Por Manuel Gutiérrez
Supe de Chesterton, (Gilbert Keith GK) por sus frecuentes citas de Anacleto González Flores, el beato mártir de la Cristeada. Nacido en 1874 y murió 1936 es un raro fenómeno de la filosofía, el sentido común, y la creencia en Dios. Un inglés de pura cepa, con capa, sombrero, barba abundante y un inseparable paraguas para las frecuentes e inesperadas lluvias inglesas.
Ahora bien, ¿qué pudo impresionar al impresionante Anacleto, con su filigrana incendiaria de pasión religiosa, certera fundamentación jurídica, y sólida formación cultural, que lo hicieron ser maestro de muchos talentos en la llamada Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) que tuvo el papel de ser el intelecto de batalla de la lucha por la libertad de conciencia en México durante la época de Plutarco Elías Calles, alias El Turco?
Chesterton fundamenta sus razones en lo cotidiano, en lo común. Es uno de sus puntos iniciales, es defensor de lo ordinario, y lo encuentra extraordinario. Él sostiene que no es lo maravilloso que existan los unicornios, -porque no existen- sino los caballos que hacen tantas cosas por nosotros.
Su segundo fundamento de razonamiento está en el uso de la paradoja: “La manera de amar es darse cuenta de que puede perderse” o “los locos no son los que perdieron la razón, son los que perdieron todo, menos la razón”.
Sus cumbres: La Ortodoxia y El Padre Brown.
En Ortodoxia, aborda la defensa de la creencia en Dios no como algo monótono o triste, sino como una aventura salvaje que te demanda todo. Y como broma para Arthur Conan Doyle, creó a su investigador de crímenes, “El Padre Brown”, un cura común con habilidades deductivas, pero más que eso, conocedor del alma humana. Sherlock se basa en la lógica, pero Brown, totalmente inglés, es también muy efectivo en descubrir al criminal.
Ahora, relacionándolo con Milan Kundera y su kitsch, GK lo maneja con esas definiciones en El hombre que fue jueves, en que los anarquistas y los policías asumen roles inesperados y paradójicos para darle una audaz salida mística… era un escritor que arriesgaba, que emocionaba, que sabía reír, que sabía ser grave cuando no se puede ser leve.
Chesterton entendió muy pronto el asunto de la revolución mundial, arrancada con el despegue del bolchevismo en Rusia, entonces su dinámica de escribir explica guerras, kitsch, todo lo moderno que padecemos, solo que se asomó a ello un siglo antes aunque las bases doctrinales ya estaban, como ciencia económica o como experimento social, pero en el fondo era una suplantación del Creador en nuestros sistemas de vida.
GK sostiene que el mundo vive atormentado por dos herejías opuestas. Una es la prioridad de lo mundano, es decir, la política, la guerra, la economía, la contaminación; sus causas son súper importantes.
La otra herejía del mundo es el “relativismo”, en que acabamos mandando al mundo a molestar a otros porque NADA ES IMPORTANTE. Si todo es relativo, da lo mismo vivir en un país comunista que capitalista, de todos modos seguirás fregado, pero hay niveles. Hay fregados a nivel de hambre, y fregados que comen tres veces al día… distinga en qué sistema va cada uno.
Por eso vivimos angustiados como hombres y mujeres modernos, porque hay cosas que Chesterton, GK, juzga importantes: vea, una cerveza con los amigos, tu perro o tu gato, el primer paso de su hijo…
Aquí relacionaré a Kundera con Chesterton: “El reformador serio es el que quiere reformar porque AMA ALGO. El revolucionario odia algo (yo agrego todo) y por eso quiere destruirlo todo, la diferencia es abismal”.
Si recordamos la pintura de la Revolución francesa kitsch, de Delacroix, La Libertad guiando al pueblo, pinta la destrucción del orden como algo hermoso, con cadáveres a los pies… la revolución es una diosa, pero para Chesterton es tan simple como el que ama su calle, la quiere limpia y para ello la quiere barrer (la quiere conservar, mejorar, compartir); entonces no quiere quemar a París, solo quiere barrer su calle…
GK es actual, veamos antes la guerra y el medio ambiente: “No se trata de que el mundo sea un lugar demasiado malo para vivir. Se trata de que es demasiado bueno. Por eso nos indigna tanto cuando se estropea”.
Sobre el kitsch de Kundera, a quien no conoció, dijo: “Sentimentalismo malo es llorar por cosas que no te harían llorar en la vida real. Es una emoción barata”. Imagine una concentración en el Zócalo, con miles reclamando por una visa ajena, y todo se trastoca con el argumento de patriotismo y soberanía… sin duda que este mundo orwelliano hubiera hecho filosas paradojas, pero Anacleto sí las analizó, porque citaba todo lo actual de su tiempo: a Ibsen, a Chesterton, en un desfile y amalgama para mostrarnos la fuerza de su fe usando los mejores argumentos, porque él buscaba convencer, no deslumbrar para su orgullo.
CHESTERTON PROFUNDO
El tema Dios es el mero mole del autor. Juega con la filosofía. ¿Dios existe? Para hacerlo al estilo de GK: ¿Qué pasa si no existe?
Chesterton aborda el tema y se encuentra con los místicos rusos; inevitable con Dostoievski, que dice: “Si Dios no existe, todo está permitido. Sin juez último, no hay bien ni mal, solo el poder”. Las guerras imperiales y las invasiones son la prueba…
Nietzsche, a quien sí leyó GK, afirmó que “Dios ha muerto” y le extendió un certificado de defunción, de muerte por indiferencia de la humanidad. Cuando GK lo leyó se asustó. Dijo: “Hemos matado a Dios y ahora tenemos que ser dioses”. Anticipó el resultado de los 120 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración, de Dachau a Siberia, bajo todas las ideologías humanas, desde el nazismo al comunismo y sus sucesores populistas, hasta los autócratas modernos.
Chesterton advierte que al faltar esta riqueza interior de la creencia en el Ser Supremo, el hombre se depauperiza, se vuelve miserable: “Cuando el hombre (el concepto incluye mujeres) deja de creer en Dios, cree en cualquier cosa: astrología, brujería, idolatría, política, dinero, estrellas de la farándula y del deporte”.
Sobre el condenado dinero: “Es el único dios que todos dicen que no creen, pero todos adoran”.
Y luego hace un carrusel de ideas:
Marx: El dinero es fetiche, le damos valor a un papel que no vale nada. Convertimos relaciones humanas en transacciones. No decimos te ayudo, decimos cuánto cuesta…
Georg Simmel: “El dinero hace todo comprable, una misa, un cuerpo, un bosque quemado, todo vale x libras o dólares. Cuando todo tiene precio, nada tiene valor…”
Chesterton cierra: “El gran vicio del capitalismo no es que haya demasiados ricos, es que haya demasiados pobres para ser felices con poco. El capitalismo te convence de que necesitas más para ser feliz; Dios decía que necesitabas menos…”.
CHESTERTON Y HANNAH ARENDT
De nuevo relaciono autores favoritos. El mundo moderno genera guerras, toneladas de escombros en Ucrania o en Gaza, pero alguien cobrará la reconstrucción. Hay muertos, mutilados, vidas destrozadas, pero alguien ganó dinero vendiendo las balas. La guerra es Dios, y el dinero que genera es el siguiente paso de Dios, pero es una perversión.
Hannah Arendt, posterior a GK, acuñó la idea de la “banalidad del mal” luego de comprender que los verdugos modernos, como Eichmann, al que conoció en 1961, esperaba un monstruo fuera de serie. Pero encontró un burócrata gris que solo cumplía órdenes, que hablaba en clichés, que creía en el kitsch de su ideología, que esperaba un ascenso como consecuencia de haber realizado actos de exterminio. Lo monstruoso es que era producto de la modernidad.
Este es el concepto terrible y actual: el mundo moderno tiene esos grises burócratas que no piensan, que se alienan y se alinean. Y en el camino hacen cosas terribles a sabiendas de que quizá sus grandes obras no sean lo que creen, pero obedecen a ciegas. No necesitan un demonio extraído del infierno para hacerlo, solo un tipo normal que no piense, que obedezca y que diga “es mi trabajo”, y lo justifique con lo que dice el líder, el partido, la ley que modifica el partido a su conveniencia…
Dejemos a Hannah y volvamos con Chesterton: Dios ha muerto / El dinero es un dios falso. Chesterton lo explicó así: “El dinero no puede comprar la felicidad, pero es mucho más cómodo llorar en un Mercedes que en una bicicleta; el problema es que te olvidas de por qué llorabas”.
GK EL CREYENTE
Para Chesterton, Dios no es una idea, es asombro. Una muestra de sus argumentos: “Un niño de 7 años ve un árbol y grita ¡árbol! Y tiene más razón que el filósofo que llega con que es una construcción social de la madera”. (Y de ahí al infinito de sofismas).
Si tú ves en Guadalajara un hermoso atardecer –todavía los hay– sientes ganas de agradecer.
¿A quién? Si no hay Dios, esa gratitud no tiene destinatario y te vuelves cínico.
Y juega con las frases: “El cristianismo no ha sido probado y encontrado deficiente. Ha sido encontrado difícil y no probado”. Es una sátira de la reprobación de alguien que te dice que has sido probado y encontrado deficiente como una condena pura, lo que no acontece con la creencia cristiana.
GK era enemigo del capitalismo y del comunismo en cuanto a que ambos son explotadores de diversas formas. Sobre eso escribió Lo que está mal en el mundo; esto lo hizo en 1910.
En pocas palabras:
Capitalismo: Demasiado capital en pocas manos.
Comunismo: Poco capital en manos de todos, pero controlado por el Estado.
Ante ello hizo su propuesta: distributismo, que cada familia sea propietaria, que tenga su casa, su taller, su huerta, su herramienta. No un proletario que no tiene nada, ni un asalariado del Estado… Pequeño propietario.
El dinero cambia a la gente. El rico tiene más de lo que necesita, el pobre menos de lo que necesita; el avaro cree que necesita más para no ser pobre. El condenado dinero es banal, ofrece el infinito pero es finito, pero siempre te dice “con más serás feliz”, y así se convierte en un vicio que se alimenta a sí mismo.
Fiel a su estilo describe: “El rico moderno es triste (y muchas veces decadente). Antes tenía un castillo y lo defendía; ahora tiene acciones que no entiende de empresas que no conoce…”. Chesterton le dio la vuelta al concepto de banalidad del hombre (concepto de género que incluye mujeres) de Arendt: ella dice que el hombre común es peligroso porque no piensa… en tanto GK dice: “El hombre común es heroico porque sí piensa, pero en cosas reales. El intelectual se desborda en dolores ajenos que no siente en realidad y poco comprende; piensa en términos de humanidad, de paz mundial, de igualdad y de otras utopías de todo tipo. El hombre común piensa en qué va a hacer para comer mañana y qué nos lleva para ir al mercado”.
Para Chesterton, la banalidad humana no es que el género sea malo, es que quiere ser interesante. Por eso inventa causas enormes: revoluciones, guerras, acumular dinero, porque olvida ser bueno en lo pequeño. Todo está cerca del milagro o de la tragedia…
Una pieza de pan que se desperdicia en las mesas bien provistas es vida o muerte en Gaza… “No hay cosas sin interés, solo hay personas desinteresadas”.
Mientras el detective de Baker Street 221B, al distinguir en sus casos de gente común, prefería lo extraordinario, el Padre Brown es lo contrario: para él todos eran alguien en sus 53 cuentos, porque entiende mejor el pecado que el detective, y todos somos pecadores, todos contamos para la conversión o para que la justicia nos alcance; no hay un don nadie.
Luego, ya converso –porque fue un viaje sin darse cuenta, pero lo hizo con simpleza y solidez– encuentra su culto definitivo. Se volvió católico y entonces crea tres obras maestras ya converso: El Hombre Eterno, en 1925, que C.S. Lewis considera que lo hizo convertirse, y dos biografías de santos: Francisco de Asís y Tomás de Aquino. Escribió unos 4 mil artículos, ensayos, y fue el mejor crítico de su tiempo en obras de Chaucer y de Dickens.
Chesterton había inspirado en México a Anacleto González Flores en uno de sus grandes capítulos, acerca de la “Supervivencia de los Muertos”; lo veremos en otra entrega.
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