
Horacio Villaseñor
Un fiscal anticorrupción no debería vigilar a particulares, aunque en la ley mal hecha lo diga, su función, por cierto, probadamente inútil, debería ser solo investigar los delitos de los servidores públicos. De allí que si el encargado de ello es propuesto por quien debe ser vigilado el resultado es nulo. Me explico: Si el empleado público fuera cumplido de la ley, en el entendido de que la norma obliga al empleado gubernamental a ser integro en el ejercicio de su trabajo cualquier intento de soborno se rebotaría en pared. En ese supuesto el corruptor fracasaría siempre. Entonces, ¿qué sucede? Fíjate que es un asunto de ética y mercado, si el gobernante no fuera corrupto, el dinero no serviría de nada, habría que hacer lo que se debe hacer, pero el servidor público sinvergüenza, por ignorante e inepto o crea la oferta y la corrupción tiene demanda. La solución empieza por la ética personal e intransigente, cosa que no te hace simpático como político, porque además tiene quelograr la eficiencia hoy inexistente en la función pública. El Gobernante debería ser el guardián de la ética pública, pero la supervivencia política, la ambición desmedida y la impunidad, hace que ser sinvergüenza sea atractivo. Ningún gobernante en México es una o un “reyecito”, sus gustos, preferencias o creencias las debe dejar en casa, se le encarga por un tiempo la administración gubernamental para que se ponga al servicio de la ley, no del pueblo o la gente, e interpretándola en su espíritu la cumpla, la haga cumplir y así se beneficia la sociedad. Lo que quiere decir que, en la organización pública, las personas naturales actúan como personas artificiales que deben hacer lo que la ley obliga y que es lo único que juran cumplir, el interés general. Por cierto, no juran cumplir sus promesas de campaña porque la ley no los obliga y eso está bien porque no deben prometer lo que están obligados a hacer. Tampoco deberían beneficiar, con dinero y poder que no es de ellos, a su familia, afectos o “compinches”, su trabajo no es “ayudar a la gente”, la ley pública es la que debe ayudar a la gente y el empleado público debe darle vida y hacerla que lo logre, por ello un político administrador gubernamental debe estudiar la materia. La o el gobernante serio, no es chistoso, gobernar no es un chiste, debe ser generoso, tolerante, enérgico pero amable, sencillo, humanista, lector empedernido, decente e inteligente, culto. Un gobernante así no necesita tener un fiscal anticorrupción, gastar en ello sería ocioso y solo desperdicio de dinero, pero como “no hay, no hay” a algunos se les ocurrió crear una fiscalía anticorrupción que no ha servido para acabar con ella, ni siquiera para controlarla y disminuirla. Guadalajara en los 80’s tuvo un alcalde así, decente y preparado, hizo por la ciudad lo que nadie más ha podido hacer otra vez,todo en el ayuntamiento funcionaba, se adelantaban a los problemas posibles y la ciudad estaba limpia, iluminada, sin hoyos, segura en todos los aspectos, con parques y toda la infraestructura suficiente para vivir en la segunda ciudad más importante del país, sin embargo, no pudo ser gobernador porque algunos influyentes de la sociedad económica movieron los hilos en “La Ciudad”, entiéndase la Ciudad de México para que no fuera el candidato a Gobernador porque no caía bien (no dejaba robar). Qué interesante, en el discurso no se quiere corrupción, pero hay una sociedad, algunos empresarios que si la desea para que el mercado no desaparezca. ¡Ni hablar!
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