
Por Violeta Moreno
Tequila no es un municipio cualquiera. Es marca-país, empleo, inversión, turismo y orgullo jalisciense. Por eso, cuando en diciembre de 2025 estallaron los señalamientos y la crisis alrededor del alcalde de Tequila, Diego Rivera Navarro, lo importante no era quién gritaba más fuerte, sino quién ponía orden con Estado.
Y, en esos hechos, Pablo Lemus actuó muy bien: con firmeza, con mensaje institucional y con una línea clara entre política y justicia.
1) Puso por delante la seguridad, la legalidad y el clima de inversión
Uno de los episodios más delicados fue el intento de clausura de la planta de José Cuervo (y el conflicto derivado de cobros y multas). Ahí, el Gobierno estatal intervino con una lógica que sí se entiende en un Jalisco moderno: la autoridad no está para hacer show, está para evitar riesgos, corregir ilegalidades y proteger el prestigio económico del Estado. Medios reportaron que Lemus argumentó incluso riesgos operativos (como un posible accidente por el apagado súbito de calderas) y sostuvo que los montos pretendidos no eran jurídicamente viables.
Ese es el punto fino: no defendió a una empresa “por ser empresa”; defendió el principio de que el gobierno no puede actuar con arbitrariedad, porque el costo lo paga Tequila completo: trabajadores, proveedores, cadena turística y reputación internacional.
2) Separó administración pública de berrinche político: “serénate” también es gobernar
En paralelo, salió a la luz la crisis financiera del Ayuntamiento: falta de recursos para aguinaldos y la petición de adelantos de participaciones (incluso con referencias a recursos de 2026). Lemus fue directo en lo que debía ser directo: si un municipio está ahorcado, hay que atenderlo; pero también hay que decir por qué llegó ahí.
Diversos reportes señalan que el gobernador negó “bloqueo”, atribuyó el problema a mala administración municipal, e incluso se habló de intentos fallidos de conseguir crédito por parte del Ayuntamiento.
Aquí Lemus hizo algo que a veces escasea: no romantizó la incompetencia, pero tampoco usó la crisis para humillar al municipio. Marcó una ruta: el Estado puede apoyar, pero con requisitos y responsabilidad, porque el dinero público no es para tapar agujeros sin corregir el origen.
3) Donde hay denuncias, que hable la Fiscalía: autonomía y debido proceso
Lo más sensible (y lo que exige más cuidado) son las denuncias contra el alcalde Rivera Navarro: se ha informado de carpetas de investigación y señalamientos que incluyen violencia política en razón de género, amenazas y otros presuntos actos, además de denuncias vinculadas a empresas.
En este terreno, Lemus no cayó en el deporte nacional de dictar sentencia desde el micrófono. La línea que sostuvo —y que vale oro institucional— fue: investigar sin criterios político-partidistas y con autonomía de la Fiscalía.
Esa postura es la correcta por dos razones:
• Protege a las posibles víctimas, porque manda el mensaje de “sí se investiga” y no se barre debajo de la alfombra.
• Protege el debido proceso, porque no convierte un expediente en circo ni una denuncia en propaganda.
En tiempos donde todo mundo quiere ser juez en redes, un gobernador que entiende que la justicia se acredita con pruebas, no con likes, está haciendo su trabajo.
Lo que se vio (y lo que se necesita)
Lo que yo veo aquí es una forma de gobernar que Jalisco necesita para su siguiente etapa: menos pleito, más institución.
Pablo Lemus:
• Intervino cuando había riesgo y posible arbitrariedad en una decisión municipal de alto impacto económico.
• Puso orden narrativo ante una crisis financiera: apoyo sí, pero con responsabilidad y sin cuentos de “bloqueo” para tapar mala gestión.
• Encauzó las denuncias a donde deben estar: Fiscalía, investigación y ruta jurídica, no linchamiento ni encubrimiento.
Al final, Tequila merece dos cosas al mismo tiempo: empleo y reputación (que se cuidan con legalidad), y cabildos donde a las mujeres no se les silencie ni se les castigue (que se cuida con instituciones y sanciones cuando proceda). Lo demás es ruido.
Y en esta historia —con todo el ruido encima— Lemus escogió lo más difícil: gobernar
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