Empiezan las buenas noticias y hoy la sociedad se enteró de tres: la primera noticia era que el ayuntamiento de Guadalajara tiene presidente municipal -así como lo oye- y se llama Ismael del Toro; la segunda, es que ese ayuntamiento -no lo va usted a creer- tenía gerente -¡sí señor- pero ya “renunció”; y la tercera era que ese gerente -como mal gerente que era- se fue o lo corrieron por nepotismo. Metió a trabajar al ayuntamiento en buenos puestos a su papá, a su hermano, a su hermana y de lo que se sabe, hasta a su primazo. Lo cachó y denunció Mural desde el 17 de julio y pasaron cincuenta laaaaaargos días para que decidieran correrlo…sin castigo.
Su familia sigue en el aeropuerto de Guadalajara, en la esquina de Hidalgo y Alcalde, pues el mero mero mandón estos tres años ¡nunca está! Y además, Alejandro Hermosillo era tan, pero tan apreciado por Ismael del Toro, el presidente consentidor, que lo dejaba hacer lo que quisiera, hasta poder en su perfil de twitter, algo que todavía hoy a las 14:02 conservaba, que era ¡gerente de Guadalajara!
¡Hágame usted el favor! Ni el presidente ni el muchacho nepotista saben a dónde llegaron, cuáles son los límites de gobierno, tampoco saben para qué son las leyes, y hasta tardan 50 días en cesar a semejante cuadro podrido.
Así hay más podridos en el ayuntamiento tapatío y esperaremos que pronto Mural les saque más, para que sigan cayendo. El nepotismo es demasiado común, hay papás, cónyuges, hijos, hijastros, suegros, suegras, nueras, yernos, cuñados, concuños que no vea usted.
El despido solo le mereció a quien se agenció millones de pesos al año suyos, lector, son estas dos líneas en twitter. No, no hay disculpas pedidas. Menos perdónenme, me equivoqué. No. Dos miserables líneas que dicen en el perfil de twitter de Héctor Alejandro Hermosillo González esto: “Quiero compartirles un anuncio importante.
Gracias por todo su cariño y apoyo”.
Groseros.
Que lo aguanten en el Congreso del Estado porque el angelito es diputado de -acertó usted, ¿de qué otro partido habría de ser?- Movimiento Ciudadano.
¡Adiós!

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