refundar Jalisco y de aquel proyecto político renovador, transformador, ya no queda nada. Jalisco no tiene rumbo promisorio y viable.
En todo esto hay algo que llama mucho la atención: a diferencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien según las encuestas las críticas le hacen lo que el viento a Benito Juárez, a Enrique Alfaro los señalamientos lo han ido minando, y no porque los medios sean muy poderosos o los editores muy certeros, sino porque el gobernador está fallando en áreas muy sensibles y ha perdido lo más valioso que un político tiene: la confianza de un pueblo. Por tanto, la crisis de gobernabilidad está muy próxima: su proyecto va muy lejos del presidente de la República en poder y recursos económicos pero muy cerca de los grandes conflictos y del repudio social.
De los modos o las maneras del gobernador hay que entender lo siguiente:
1.- Su formación política. Alfaro se formó entre dinosaurios y bebesaurios. A aquellos les aprendió la ortodoxia del gobierno y del partido en el poder, pero en la premodernidad. Esa rudeza en tiempos de una sociedad vigilante, de la intercomunicación eficaz, fracasa y además se persigue. Nada de que: “yo soy el gobernador”. Hay 23 ex gobernadores procesados o acusados penalmente. El consultor y catedrático de la Universidad George Washington, ex gobernador de Chiapas Eduardo Robledo Rincón advierte que ahora los sexenios son de 7 años por la persecución que sufren los mandatarios, pero yo digo que son más, y si no véase el proceso de Tomás Yarrington, quien gobernó Tamaulipas en el cierre de sexenio de Ernesto Zedillo y fue detenido en Italia en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Esto ya cambió: Las leyes permanecen pero los reclamos se modificaron y doy tres ejemplos:
A).- El presidente de México tiene toda la legitimidad electoral y de ejercicio de gobierno para usar el monopolio de la fuerza concedida y reconocida al Estado. No lo hace. Lo critican porque no persigue a la mafia del poder, a los capos, ni somete a la prensa pero son otros tiempos.
B).- Al gobernador no le corresponde velar por los migrantes pero es una tarea que le es demandada.
C).- A los presidentes municipales no les corresponde generar empleos según el artículo 115 Constitucional y deben hacerlo.
De los bebesaurios el gobernador aprendió que pueden ser -dicen- candidatos presidenciales al margen de quien gobierne la República. Falso. El gobernador cree que puede ejercer el control de los tres poderes constitucionales, pero no lo ha logrado: aún batalla por hacerse del Poder Legislativo y del Judicial. Los bebesaurios creen que todo se lo deben a ellos mismos y a sus gurús de comunicación. Por eso fallan, reprueban.
2.- Su formación profesional. Alfaro no es abogado ni politólogo. Tampoco tiene abogados experimentados a su lado, lo cual se procuraba siempre. Es ingeniero y se le hace fácil desentenderse de temas como el de la seguridad pública y el de la justicia o las adquisiciones. Todo lo que quiere hacer lo hace, no le representa problema tomar decisiones administrativas ilegales y cree que su Contralora lo puede tapar en todo. Aunque la funcionaria quiera, no puede hacerlo.
El gobernador le entiende un poco al marketing político, y mucho al desarrollo urbano. Eso lo perderá, si no lo remedia. Los negocios personales no se llevan con el poder. Que recuerde a Guillermo Padrés, ex gobernador de Sonora.
3.- Carece de proyecto para Jalisco. La refundación murió neonata. No puede refundar el Estado en medio de la confrontación, la corrupción y el divorcio social. No puede subir a la sociedad a un barco sin destino y con el casco horadado en varios puntos. De la refundación ni él habla.
4.- Ignora los dilemas de la Acción Colectiva. Desbordado por la ambición, sin formación profesional que le ayude, carente de formación política eficaz, tampoco entiende que caminan en un proyecto quienes ganan estando en él. Alfaro y su club se quedan con prácticamente todas las posiciones gubernamentales y todos los contratos de Jalisco. Eso enferma a su proyecto y lo hace vulnerable.
5.- Ignora las funciones de la Comunicación Política. Alfaro no comunica nada. De la Comunicación Política se desprenden la de Gobierno; la de partido, la de campañas, etcétera. Ni comunica su gobierno, ni lo hace su partido, ni están en campañas.
6.- No tiene quien le cuide las espaldas. Enrique Alfaro es un fajador, pero se mete al callejón y nadie le cuida. Sus colaboradores van atrás de él, pero no participan en el combate: ni lo hace su jefe de gabinete, ni lo hace Clemente Castañeda desde el senado, ni Tonatiuh Bravo desde San Lázaro; ni su secretario de gobierno, ni su equipo de comunicación. En cada crisis que enfrenta lo dejan solo.
7.- El gobierno de Enrique Alfaro es muy vulnerable. Las encuestas reflejan la furia popular por su conducta. Agravia a los ciudadanos con su discurso simulador. No los engaña y el partido que se organice, lo vencería en el 2021.
Por eso no tiene caso criticarlo. No va a cambiar.
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