(Segunda parte)
Por Manuel Gutiérrez
Si el mundo cambió, veamos por dónde va.
Antes solamente todo lo compraban en los Estados Unidos, aliado imperturbable y confiable que llenaba sus arcas. Ahora lo harán ellos mismos y, simplemente, pedidos de F-35 por Dinamarca quedaron en entredicho. Ahora van por el Eurofighter, el Rafale o el Gripen; los submarinos se comprarán a Suecia con S-28 y Francia oferta un modelo muy solicitado, Scorpène.
España tiene una propuesta ya construida por Navantia y Corea del Sur también ofrece buenos submarinos. Sólo deben decidir quién hará qué.
En materia de submarinos, los nucleares de propulsión son un problema: construirlos, mantenerlos y desmantelarlos es muy caro. Por tanto, se regresó al sistema diésel-eléctrico con disposición de lanzadores de misiles verticales en algunos modelos. Son modelos más aptos para la caza de otro tipo de submarinos.
Europa entonces ha ideado un plan común y, sobre todo, privilegia sus propias capacidades industriales. EDIP es el plan de rearme de Europa; va para evitar la duplicación, tener niveles estandarizados de calidad en lo que buscan producir de grado militar, evitando la fragmentación y que a cada socio de los 27 se le ocurra hacer calibres de munición diferentes o proponer elementos que no sean adecuados para toda la visión conjunta. Los costos de investigación y desarrollo se repartirán, así como el éxito comercial, si lo hay.
La guerra de Ucrania generó de inicio 232 empresas y saneó las finanzas e inversiones de la industria militar de Europa, y parte de la industria pesada, que ahora quiere bases inmediatas de financiamiento, incluso privado, que lo manejen como un negocio, no de los bancos centrales de sus países.
Los motivos urgentes del plan son: semiconductores, óptica, propulsión, espacio, nuevas armas como drones y misiles, pero logradas a alta velocidad y con innovación en sus productos.
Europa no quiere un rezago respecto a países que están desarrollando la industria militar como India, Pakistán, incluso Corea del Norte, China y Rusia. Países como Turquía, Checoslovaquia, Corea del Sur y Japón deberán ajustarse a los planes y determinaciones conjuntas de demanda de todo el bloque europeo para vender sus productos, o estarán fuera del esfuerzo; la idea es no competir entre ellos.
PAGOS CON BIZUM
Europa despertó ante la realidad de Trump y Putin, de manera cruda. Los sistemas de pago eran manejados por Visa o MasterCard, pero ahora quieren su propio sistema llamado Bizum, que arranca con 1 300 millones de euros y un presupuesto anual de respaldo de casi 400 millones por año. Con ello dirán adiós a Google o Apple, que significaban agregar costos en los cobros como intermediarios. En Europa los pagos son en 90 % digitales.
No depender ya de Estados Unidos para pagos inmediatos.
La propuesta de crear un euro digital, mientras Trump frenó el dólar digital para desarrollar por intereses personales criptomonedas, incluso una propia. Europa quiere una criptocon respaldo oficial, no un negocio privado del inquilino de la Casa Blanca. Todo eso están perdiendo por un insensato.
Mientras la alianza operó, nadie en Europa sentía la necesidad de modificar las cosas, pero Trump hizo el daño que llegará a los bolsillos norteamericanos. Europa, con Ursula von der Leyen y toda la estructura de los bancos europeos, dio pasos determinantes en su independencia, en su manejo económico.
Los cambios que hoy vive Europa, buscando enfrentarse a la falta de mano de obra calificada, a los problemas de envejecimiento demográfico —paradójicamente suplido con migrantes— y un nuevo enfoque que busca crecimiento del PIB, ante una política fiscal expansiva y las amenazas de arancelismo llevadas a extremos intolerables.
BULGARIA AMA A EUROPA
Bulgaria decidió, por tanto, sumarse al euro, y aun sus partidos de izquierda alientan esa determinación, porque estiman que los beneficios son visibles, incluso con problemas de inflación y con una fuerte migración de sus pobladores a otros países de Europa. De 11 millones, se les ha ido población por 6 millones. Lo mejor entonces para Bulgaria es subirse al tren de Europa con su moneda y buscar más vías de integración, como lo anhelaba Ucrania y otros países que se conquistan por conveniencia, no buscar uncirse a Rusia.
Lo hecho por Bulgaria refleja la idea de los países orientales de Europa, excepto Bielorrusia, fundida con Putin en la guerra, en la que sólo le falta involucrar sus tropas, pero la gente está descontenta. Hungría, por otro lado, encuentra que la corrupción y los fallos económicos de su gobierno con Viktor Orbán, así como su política prorrusa, pesan; pero en este año tendrán elecciones y esperan un viraje, si no hay trampas del gobierno en el proceso electoral.
Europa cedió 90 mil millones de euros a Ucrania para sostenerla en la invasión en tanto.
BIENES RUSOS CONFISCADOS, UNA RAYA MÁS AL TIGRE
La tentación de disponer de los activos rusos en custodia, por 300 mil millones de euros, es grande y de hecho ha sido ya solicitada, pese a la amenaza de ser considerada un acto de guerra por Rusia, para aplicarla en los gastos de defensa de Ucrania por algunos países líderes de Europa, pese a que amenaza con una guerra formal si eso ocurre, pero ya ocurre de hecho.
Esto está en manos de Valeria Urban, de Euroclear, un organismo que rehusó entregar esos activos bajo la base de violación al derecho internacional, pero Europa no puede hacer fair play mientras Rusia transgrede las normas internacionales y la presión terminará doblegando a Valeria.
Es guerra de algún modo.
Las actitudes de Europa son más determinadas; rebasaron a los yanquis al autorizar el uso de sus misiles de largo alcance y el ataque de objetivos a gran fondo en Rusia, lo que, de cualquier manera, es el prólogo de una escalada fomentada por la parcialidad de Trump.
La moral de guerra demanda recursos, y el paso de los fondos rusos que serán confiscados a corto plazo, entregados al sostenimiento de Ucrania en la guerra, muestra hasta dónde Europa se ha distanciado de los límites y acuerdos que se mantenían con los Estados Unidos.
OTRO MUNDO. JAPÓN Y COREA DEL SUR, LÍDERES
Trump ha logrado un cambio radical: ha hecho entender que deben ser los europeos su propia fuerza, su alianza creciente de países en acuerdos comunes. La acción de Groenlandia, que en realidad no alcanzará a explotar la administración de Trump, fue un costo tan alto y descabellado.
Los efectos de la política idiota en Asia han hecho que Japón y Corea del Sur no sólo se desarrollen militarmente, sino en lo financiero; han logrado recuperar el atractivo de inversión de renta variable, con una consolidación que es más efecto de la necesidad de que Japón vea el Pacífico sin el paraguas de los Estados Unidos, otra unión que puede separarse ante la posición yanqui frente a China.
¿Qué tanto debilita esto a los Estados Unidos?
Lo sabremos a corto plazo. La fanfarronería encubre temporalmente que los efectos históricos ya fueron alterados de la alianza geopolítica, por malignidad extrema o estupidez criminal.
Es tan absurdo como enfrentar a Alemania y Francia en Groenlandia, teniendo bases estadounidenses en territorio alemán.
Putin debe ser feliz por un error histórico que arruinó lo que muchas administraciones hicieron con dinero y costo de vidas, incluso en acciones de guerra. Ese será el legado de Trump: lanzar por la borda el futuro. Es Trump la mejor arma de Rusia y la quiere hacer grande otra vez, no a América.
(Vea Por la Tangente, el viernes a las 19 horas en YouTube, produce Espacio TV).
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