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Indicador Político:

Si el crecimiento económico necesita de estabilidad política y entendimiento con el sector empresarial, las fases de conflictos determinaron históricamente caídas en el PIB. Pero detrás de esas confrontaciones se ha localizado la redefinición del papel económico del Estado que desplaza y sustituye con ineficiencia al sector privado.

El gabinete lopezobradorista para el crecimiento económico no dará resultados si se queda sólo en un reparto de algunas inversiones públicas. Desde septiembre de 1982 los empresarios quieren tener un Estado garante de la inversión, no un socio menor sometido a las decisiones gubernamentales.

El modelo de régimen del gobierno actual necesita de una nueva etapa del sistema político priísta. El sistema es un equilibrio de poder entre el Estado, el presidente, el partido mayoritario como ecualizador, lo empresarios y los sindicatos. Los problemas de este modelo han surgido cuando el presidente de la república concentra el poder por encima de los otros factores y coloca al Estado nocomo el pivote para la estabilidad de la economía política sino como el centro de la actividad productiva: Cárdenas, López Mateos con su declaración de “extrema izquierda” y la nacionalización final de la electricidad, Echeverría y López Portillo.

De 1983 con Miguel de la Madrid hasta 2018 al terminar el sexenio de Peña Nieto, el Estado potenció al sector privado con privatizaciones de la economía pública, pero sin una reorganización productiva. El Estado sólo liberó empresas y áreas estatales, pero no construyó un sector empresarial fuerte. La apertura comercial indiscriminada se hizo sin reconversión industrial potenciada por el Estado y sectores productivos completos tuvieron que cerrar en una fase aún latente de desindustrialización.

El programa de inversiones que encabezará el empresario Alfonso Romo como virtual secretario de la Presidencia en materia de gasto productivo industrial del gabinete presidencial noimplica atender el principal desafío de la economía mexicana desde el proceso de apertura comercial iniciada en 1984 por el gobierno de De la Madrid –con Salinas de Gortari como el estratega–: la construcción de un nuevo modelo de desarrollo con definiciones explícitas de áreas productivas y una remodelación de la planta industrial.

El problema del PIB, además de las inversiones públicas y privadas, radica en el retraso de un programa específico de competitividad que completaría la modernización de la planta productiva. Se trataría de 126variables de competitividad que México tiene muy bajos y que le impiden potenciar los tratados comerciales. Un dato resume el fracaso industrial: el componente nacional de los productos de importación bajó de 45% en 2001 a 37% en 2018; es decir, México ha preferido, sin política industrial del Estado, ser un nuevo país maquilador que crear una planta productiva a la altura de los mercados abiertos.

El modelo industrial que generó el PIB de 6% duró hasta 1982 y fue sustituido por un modelo de control estatal; la razón, el sistema priísta noquiso arriesgar su dominio con la existencia de un poder empresarial productivo mayor al del Estado, como todo país capitalista que se respete. Pero los controles estatales inhibieron la modernización industrial y hoy la planta es obsoleta, sin competitividad y ahogada por regulaciones del Estado.

El Gabinete de Crecimiento sólo centralizará inversiones de segundo y tercer nivel que no impactarán en el PIB y el Estado lopezobradorista perderá la oportunidad de reconstruir el sistema productivo para regresar a tasa de PIB de 6% promedio. La competitividad productiva mexicana siempre ha fracasado ante los objetivos prioritarios de mantener el control del Estado, del presidente en turno y de su partido, en lugar de darle prioridad a la producción industrial. En cambio, países como Australia, Japón, Malasia, Nueva Zelanda y Singapur han aportado a la competitividad y han subido su PIB y su verdadero bienestar social.

El primer aviso adverso ya llegó: el PIB de 2020 será menor a 1%.

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Berrinche costoso. En la lógica estadunidense, la gran derrotada el martes en el informe del presidente Trump fue la líder demócrata Nancy Pelosi por su berrinche de romper las hojas oficiales del documento entregado por el mandatario. Pelosi se había enojado porque Trump la dejó con la mano en el aire. Ahí, con ese gesto, reconoció Pelosi que había fracasado en su juicio contra Trump y en los hechos había contribuido a hacerle al presidente su campaña de reelección. De víctima de las groserías pasó a ser más grosera ella misma.

Cursos: los interesados en los cursos de actualización y especialización del Mtro. Carlos Ramírez pueden encontrar datos y contactos en http://indicadorpolitico.mx

Política para dummies: La política es distensión, porque pierde el que se enoja primero.

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@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Biden, como Trump,  hace grande a América otra vez

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Carlos Ramírez*

Los primeros mensajes de Joseph Biden como presidente de EE. UU. insistieron en señalar que la Casa Blanca estaba de regreso al juego mundial del que nunca se fue. Lo único que cambio en los cuatro años de gobierno de Donald Trump fue el estilo: pasar de la arrogancia del poder grosera a… la arrogancia hipócrita del poder, una diferencia de estilos con los mismos objetivos. A su manera, Biden anunció su modelo trumpista de grandeza estadunidense.

En su primer discurso planetario en la Conferencia de Seguridad de Munich, el presidente Biden ha querido marcar una diferencia con respecto Trump. El problema, sin embargo, no son los estilos sino los objetivos estratégicos: los dos han representado la reconstrucción de la hegemonía militar, de modelo productivo y de confrontación dominante de EE. UU. ante China, Rusia, Corea del Norte e Irán.

La restauración de política de bloques con Biden restaura el poder centralizado a la Casa Blanca. La propuesta de Trump se basaba en la reconstrucción del poder económico e industrial interno y en la obligación de las potencias aliadas a compartir gastos militares. Biden regresa a los presupuestos militares estadunidenses basados en la lógica interna del complejo militar-industrial como motor de la economía.

El objetivo de Biden, según se desprende de su primer discurso mundial, se sustenta en el objetivo de regresarle centralidad al poder militar de EE. UU. Y el mensaje no ha sido disfrazado: la designación del general de cuatro estrellas y exjefe de un comando planetario estadunidense Lloyd Austin como secretario de Defensa y responsable de La Casa de la Guerra que es el Pentágono confirma las intenciones de dominación de Biden. Y los mensajes negativos hacia China y Rusia reafirmaron la estrategia de equilibrio dominante basado en la nueva amenaza militar mundial.

El análisis del discurso de Biden ante el Grupo Munich de jefes de Estado de la comunidad occidental deja muchas dudas sobre los enfoques estratégicos de Washington. Sobre todo, no presenta un diagnóstico acertado del mundo. Ante la crisis del viejo modelo de democracia occidental y cristiana que definió la seguridad nacional de la Casa Blanca desde Reagan (1981-1989) y el colapso del propio sistema político-electoral de EE. UU. con las recientes elecciones de noviembre y el asalto al Capitolio en enero, la participación de Biden quiso eludir explicaciones.

La conceptualización de Biden sobre la fragilidad del modelo de democracia no representativa sino de lobbies de EE. UU. no apareció en su discurso vía internet. La transcripción oficial de la Casa Blanca del discurso de Biden registra, inclusive, el tropiezo presidencial en el último minuto cuando dice: “demostremos a nuestros nietos, cuando lean sobre nosotros, que la democracia… democracia… democracia funciona y trabaja”.

Biden le debía a la comunidad mundial una explicación sobre la crisis política estadunidense de noviembre-enero. Y no era difícil de darse. El Capitolio como institución resistió el embate de los grupos ultraderechistas y milicianos que entraron a uno de los tres locales del poder –los otros dos: a Casa Blanca y la Corte Suprema–, se pasearon sin objetivos concretos, se robaron adornos y documentos y salieron protegidos por la policía.

No fue, pues, un golpe de Estado, sino una explosión popular de violencia de grupos simpatizantes de la ultraderecha estadunidense aliada a Trump. El sistema político quiso llevar al expresidente Trump a prisión y vestirlo con traje naranja de preso y las siglas de DOC —Department of Corrections–, pero el propio sistema político no solo salvo a Trump, sino que con su exoneración ayudó a evitar una fractura estructural en el avejentado edificio del poder de EE. UU.

Como presidente ganador y presidente en funciones, Biden ha enviado al mundo un mensaje insistente: EE. UU. “ha vuelto”. Se trata de una afirmación con muchas interpretaciones: en realidad, Washington con Trump nunca se fue del escenario internacional, mantuvo la línea militarista de largo ciclo Reagan-Obama, refrendó el poderío invasor de Bush Jr. en el medio oriente y marcó distancias no violentas con China, Rusia y Corea del Norte. En los hechos, Trump nunca quiso dinamitar la OTAN, sino que obligó a los países de la alianza atlántica a compartir gastos militares. En Iberoamérica dejó claro el mensaje imperial de “américa para los americanos” y acotó los avances de China, Irán, y Rusia en el continente.

Biden dijo que EE. UU. ha vuelto “para liderar al mundo”, pero en el entendido de que Trump, a su manera y con sus malos modos, siempre mantuvo ese liderazgo. El único cambio ha sido el estilo personal de imponer la fuerza: de forma arrebatada y grosera con Trump a tímida de Biden. Pero en el fondo se trata del mismo dominio imperial: militar, económico, comercial.

Al final de cuentas, el dominio hegemónico de EE. UU. es muy claro: el paraguas militar, la seguridad nacional estadunidense en sus incursiones armadas en el mundo y la vigencia del capitalismo de empresa privada de las grandes corporaciones estadunidenses. Al frente de estos objetivos se encuentra la mascarada de la democracia que defiende e impone EE. UU. en el mundo. Pero no se trata de la democracia de Jefferson (república de leyes e instituciones) ni de Lincoln (del pueblo, con el pueblo y para el pueblo), sino de la democracia de los lobbies de grupos económicos que financian legisladores vía los Comités de Acción Política y que cobran favores con apoyo a leyes para grupos empresariales.

Biden regresará a EE. UU. al liderazgo mundial porque los demás países capitalistas prefieren pagar protección para sus propios sistemas capitalistas internos. Por lo tanto, Biden regresa al mundo a la conocida guerra fría de modelos económicos, para vergüenza de Fukuyama y su fin de la historia que tampoco se fue.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Córdova usa dinero del INE para pagar estudios contra el populismo de AMLO

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Carlos Ramírez*

Con dinero del Instituto Nacional Electoral y bajo el criterio supuesto de que se estaría alentando la cultura cívica y democrática en modo de exclusión, el consejero presidente Lorenzo Córdova Vianello ha emprendido ataques contra el populismo y sobre todo con referentes al caracterizado como populismo lopezobradorista.

En este sentido, el INE patrocinó la edición del libro Yo, el pueblo. Cómo el populismo transforma la democracia de Nadia Urbinati y ya circula bajo el sello Grano de Sal, una empresa editorial propiedad de Tomás Granados Salinas, hijo de Miguel Angel Granados Chapa, columnista fallecido, exconsejero electoral y excandidato del PRD a la gubernatura de Hidalgo. El editor fue obligado a renunciar al Fondo de Cultura Económica en 2016 por “usurpación de funciones”.

El libro antipopulista patrocinado por el INE de Córdova forma parte de una campaña del funcionario electoral en contra del populismo. Y si bien en lo personal puede tener las ideas políticas que desee, como encargado del organismo que debe garantizar imparcialidad política en procesos electorales ha decidido tomar partido a favor de las corrientes que se oponen al populismo: es decir, está alentando el voto contra Morena.

En diciembre de 2020 Córdova participó con una conferencia en el VIII congreso internacional de ciencia política y sus conceptos, vertidos desde su cargode consejero presidente del INE, lanzó una severa crítica al populismo para descalificarlo. El problema, sin embargo, radicó en el hecho de que como consejero presidente del INE no debería meterse a debates que involucren a partidos políticos e ideologías en curso porque estaría llevando al INE a conductas parciales de exclusión ideológica.

El INE parte de una aberraciónpotenciada: por mandato constitucional, el organismo tiene la tarea prioritaria de organizar elecciones y, en lo general, de contribuir a la cultura cívica. En la segunda nebulosa función, el INE se ha erigido en el Ministerio de la Virtud Democrática calificando, desprestigiando y excluyendo a toda corriente ideológica y partido que no comulgue con su enfoque ideológico propio. Con ello, no obstante, no garantiza la parcialidad electoral y se convierte en una oficina de exclusiónideológica por condena.

Si la función constitucional del INE fuera la de promover la democracia, entonces debería tener condición de poder autónomo como ocurre en la Venezuela de Chávez y Maduro. Las declaraciones de Córdova y la aparición del libro se han colocado a lomo de las elecciones de diputados federales, quince gobernadores y autoridades municipales y congresos locales en junio próximo, pero en el escenario en el que el presidente de la república y su partido Morena han sido catalogados como populistas. Pero una cosa es que entre partidos o fuerzas políticas se condenen entre sí con epítetos de campaña y otra que la autoridad electoral que debe garantizar imparcialidad haya caído ya en posiciones parciales al excluir del paraíso electoral a los presuntos populistas.

Como financista del libro Yo, el pueblo, Córdova se tomó la atribuciónautoritaria de escribir unas páginas de presentación y lo hace como consejero presidente del INE (así lo consigna al final del texto). Ahí el funcionario potencia las opiniones de la autora y llega a conclusiones que separan el populismo de las democracias, cuando toda democracia tiene la obligación de convivir con todas las ideas. El texto, es obvio, lleva de modo natural a una lectura en el contexto mexicano y cualquier lector medio identifica que el destinatario de las críticas de Córdova no es el populismo como práctica política, sino el modelo político acreditado al presidente López Obrador.

Córdova tiene el derecho a tener opiniones, pero al firmar el texto y usar dinero público del INE para financiar un libro debería de tener el consenso y el apoyo de todas las fuerzas políticas. Difícilmente un libro de crítica a una práctica política puede ser considerado una práctica democrática. En su ponencia de diciembre, Córdova descalificó al populismo, a pesar de que esta corriente política cumple con los requisitos de participación democrática. En todo caso, el sistema democrático tiene de instituciones y facultades legales y políticas para impedir los vicios del autoritarismo.

Con sus declaraciones y libros, Córdova se ha asumido como un adversario tramposo del populismo morenista porque lo hace con recursos públicos y violentando las reglas de la democracia.

 

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Política para dummies: La política se debe hacer con recursos propios, no con peculados políticos.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Biden refuerza estrategia de seguridad nacional de Bush Jr., Obama y Trump

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Carlos Ramírez*

 

A la memoria de Luis Martínez Fernández del Campo,

hermano mayor, amigo leal, inteligencia indispensable

El arresto y procesamiento de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, Genaro García Luna, el general Salvador Cienfuegos Zepeda y ahora Emma Coronel forma parte de una estrategia de seguridad nacional de EE. UU. que en realidad no pasa por la Casa Blanca –aunque tiene todo el aval— sino que forma parte de las funciones de la comunidad de los servicios de inteligencia coordinador por la directora de Inteligencia Nacional.

Como dato adicional hay que incluir el hecho de que la hoy vicepresidenta Kamala Harris impulsó como procuradora estatal de California un programa de combate contra los cárteles mexicanos del crimen organizado en EE. UU. California es uno de los estados con mayor consumo de drogas. El documento californiano Gangs Beyond Borders: The Struggle Against Organized Crime in California and Transnacional –“Las bandas más allá de las fronteras. La lucha contra el crimen organizado en California y transnacional”– está fechado en marzo de 2014.

Este documento se debe cruzar con las evaluaciones anuales de la DEA sobre la presencia y operación, con impunidad, de los cárteles mexicanos traficando droga y lavando dinero dentrodel territorio estadunidense. En la lista de la DEA aparecen, sobre todo, el Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán y el Cártel Jalisco Nueva Generación cuyo líder El Mencho tiene una recompensa ofrecida por la agencia antinarcóticos y es buscado no sólo en territorio estadunidense, sino dentro de territorio mexicano.

El documento de la procuradora Harris adquiere otra dimensión estratégica hoy que es vicepresidenta de EE. UU. y tiene a su cargo tareas de seguridad interior y seguridad nacional. En este sentido, hoy cobran importancia las apreciaciones que tuvo en su documento de 2014 señalado que “durante la última década, los líderes del Cartel de Sinaloa recibieron un trato prioritario por parte del gobierno mexicano, mientras que los analistas argumentaron que los rivales estaban siendo atacados”.

Asimismo, evidenció la complicidad institucional con el cártel del Chapo con las facilidades otorgadas para recibir información oficial sobre otros cárteles rivales, lo que mostraba una predilección oficial mexicana por la banda del Chapo; este punto es uno de los que tiene a García Luna en una cárcel estadunidense. Inclusive, algunos arrestos de capos beneficiaron al grupo del Chapo porque afectaron a jefaturas de otras bandas y cárteles.

El documento no razona a fondo el hecho de que pudiera haber habido un cambio de estrategia contra el Chapo en el gobierno de Peña Nieto, pero los investigadores de la procuraduría de california detectaron el cierre de información y de privilegios para el Chapo.

Para la procuradora Harris en 2014 los cárteles mexicanos habían cruzado la frontera no sólo con drogas de contrabando, sino con efectivos para operar dentro de territorio estadunidense el tráfico de drogas a gran escala y tomar el control de la venta al menudeo en las calles. La DEA ha señalado a cuando menos ocho cárteles mexicanos operando en EE. UU.

En el mismo tono de otras evaluaciones de la DEA y de las oficinas de inteligencia del gobierno estadunidense, el reporte de Kamala Harris señala la complicidad de los cárteles mexicanos con organizaciones de migrantes, pandillas callejeras y bandas que controlan los penales para operar desde ahí el tráfico de drogas. Inclusive, las oficinas de migración han revelado que los cárteles han tomado de manera paulatina el control del tráfico de personas que quieren entrar a EE. UU. sin pasar por los controles migratorios, con el hecho agravante adicional de que no los sueltan para que vayan a encontrar empleo, sino que a la fuerza los enganchan como distribuidores y vendedores de drogas.

La estrategia de lucha contra el crimen organizado transnacional fue definido por el presidente Bush en la agenda antiterrorista para combatir a los grupos violentos en sus comunidades en el medio oriente, fue definido de manera legal por el presidente Obama con su estrategia de lucha contra el crimen organizado trasnacional y puesto en operación por las oficinas de seguridad en el gobierno de Trump.

En este sentido, los ataques de la justicia estadunidense contra el cártel del Chapo y la persecución contra el cárteldel Mencho son una forma de meter a la autoridad estadunidense en la estrategia de seguridad del gobierno mexicano y agitar los panales de narcos. El arresto de Emma Coronel aumentará la lucha violenta en México entre el cártel de Sinaloa y el CJNG.

 

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Política para dummies: La política se mide por sus efectos, no por sus iniciativas.

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