Por Violeta Moreno Haro
El otro día me encontré en redes a Carlos Rodríguez Burgara trabajando. Hasta ahí nada extraño para alguien que lleva buena parte de su vida en el servicio público. Lo que me llamó la atención fue la fecha: era 7 de septiembre, su cumpleaños, y Carlos se pasó el día trabajando.
Me gustó.
Porque hay cosas del viejo oficio político que no deberían perderse nunca. Una de ellas es entender que servir significa estar. En la oficina cuando toca, pero sobre todo afuera, con la gente, recorriendo el territorio y entendiendo que los problemas se conocen mucho mejor caminando una colonia que leyéndolos desde un escritorio.
Burgara lleva más de treinta años en el servicio público y hoy está al frente de la Dirección General de Bienestar Social de Tonalá. Sergio Chávez le ha encargado algunos de los temas más sensibles de cualquier gobierno municipal: educación, salud y programas sociales. Son precisamente las áreas donde la administración pública deja de ser discurso y se encuentra de frente con las necesidades de las personas.
En estos años Burgara ha recorrido personalmente, y varias veces, las más de 500 colonias tonaltecas. Eso importa. Tonalá no se entiende solamente desde la cabecera municipal. Hay que conocer sus barrios, comunidades, carencias y también sus enormes posibilidades.
Quizá por eso me interesa particularmente otra de las cosas que Burgara quiere recuperar: la vocación artesanal del municipio.
Cuando yo era niña, decir Tonalá era pensar inmediatamente en artesanías. En barro, talleres, familias enteras viviendo de aquello que sabían hacer con las manos y que daba identidad al municipio mucho más allá de Jalisco. Esa actividad sigue viva, pero perdió parte de la fuerza comercial que alguna vez tuvo.
Recuperarla me late, y no solamente por nostalgia. Una tradición sirve también cuando puede convertirse en ingreso, empleo y una mejor vida para las personas que la mantienen viva.
Burgara tiene además una característica útil para el Tonalá de hoy. Es un factor de interlocución generacional e interpartidista. Ha pasado por distintas etapas políticas, conoce actores de diferentes grupos y conserva una trayectoria propia. Es cercano a Sergio Chávez sin que toda su carrera dependa de esa cercanía y, por la responsabilidad que actualmente tiene dentro del gobierno, resulta evidente que existe confianza del presidente municipal en su trabajo.
Es también uno de esos perfiles que generan buena interlocución con prácticamente todos y todas. En política eso vale muchísimo, porque gobernar no solamente requiere votos: requiere construir acuerdos y mantener unido a un municipio después de la elección.
Todavía falta para hablar formalmente de candidaturas. Pero la política empieza bastante antes de los registros.
Si llegado el momento la candidatura de Tonalá corresponde a un hombre, Carlos Rodríguez Burgara será uno de los nombres que naturalmente estarán en la conversación. Tiene experiencia, operación, territorio, sensibilidad social y décadas construyendo relaciones dentro del municipio.
Su idea de “Consolidando la grandeza de Tonalá” resume bien esa etapa: continuar lo que funciona y convertir las necesidades de la gente en mejores condiciones de vida.
Porque antes de pensar en lo que sigue, hay que demostrar que se conoce aquello que se quiere gobernar.
Y Burgara lleva más de treinta años haciéndolo.
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