Óscar Ábrego
En política forma es fondo. Por ello bien vale la pena atender el eco de los Gritos de ayer. Presenciamos dos maneras muy distintas de entender y atender los asuntos públicos. Una conmemoración tan significativa como la de honrar a quienes nos dieron patria, es un asunto que merece nuestra atención, más en una época en que la mayoría de la gente está cansada de la opulencia en la que se mueven los actores del poder.
Aquí, en Jalisco, atestiguamos las mismas prácticas con distinto personaje. Vimos más de lo mismo. Salvo que el gobernador evitó la corbata en un acto que impone su uso, en realidad no hay nada qué destacar. Podemos afirmar que el pasado reciente estuvo presente, con funcionarios de primer nivel, invitados especiales, colados en los pasillos y el balcón principal; así como cónsules, senadores, magistrados y medallistas de los Juegos Panamericanos. Vaya, otra vez acudió la crema y nata de los tres poderes, la clase gobernante y quienes se ostentan como amigos incondicionales del gobierno.
También hay que decir que de acuerdo al testimonio de muchos, el ánimo frente a Palacio de Gobierno no fue similar al de otros años. Si bien la porra organizada por las fuerzas vivas del partido Movimiento Ciudadano y un buen porcentaje de las familias asistentes acompañaron los “¡vivas!”, poco antes se escucharon sonoros abucheos y silbatinas de rechazo al titular del poder ejecutivo.
En contra parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio su primer Grito de Independencia en el Zócalo de la Ciudad de México, sólo acompañado por su esposa Beatriz Gutiérrez, sin invitados especiales, funcionarios públicos, fantoches y lambiscones. Así, con la sobriedad y austeridad que exigía el momento, el mandatario federal se asomó al balcón para recibir a los miles que se dieron cita en la plancha de asfalto.
Fue un grito de veinte “¡vivas!” en los que incluyó a los héroes patrios, pero también a las comunidades indígenas, a la libertad, la justicia, la democracia, la soberanía, la fraternidad universal y la riqueza cultural de nuestra nación. Las crónicas describen un festejo emotivo, alegre y complacido.
La diferencia fue notoria y se refleja en las encuestas. No hay nada que agregar.
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