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Como va:

A un año de distancia de encabezar un periodo de gobierno carente de resultados, ausente con la ciudadanía y que la ciudad atraviesa por y registra su peor crisis de inseguridad, el presidente municipal de Guadalajara Ismael del Toro Castro confirma que buscará reelegirse otro periodo y por tanto peleará con todo contra Pablo Lemus que quiere su sitio.
Hoy jueves 6 de febrero de 2020, Notisistema presenta en su sitio web, la nota de la experimentada reportera Griselda Torres Zambrano. Leamos parte del reporte: “Pese a que los resultados en materia de seguridad son todavía insuficientes, el alcalde de Guadalajara, Ismael del Toro Castro, confirmó que buscará la reelección en el 2021.
“Sí, la verdad yo tengo mucha claridad de la agenda que estoy imprimiendo en Guadalajara, que requiere la ciudad para resolver todos sus problemas. Con toda claridad esa agenda se puede consolidar con mucho mayor ponch en seis años”.”

Bueno, queda muy claro que el alcalde de Guadalajara no podrá cumplir con la promesa de dar tranquilidad a los tapatíos que confiaron en él, y lo peor de todo es que, Guadalajara, siendo la segunda ciudad en importancia del país, su presidente Ismael del Toro de Movimiento Ciudadano, la ha situado en los últimos lugares en el contexto nacional, comparado con otras localidades y es el munícipe de los peor evaluados del país.
Y el pleito solo lo trae con Pablo Lemus, presidentito de Zapopan.
Puffff.
Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo
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Carlos Ramírez

Indicador Político: Después de la pandemia no habrá normalidad alguna a la cual regresar

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Por Carlos Ramírez.-

Si en Palacio Nacional existe una estrategia –criticada, pero existente– para superar la pandemia del COVID-19, el gran desafío será el regreso a la normalidad. A la crisis del H1N1 le ayudó la crisis financiera provocada por la quiebra de la financiera Lehman Brothers de 2008 para distraer a la sociedad.

Las tres grandes catástrofes naturales anteriores –los terremotos de 1985, la pandemia del H1N1 en 2009 y los terremotos del 19 de septiembre de 2017– tuvieron impactos en el PIB: -3.8% en 1986 y -5-3% en 2009, pues los terremotos de 2017 ocurrieron en una economía cuando menos sólida.

Los efectos económicos del COVID-19 están siendo calculados hasta ahora con tasas de -2% a -7%, con la circunstancia agravante del -0.1% de 2019. En el peor escenario de -7% para 2020, el PIB necesitaría crecer en los cuatro años restantes del sexenio en 8% para mantener la meta presidencial de 4% promedio anual sexenal; y si el PIB de 2020 llega a -4%, entonces los cuatro años restantes tendría que crecer al 6% promedio anual. En la realidad no existe ninguna razón racional para esperar PIB de 6% u 8%

Lo malo de la crisis actual radica en tres hechos que siguen impidiendo que la economía pueda crecer más de 2.5%:

1.- No existe un proyecto de crecimiento económico como objetivo, pues la política económica ha privilegiado la política social de asignación directa de subsidios con fondos quitados a la producción.

2.- No existe un pacto productivo con el sector privado para regresar a la economía mixta que en el pasado fue uno de los motores del crecimiento económico de 6% en el largo periodo 1934-1983.

3.- Y no existe la propuesta de un nuevo modelo de desarrollo con reformas estructurales productivas que permitan regresar a crecimientos de PIB arriba de 4% sin generar presiones inflacionarias y devaluatorias.

En este contexto y con estas limitaciones, el regreso de México a la normalidad anterior a la pandemia de este año estará acotado por las descalificaciones de los organismos financieros privados y públicos contra la política económica del gobierno lopezobradorista. Y si bien el gobierno mexicano tiene todo el derecho de cuestionar las descalificaciones, de todos modos, dependerá de los informes de las calificadoras en tanto México siga siendo parte del sistema financiero internacional, tenga deuda-lastre y mantenga la necesidad de inversiones extranjeras que determinan llegadas en función de los reportes de las calificadoras.

Dos crisis anteriores –terremoto de 2017 y pandemia H1N1– no necesitaron de golpes de timón en la política económica ni el modelo de desarrollo porque estallaron en medio del control de la política económica. Los terremotos de 1985 atraparon al gobierno de De la Madrid en el centro de la reforma de mercado que le redujo fondos y movilidad al Estado.

En todas las crisis de la naturaleza anteriores e inclusive en las crisis financieras, la salida fue la configuración de acuerdos productivos, políticos y sociales para potenciar la política económica con el sector empresarial, lograr el apoyo político con concesiones a los partidos en el Congreso donde se discutían las estrategias de emergencia y el liderazgo presidencial para acotar los márgenes críticos del círculo rojo.

En todos los casos, los presidentes de la república operaron para cohesionar a la sociedad y liderar a los sectores bajo la hegemonía del Estado: De la Madrid llegó tarde, pero le ayudó el enfoque estratégico sociopolítico de Manuel Camacho como operador; Calderón se adelantó para distraer la atención de los efectos recesivos del crack de Lehman Brothers; y Peña Nieto cedió el manejo de la crisis a las autoridades capitalinas.

El colapso económico provocado por el COVID-19 atrapó a la economía en una fase recesiva determinada por el desinterés presidencial en el PIB y la prioridad en la política social asistencialista directa, propia una economía tipo Europa del norte. Por ello, el PIB previsto para 2020 antes de la pandemia estaba ya en 0.5% en enero y habría de seguir bajando hasta una tasa similar a la de 2019 de -0.1%, sin que hubiera en los planes de Palacio Nacional alguna estrategia para pactar un repunte del crecimiento vía –como ha sido siempre y tendría que seguir siendo en tanto prevalezca el mismo modelo de desarrollo estatista– un acuerdo productivo con los empresarios.

En este sentido, el regreso de México a la normalidad económica, política y social carecerá de expectativas para salir del hoyo recesivo de -4% a -7% de PIB y no tendrá los fondos fiscales necesarios para una reactivación inmediata. Los primeros cálculos de los analistas refieren que el PIB estará debajo de 0% –es decir: negativo– hasta finales de 2021 y podría comenzar un crecimiento lento no mayor a 2% para lo que resta del sexenio.

Es posible que la normalidad esperada sea peor a la existente antes de la pandemia.

-0-

Política para dummies: La política es el todo, no las partes.

 

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@carlosramirezh

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Coyuntura

Se descartan 55 casos de COVID-19 en estudio, confirmadas 83 personas enfermas y 4 asintomáticas en Jalisco

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  • En las últimas 48 horas no se ha confirmado ningún deceso por esta infección
  • La SSJ invita a seguir la estrategia Quédate en Casa
La Secretaría de Salud Jalisco (SSJ) descartó 55 casos reportados como sospechosos de COVID-19, al recibir los resultados negativos del Laboratorio Estatal de Salud Pública, el único autorizado por el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica (InDre) para validar el diagnóstico en la entidad. De todas las pruebas procesadas, sólo un caso nuevo más fue confirmatorio.

De esta manera, en la entidad jalisciense se han confirmado 83 personas enfermas de COVID-19 y cuatro portadores asintomáticos. La SSJ ha estudiado casos sospechosos en 61 municipios del Estado, confirmándose casos sólo en cinco de ellos: Zapopan, Guadalajara, Cuautla, Tomatlán y Tecolotlán.

En total se han descartado 481 casos sospechosos y se acumulan 227 en proceso de estudio.

En las últimas 48 horas, no se ha confirmado en el estado ningún deceso nuevo por esta infección; por lo que se mantiene en tres el número de defunciones por COVID-19.

De las 87 personas positivas (enfermos y asintomáticos) 90 por ciento presentaron síntomas leves, por lo que siguen un manejo y cuidado de la infección en sus domicilios; en tanto que ocho personas han sido hospitalizadas. Hasta el momento tres de ellas fueron dadas de alta por mejoría, tres por defunción y dos pacientes continúan internas –en un hospital privado y en uno del Seguro Social-, en condición grave y delicada, respectivamente.

La mayor proporción de contagios se presenta en el sexo masculino (55 por ciento). El grupo de edad más afectado es el de 50-54 años con una proporción de 14 por ciento.

El Sistema Estatal de Vigilancia Epidemiológica continúa la búsqueda activa de casos sospechosos y contactos, dando seguimiento diario. La SSJ refrenda el llamado a la población a sumarse a la estrategia Quédate en Casa para reducir la velocidad de contagios y el impacto de la pandemia.

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Carlos Ramírez

Indicador Político: Camus, coronavirus y la metáfora de la peste

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Por Carlos Ramírez.-

Susan Sontag emprendió una indagación sobre uno de los temas centrales de la vida cotidiana: usar las enfermedades como metáforas de la realidad; es decir, apelar a los significados de las enfermedades como irrupción de la vida sana para caracterizar rupturas políticas. El cáncer de la corrupción, la tuberculosis de la maldad.

Ahora hay que agregar una tercera: la peste como la forma de expansión social de alguna enfermedad infecciosa que se trasmite por el aire y que hace, en los simbolismos literarios, que las personas caminen sin problemas y de pronto caigan muertas.

Nada define mejor el pánico que la reacción de las personas a las enfermedades, a veces las más sencillas y otras casi siempre las mortales. El Dr. Bernard Rieux funciona como el hilo narrador de La Peste (1947), de Albert Camus. A través de su paciencia, bonhomía, sentido del deber comienza la inquietud por el primer mensaje de la tragedia que se cierne sobre una comunidad humana: aparecen ratas muertas, un inició que aparecería como pájaros muertos en el cuento Un día después del sábado (1954) de Gabriel García Márquez; en el primero las ratas fueron el aviso de que estaba llegando la peste; en el segundo los pájaros avisan de la llegada del Judío Errante.

Si Sontag aborda el uso de enfermedades para retratar situaciones políticas. ahora la metáfora del coronavirus puede iniciar la reflexión sobre una sociedad desconcertada ante la enfermedad. Aún en su cifra más escandalosa, las muertes por el nuevo virus no alcanzarían ninguna de las pestes del pasado. En este sentido, el coronavirus podría funcionar como la metáfora del miedo a la muerte: las ciudades despobladas no sólo por orden gubernamental, sino por decisión de los ciudadanos, el miedo a morir como metáfora de la vida.

Nacemos, dice Sontag, con una “doble ciudadanía”: la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos, la maldición binaria de nuestra existencia. El Dr. Rieux combate la peste y llega hasta el final para descubrir que después de la peste sigue la vida y que la vida necesita olvidarse de las enfermedades. La dialéctica vida-muerte puede ser el dinamo que nos hace mover; luchar contra la muerte y sus enfermedades como enviadas a la tierra para vivir siempre luchando contra la muerte. De manera paradójica, la muerte define a la vida.

La pandemia del coronavirus en México ha escalado tensiones sociales y políticas que parecen olvidar lo ocurrido en 2009 con la pandemia H1N1 de fiebre aviar: más de 70 mil infectados y más de mil 100 muertos. La reacción gubernamental fue intensa, al grado de que se llegó a criticar como sobrerreacción. Hoy que el presidente López Obrador ha desdeñado los avisos de peligrosidad del coronavirus y sigue sus giras de contacto con la población, la reacción social y política ha escalado niveles de crítica.

Lo que queda en el fondo de la inestabilidad social es la certeza de que el hombre sigue siendo víctima de enfermedades conocidas o desconocidas. La enfermedad nos hace humanos. Mientras más se avanza en la búsqueda de alguna medicina contra el cáncer, otras enfermedades más volátiles revelan la fragilidad del cuerpo humano ante su entorno. El pánico de los habitantes de la ciudad de Camus se explica en función de la incapacidad de la ciencia humana para entender las enfermedades mortales individuales –cáncer o tuberculosis– y las enfermedades masivas como la peste.

El final de La Peste parecería ser la maldición Camus: la gente baila de alegría cuando el vacilo de la enfermedad se diluye como llegó: en el aire, pero sin entender –saber, quizá sí– que “el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer decenios dormido entre los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que l peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

El coronavirus no extinguirá a la raza humana, pero la hará más humilde…, o al menos ojalá que así sea, y que sus efectos vuelvan a despertar el sentido de la solidaridad humana que se ha perdido en el boato de la posmodernidad. La gran metáfora de la enfermedad tipo peste radica en el redescubrimiento de que el ser humano es él y no sus riquezas o vestimentas y que las enfermedades prueban que todos nacimos iguales para morir iguales.

La única certeza que queda es que la peste del coronavirus pasará, que se llevará a muchas personas entre las patas de los caballos de enfermedades apocalípticas, que después todo regresará a la normalidad y que los hombres y mujeres hibernarán hasta el regreso de la próxima peste que profetizó Camus.

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@carlosramirezh

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