Duras están las cosas para el gobernador de Jalisco Enrique Alfaro: por un lado su rara sonrisa vertida ayer con el presidente Andrés Manuel López Obrador y por otro la decepción de sus amigos por el fin de los alfaroboes y el inesperado arribo de Pablo Lemus a la candidatura a gobernador.
Véase solamente para ello esta parte de la columna en El Informador de Jonathan Lomelí: “1. La cohesión del partido en torno a su candidatura. La designación de Lemus desencantó (sic) a algunos liderazgos emecistas que ven en Lemus a un perfil externo que modificará el ADN del proyecto alfarista. El jueves que Lemus pidió licencia ningún actor relevante del emecismo le expresó (sic)?su respaldo en redes sociales. La ausencia de ese gesto solidario es irrelevante por ahora, pero será una señal de alerta si hoy registra su precandidatura sin el espaldarazo público de los actores naranjas clave.
“Esta ruptura se vio agravada con la decisión cupular de Enrique Alfaro al repartir las candidaturas más relevantes en 2024. Sin un auténtico (sic) proceso democrático interno, encerrado en una torre de cristal al lado de su Rasputín (sic), el gobernador propició un sentimiento de exclusión entre los “mandos medios” del corporativo naranja que puede infiltrar las bases”.
Todos están enfrentados, agraviados por la postulación de Pablo Lemus; desairados y ninguneados por Alfaro; y ahora hasta Rasputin ahí.
Hoy se debe registrar en CDMX Pablo Lemus: aunque vayan a su lado sus adversarios en esta contienda y aunque salgan riendo sus contrincantes en su registro, ya no se olvidarán los desaires en la lucha. Ni Lemus, ni ellos, ni la cofradía lemusiana lo olvidará. Ellos pueden reír pero en sus seguidores no habrá tregua. ‘Perdieron’ y la crisis en Movimiento Ciudadano agrava.
Al tiempo.
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