Por Mtra. Mariana Navarro
Periodista cultural · Escritora
Especialista en ética aplicada, innovación y tecnologías con enfoque humano
Identidad digital, memoria y autoridad en la era de la inteligencia artificial
CUANDO UNO DECIDE BUSCARSE
«Es como salirme de mí misma para buscarme a mí misma».
Imagine que un día decide buscarse en Google.
No buscar a otra persona. No investigar una noticia. Simplemente buscarse a usted mismo.
Escribe su nombre y, casi como un juego, se dice:
“A ver, yo misma: búscate a ti misma.”
Y pulsa Enter.
Y entonces, ¡oh, sorpresa!
Aparecen fotografías, artículos, entrevistas, publicaciones, videos, reconocimientos, antiguos proyectos y registros que usted recordaba y otros cuya existencia quizá había olvidado.
Todo está ahí.
O, mejor dicho, una parte de usted está ahí.
Después decide ir un poco más lejos y le pide a una inteligencia artificial:
“A ver: investiga quién soy.”
Y ocurre algo diferente.
La máquina comienza a unir fragmentos. Relaciona fechas, nombres, acontecimientos, fotografías y publicaciones. Selecciona. Jerarquiza. Interpreta.
Hasta que, de pronto, aparece alguien.
Es usted.
Tiene su nombre, su profesión, parte de su historia, sus fotografías, sus palabras.
Pero hay algo inquietante:
es usted visto desde la realidad del algoritmo.
Algunos datos son exactos. Otros están incompletos. Hay acontecimientos importantes que no aparecen y otros que adquieren una relevancia que usted jamás les habría concedido.
Entonces la curiosidad cambia:
¿De dónde obtuvo el algoritmo todo eso?
DESCUBRIR LA DATA
Ahí comienza el verdadero hallazgo.
Fotografías. Videos. Artículos. Redes sociales. Entrevistas. Directorios. Publicaciones institucionales. Documentos. Referencias realizadas por terceros.
Años de nuestra vida convertidos en rastros digitales.
Y no hablamos de un fenómeno marginal. En México, durante 2025, 104.9 millones de personas de seis años y más utilizaron internet: 86.1 % de esa población. Hace apenas diez años eran 61.4 millones.
Nunca habíamos producido, compartido y dejado disponible tanta información sobre nosotros mismos.
Cada elemento aislado puede parecer insignificante.
Pero cuando un sistema puede localizar, relacionar y procesar esas huellas, ocurre algo diferente:
los datos comienzan a construir una representación de la persona.
Nuestra identidad digital ya no está formada únicamente por aquello que decidimos publicar.
También interviene lo que otros dijeron de nosotros, los registros que permanecieron disponibles, aquello que los buscadores indexaron y las relaciones que ahora los sistemas de inteligencia artificial pueden establecer entre esos fragmentos.
Y aparece una diferencia fundamental:
un dato no es una persona.
LA MEMORIA DIGITAL NO RECUERDA: RECONSTRUYE
Los seres humanos también reconstruimos nuestra memoria.
Recordamos unas cosas. Olvidamos otras. Reinterpretamos nuestro pasado.
Internet hace algo diferente.
Conserva rastros.
Y los algoritmos pueden relacionarlos.
Una afirmación puede estar perfectamente redactada y ser incorrecta.
Puede contener datos verdaderos unidos mediante una conclusión falsa.
Puede acertar en una profesión y equivocarse en una fecha.
Puede localizar un acontecimiento auténtico y atribuirle un significado que nunca tuvo.
Puede construir una biografía extraordinariamente verosímil y, sin embargo, parcialmente equivocada.
La verosimilitud no equivale a verdad.
Y existe además el problema inverso.
Lo que no está digitalizado puede resultar prácticamente invisible para el algoritmo.
Una fotografía guardada en un cajón.
Una revista que nunca llegó a internet.
Un proyecto realizado antes de que existieran las redes sociales.
Una conversación.
Una experiencia.
Una vida contiene mucho más de lo que Google puede encontrar.
EL ALGORITMO COMO BIÓGRAFO INVOLUNTARIO
Cuando una inteligencia artificial intenta responder quién es una persona, selecciona.
Unos acontecimientos aparecen y otros no.
Algunas referencias adquieren importancia.
Otras desaparecen.
No necesariamente existe intención detrás de esa selección.
Pero sí existe una consecuencia:
el algoritmo participa en la construcción de relevancia.
Cada vez utilizamos más sistemas digitales para saber quién es alguien, conocer su trayectoria, evaluar una referencia o simplemente satisfacer nuestra curiosidad.
Surge entonces una figura peculiar:
el algoritmo como biógrafo involuntario.
No estuvo allí.
No vivió nuestra historia.
No nos conoce.
Pero puede disponer de suficientes fragmentos para intentar narrarnos.
Y eso plantea una pregunta mucho más profunda que la privacidad:
¿Qué ocurre cuando esa reconstrucción es equivocada?
EL DERECHO A EXISTIR CORRECTAMENTE
Una fecha incorrecta puede corregirse.
Una identidad construida incorrectamente es otra cosa.
Cuando datos verdaderos, omisiones e inferencias terminan produciendo una representación equivocada de una persona, el problema deja de estar únicamente en la información.
Está en quién termina apareciendo frente a los demás.
Podríamos hablar entonces de integridad identitaria: la posibilidad de reconocer, cuestionar y corregir representaciones automatizadas incorrectas sobre nosotros.
Porque la inteligencia artificial puede encontrar información sobre una persona.
Puede relacionarla.
Puede analizarla.
Puede incluso construir una descripción sorprendentemente precisa.
Pero existe una frontera fundamental que usted no debe olvidar:
encontrar información sobre alguien no significa conocerlo.
CONCLUYENDO
Mi búsqueda comenzó casi como un juego:
“A ver, yo misma: búscate a ti misma.”
Terminé encontrando datos correctos, ausencias, acontecimientos que había olvidado y algunas afirmaciones que me obligaron a detenerme.
Y descubrí algo más inquietante:
Nuestra huella digital no está formada solamente por aquello que recordamos haber publicado.
Y entonces ocurre algo extraño:
Uno se descubre frente a otra versión de sí mismo.
Una identidad reconstruida desde internet.
Un espejo hecho de datos.
A veces nos reconocemos.
A veces no del todo.
Piénselo:
¿Usted lo ha intentado alguna vez?
¡Pues inténtelo!
Después de leer este artículo, hágase un favor:
Búsquese en internet.
Escriba su nombre.
Descubra cuánto de esa historia reconoce como propia.
Y pregúntese:
¿cuánto saben los demás de usted ?
Y
¿Cuánto de usted puede descubrir internet… y cuánto sabe realmente usted , de usted mismo?
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







