Por Laura Gutiérrez Franco
La fiesta del Mundial 2026 en México amenaza con convertirse en una tragedia humanitaria y de seguridad pública si las autoridades competentes no actúan de inmediato. Tras la jornada futbolística de este martes, la euforia desmedida en los principales puntos de reunión masiva o Fan Fest ha dejado al descubierto una alarmante falta de planeación, protocolos de contención ineficaces y una preocupante ola de vandalismo y delincuencia que ya ha cobrado vidas.
En la Ciudad de México, donde la concentración del martes por la noche superó el millón de personas, la falta de control de masas tuvo consecuencias fatales. Reportes indican el deceso de por lo menos cuatro personas, tres de ellas por asfixia debido a los tumultos y el aplastamiento en el Paseo de la Reforma, y una víctima más por paro cardíaco en una de las zonas de Fan Fest, presuntamente derivada del estrés del tumulto y la lentitud para recibir atención médica de emergencia.
A esto se suman decenas de personas desmayadas por falta de aire y escenas de alto riesgo donde grupos de aficionados, fuera de sí, vandalizaron vehículos particulares, llegando a balancearlos de forma peligrosa con personas en su interior.
Por su parte, la capital de Jalisco no se quedó atrás en focos rojos. En las inmediaciones del Fan Fest del centro de Guadalajara, grupos de vándalos arremetieron contra comercios locales, destrozando cristales y provocando riñas callejeras que dejaron múltiples lesionados.
El problema no solo es el desorden visible. Vecinos de las colonias aledañas a la glorieta de La Minerva -donde también hay concentraciones masivas- han denunciado un repunte silencioso pero feroz de la delincuencia durante estas concentraciones, incluyendo robos de carteras y celulares bajo la modalidad de pique, aprovechando las aglomeraciones, así como autos desvalijados y robo de vehículos en calles secundarias debido a la nula presencia policial.
Como bien advertía el filósofo español José Ortega y Gasset en su célebre análisis sobre la psicología colectiva, la masa, al perder la individualidad, suele operar bajo el impulso y la pérdida de la razón. Cuando el Estado no prevé esta conducta colectiva mediante embudos de seguridad, salidas de evacuación y control de aforo, la masa se convierte en una fuerza destructiva.
Con el próximo partido programado para este domingo, el flujo de personas que acudirá a los Fan Fest promete ser igual de masivo o superior, independientemente del resultado deportivo. La ciudadanía exige que el Gobierno Federal, los gobiernos estatales y las alcaldías dejen de lado la complacencia. Es urgente la implementación de filtros de acceso estrictos con contadores de aforo en tiempo real para evitar el sobrecupo, pasillos de emergencia despejados para paramédicos y cuerpos de rescate, y un despliegue táctico de la Guardia Nacional y policías locales en los perímetros habitacionales y comerciales colindantes para frenar los robos y el vandalismo.
Ante la gravedad de los hechos, el Gobierno de la Ciudad de México emitió un pronunciamiento donde se comprometió a hacerse cargo de todos los pagos correspondientes a las familias de los fallecidos, cubriendo tanto los gastos funerarios como cualquier otra necesidad económica derivada de esta tragedia.
Así mismo, la Presidenta de México intervino en el caso, asegurando que se pondrá a disposición de la Secretaría de Gobernación para dar seguimiento puntual y evaluar de qué manera se les puede seguir apoyando a los afectados. Las autoridades tienen pocas horas para corregir la estrategia de seguridad, pues la prevención de la próxima tragedia de este domingo está enteramente en sus manos.
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