Óscar Ábrego
Desde hace más de treinta años que participo en los medios de comunicación, no hay quien pueda acusarme de machista.
Al contrario, en todos los espacios –principalmente radiofónicos y televisivos- públicamente he manifestado de modo consistente y honesto mi respaldo total y absoluto a las luchas femeninas que hoy por hoy han conquistado espacios de sobra legítimos y merecidos, tanto en la arena pública como en el ámbito de lo privado.
Incluso cuando fui secretario general del Consejo Económico y Social del Estado de Jalisco (CESJAL) participé, hombro con hombro, con académicas, empresarias y líderes sociales, para elaborar políticas públicas que tuvieron –entre otros- el objetivo de mejorar las condiciones laborales de madres trabajadoras en todas las áreas del desarrollo profesional.
Así pues, si hay alguien que quiera señalarme de misógino, como sí lo fue en general el sexenio de Enrique Alfaro, va a fallar en el intento y posiblemente haría el ridículo.
Lo anterior viene a cuenta porque hace días, en el marco de la impugnación que presenté contra los lineamientos del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC), que pretenden impedir ilegalmente la participación de hombres en el próximo proceso electoral en municipios como Zapopan, un querido amigo, prestigiado líder de opinión con quien compartí cámaras y micrófonos, me hizo la siguiente pregunta y comentarios:
– ¿Y no te preocupa que te digan que eres misógino o machista?
– ¿Por qué? No lo soy.
– Es que ya ves que ahora es políticamente incorrecto que te opongas a todo lo que tenga que ver con las mujeres.
– Yo no me opongo a las mujeres.
– Ya te la sabes –me dijo- van a usar el asunto para pegarte.
– Pues mira, jamás voy a pasar en mi vida como un hipócrita o un cobarde que se queda callado por cautela o precaución. Lo sabes muy bien. Me conoces.
El resto de la charla ya no viene al caso para el propósito de esta colaboración.
Lo que sí, es que creo que debemos abordar el tema desde una posición más seria.
Yo puedo entender que aún prevalecen resistencias al avance del género femenino en muchos campos de la vida, mismas que debemos combatir decididamente; sin embargo eso no significa que los varones tengamos que sacrificar nuestros derechos, aun sabiendo que se quieren aplastar mediante criterios ajenos a la ley.
Me he formado en la deliberación y la polémica, pero siempre con argumentos basados en el dato duro y la interpretación crítica de la realidad.
De tal forma que pienso que quienes utilizan al machismo como pieza de debate público para arrancar fácilmente el aplauso de la concurrencia, apenan a todas aquellas que genuinamente han abanderado las causas relacionadas con la equidad, la igualdad y la paridad.
Y es que no se trata de una batalla entre géneros, es una lucha solidaria en la que mujeres y hombres, sea cual sea nuestra condición, creencia o circunstancia, nos demos la mano en favor de una sociedad más justa, respetuosa e incluyente.
Por eso, agradezco desde este espacio a mis amigas y compañeras por el apoyo que me han brindado en los últimos días.
Les mando un abrazo.
@DeFrentealPoder
*Óscar Ábrego es empresario, consultor en los sectores público y privado, activista, escritor y analista político.
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