
Por Manuel Gutiérrez
(Segunda y última parte)
Seguimos con la saga de Chucho el Roto. No hay fotografías o pinturas confirmadas de su persona, pero su imagen se hizo ideal, mágica, a la medida de las ilusiones de la gente.
Luis Aguilar fue Chucho el Roto, pero si bien tiene calidad interpretativa, el personaje era para Manuel López Ochoa. Este actor, era atlético, bien parecido, cantaba, era charro, moderno y su sonrisa era contagiosa. Su voz, sin embargo se convirtió en una caricia noche a noche desde las 8:30 horas en la XEW con Manuel López Ochoa, con su silbido característico, que evocaba nostagia, tristeza, a la vez que arrojo.

La novela se cubrió con una música selecta: Intermezzo de Manuel M. Ponce y el hermosísimo Vals Capricho, de Ricardo Castro, el compositor duranguense, así como el Vals Poético de Felipe Villanueva, intercalados en los cambios de escenario de la novela en los cortes y reanudaciones, que vendían la idea de la era de Don Porfirio, que conectaban el pasado y el presente y que cerraban con la promesa: “El pobre, será menos pobre si conoce la certeza de un amigo” o algo así.
Simplemente era un programa asistencial no oficial, porque en esa época no se les ocurría todavía.
Manuel López Ochoa, se convirtió en símbolo, lo hizo estrella internacional en el mundo hispano, su cálida voz transmitía emociones cada noche. La novela se extendió por la demanda recuerdo que duró entre once años…hasta que se agotó cuando los índices comenzaron a bajar. Pero Manuel había logrado ser estrella formaba parte de la caravana de la cervecería Corona, entre los consagrados de entonces que hacían gira nacional.
Manuel tiene 4 películas dirigidas por Alfredo Zacarías: “La vida”, “Yo soy” “Los Amores de” y “El Inolvidable” Chucho el Roto, como Matilde, la madura Blanca Sánchez, una trigueña, Susana Alexander, como Carolina y Luciano Hernández de la Vega, como Don Diego. Las plumas autoras de Chucho, fueron Carlos Chacón Jr. el guión lo hizo Hugo Cervantes, fueron 110 episodios de 30 minutos cada uno incluso pasaron del radio a la pantalla grande en su primera versión.
La XEW tomó a Carlos Chacón y produjo, durante los once años, 3,200 capítulos sobre Chucho el Roto, ambientada en 1870 en la era de Don Porfirio. La novela tuvo una acogida triunfal en América Central, Sudamérica, y el Sur de Estados Unidos, obviamente en México, era una costumbre. A la par se lanzó una telenovela por la XEW y las películas mencionadas se hicieron en 1970, el Inolvidable, en 1971. El director de las series fue Valentín Pimsteín que leyó muy claramente el alma mexicana de los años sesentas. La historia comenzó en 1968 al parecer.
Al parecer el buen ladrón era originario de Tlaxcala. Para no ser injustos, Luis Aguilar le dio varias cintas a Chucho, y casas viejas turísticas de Querétaro o Veracruz, se ofertan como la residencia oficial del bandido generoso, para consumo turístico.
Luis Aguilar tuvo como coestrella a la que sería esposa o compañera de Luis Spota el genial periodista y escritor mexicano, Elda Peralta, con Clavillazo, como comparsa humorística. El director fue Miguel Delgado, nada despreciable cinta.
CHUCHO SOCIAL
El bandidaje, en regiones atrasadas se convierte en causa política, desde las novelas de Zarco, como los Bandidos de Río Frío. El bandidaje, o el crimen organizado, finalmente se convierte ej político, sea porque coadyuva con el poder, como actualmente en la 4T en sus elecciones. Hay zonas de México que han pasado por cada movimiento de guerra, siendo alternativamente insurgentes, realistas, liberales o conservadores, incluso cristeros, pero siembre en rebeldía.
El asentamiento de carteles en la comunidad, convierte regiónes de Michoacán, en zonas sin control gubernamental actualmente como lo han sido en la historia. La región Guerrero-Michoacán, o Michoacán-Colima, (Coalcomán) han visto desde el primer cristero, Luis Navarro Origel, exalcalde de Guanajuato, hasta ahora zonas de influencia de los grupos organizados.
Este tipo de causas, terminan cuando son primitivas siendo nocivas para a humanidad por sangrientas, de una violencia extrema. Pero en los giros, se pueden aliar a causas políticas para ser convertidos en arietes revolucionarios o reaccionarios, como sea. La historia de las FARC es elocuente, de cultivadores y traficantes a guerrilleros y viceversa.

Chucho el Roto, no funciona como idea de rebeldía social, más que en parte. Porque era un aspiracionista de clase media, que por romántico chocó con las estructuras de su tiempo. Si bien fue aceptado por el pueblo, era un caso de un sujeto con preparación, con tácticas de cuello blanco como la estafa, engaño, prestidigitación, suplantación, muy dirigidas a blancos ricos y bien estudiados. No cobraba plaza, ni robaba pobres.
Tampoco era su anhelo la destrucción de un sistema, sino su renovación, que fue lo último que aprendió Porfirio Díaz, que pase a hacer leyes aceleradas en ese sentido, su suerte estaba echada por la revolución. Díaz no fue insensible, fue hombre de una época, que pensaba y vivía con escalar de valor y de comprensión cultural, diferentes.
Chucho, por tanto se cobra una afrenta social que lo descalificó y sepultó en Belén, pero salió para cobrársela y seguir amando a Matilde, en una historia de amor poco evaluada. Su desprestigio como ladrón, era una muerte social en la época, en que no se pensaba en la reinserción, ni en el rescate de la delincuencia, sino en el criterio de punción, y de expiación del daño.
Chucho murió en 1894 en San Juan de Ulua, según los datos disponibles. Esta vez ya no pudo fugarse. Sin embargo su hija Dolores Arriaga Frizac, fue reconocida, los Frizac fueron salvados de una estafa tipo Segalmex actual, en que por poco los dejan en la calle. Don Diego comprendió el valor de Chucho y lo aceptó y Carolina logró el perdón de Matilde y de Lolita, incluso Lolita fue heredera de los Frizac. Pero el daño hecho, ya no era posible componerlo y Chucho continúo sus aventuras, pero el cerco se fue cerrando, como suele ocurrir y la policía se estaba modernizando a fines del siglo XIX.
La caída de Chucho, restableció el prestigio del triunfo de la ley, pero no de la justicia. Su extraño y fino estilo de robar, su leyenda impactó la imaginación y los autores del culebrón radiofónico supieron darle vida para siempre.
Manuel López, se fue a California, hablaba buen inglés, hizo papeles de poca monta en Hollywood que no entendía su éxito. Pero era rico, vivía en Orange, en una mansión, con su familia y no necesitaba implorar chamba, tampoco quiso ser productor, que tal pudo hacerlo.
Más en nuestro tiempo, hubiera dado un brinco mundial y hubiera recibido buenas ofertas pero en ese tiempo México era un rancho grande. Manuel fue grande, pero lo atoró la suerte.
Es un mito popular Chucho, como lo fue el Santo, aunque era luchador del bien, en este caso, Chucho es más Arsenio Lupín, pero compasivo de la gente necesitada. En el México de antes los necesitados reales difundían quien los ayudaba (Cantinflas) o quienes eran patrones justos y buenos y queridos (Los Collignon de Jalisco) entre muchos.
Era un mundo en que el necesitado sabía en donde se abría la puerta y que ahí le resolverían el apuro, pero a cambio quedaba obligado a con la fortuna o el tiempo, devolver el favor a otros, en cadena de favores. Ni quien pensará que el estado llegaría a políticas de regalar dinero. El honor, el nombre, la fama pública, pesaban de verdad en todo.
Por tanto, Chucho no cabe como subversivo, pero si como rebelde. Cabe como héroe y leyenda, pero hay que recordar que en México la delincuencia puede terminar siendo política, si se pone del lado ganador de la historia temporal. También reditúa bonos combatirla de verdad, todo es político y sociológico en México. La tesis de que la pobreza genera delincuencia se cae en el caso de Chucho, porque precisamente su problema es que quería escalar socialmente y el sistema apenas estaba abriéndose.
Vemos otro tipo de bandido, fue un joven político que quemó pozos petroleros, tuvo incidentes mortales en el béisbol como joven iracundo, y incluso se habla de accidentalmente fue causa de muerte de su hermano, le encantaba hacer bloqueos en las calles, vivía de las marchas y quejas.
Hablo de un político oriundo de Tabasco…(No me acuerdo del nombre, me va a creer) fue delincuente porro en la UNAM, fósil, fue príista, fanático, perredista, le decían entonces “La piedra”, en esos años, cobró plaza de los estudiantes y de los changarros cercanos a las escuelas, duró 17 años en salir de la carrera, con mediocres calificaciones, cuando perdió en 2006 sitió Paseo de la Reforma, con sus huestes, no fue bandido generoso y dice ser, puro, recto y habla de que los antes robaban más, pero fue un legendario nocivo que llegó muy lejos, dicen y muy perjudicial en el poder que ama más que nada y del nada podrá separarlo. No inspira para leyenda romántica.
Chucho no militó contra el sistema con fines anarquistas nunca, más que con sus acciones y sus motivaciones justificadas en forma personal. Sufrió un sistema de su época, que ya desentrañarían los pensadores del siglo XX. Chucho por tanto no es nocivo: Es folklore, es historia, es romance y aventura, propios del siglo XIX. Su explotación emotiva como leyenda, no tendrá fin, porque es una historia que regresará esporádicamente en momentos propicios y cuando se busquen aventuras mexicanas. ¿Cómo entenderlo? Pues como era, porque la mentira, no ayuda en nada y daña la posteridad.
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