Por Manuel Gutiérrez.
La Biblia ha quedado proscrita en Nicaragua y los transportes que te llevan a ese país te advierten que está prohibido ingresar con la Biblia o con material religioso de cualquier tipo, denominación, en una violación del derecho universal a la libertad de creencias. Infobae trajo esta sorprendente información que compara a Nicaragua de Ortega y Murillo con una nueva Corea del Norte en Centroamérica.
La censura toca también libros, revistas, periódicos extranjeros, cámaras fotográficas, drones, cuchillos y alimentos perecederos; nada permiten que pase su frontera. Ni en Cuba hacen eso.
Christian Solidarity Worldwide, organización cristiana internacional con sede en Reino Unido, indicó que esa política lleva seis meses de aplicación, con decomisos forzados de ese tipo de materiales.
Con tal fin de aplicar ese control, Nicaragua inspecciona maletas, mochilas, bolsas, pertenencias personales. El organismo cristiano, por conducto de Anna Lee Stangl, solicitó al gobierno nicaragüense que levante la medida.
Esto refleja una contienda gubernamental de Nicaragua para reprimir la libertad de religión y sus expresiones en el país.
Desde abril de 2018, más de 5 mil organizaciones civiles han perdido su personalidad jurídica, negada por el gobierno, siendo 1,300 de ellas de carácter religioso. La censura aplica a presos políticos detenidos, a quienes les prohíben los textos religiosos como la Biblia, lo que llevó al organismo a catalogar a Nicaragua como otra Corea del Norte que solo permite el material aprobado por el régimen; cualquier literatura o medio extranjero se considera un delito penal en ese país.
Human Rights Watch y Open Doors han señalado que poseer una Biblia puede derivar en arrestos forzados. La censura aplica a las obras del escritor internacional Sergio Ramírez, que fuera comandante sandinista, pero toda su obra ha sido prohibida en Nicaragua.
NICARAGUA APLICA EXILIOS FORZADOS, DENUNCIA EL OBISPO SILVIO BÁEZ.
La prohibición del retorno, confiscación de todos los bienes, es una política que se aplica contra los disidentes en Nicaragua, perseguidos dentro y fuera de su país, e incluso señaló que el exilio se ha convertido en mecanismo central de represión política.
El obispo Silvio Báez, durante una misa en los Estados Unidos, denunció en la homilía que los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo han forzado la salida de miles de ciudadanos e incluso impiden su retorno, como una estrategia deliberada.
“La dictadura ha afinado diabólicamente el antiguo método de Herodes”, pero aún en el exterior Nicaragua se rehúsa a dar servicios consulares, a la renovación de pasaportes, provocando que muchos nicas se conviertan en apátridas forzados.
El obispo Báez fue declarado “desnacionalizado” y declarado “enemigo de la patria” dentro de una política de persecución de la Iglesia Católica nicaragüense.
Este obispo, junto a otros 300 nicaragüenses, les retiraron la nacionalidad. La llegada de Rosario Murillo, sumada a la represión de las protestas de 2018, dejaron más de 300 muertos; su furor no tiene límites.
Rosario incluso es practicante de santería y magia negra, según fuentes relacionadas con el espiritismo; consulta al más allá antes de tomar sus decisiones políticas y, en forma consuetudinaria, lee las cartas e invoca poderes ocultos. Extraña mezcla para una materialista socialista.
La revolución sandinista fue vista como una hazaña para derrocar al dictador Anastasio Somoza en 1978, luego de cruentas batallas, pero desde entonces se acabó la democracia, los partidos y los límites al gobierno, que se radicalizó en el socialismo (expulsaron a Violeta Chamorro, opositora, y a otros caudillos disidentes). Se convirtieron en solidarios con Cuba y Venezuela, en tanto México no se pronuncia diplomáticamente contra esa violación a los derechos humanos elementales y universales como la libertad de creencias.
Los excesos de Nicaragua nunca han merecido algún señalamiento de México. Ahí no hay intervención en la vida de los pueblos sojuzgados; supone Sheinbaum que les va requetebién y que debemos seguirlos en su camino.
Por su parte, la Santa Sede ha intentado lograr infructuosamente resultados alentados por la diplomacia, por instrucción del papa Francisco, pontífice anterior de promoción del diálogo y cierta laxitud para con el gobierno de Nicaragua, sin obtener concesión alguna.
Pero no se ha ganado nada y la represión se ha ampliado en todo, condenada por los obispos locales ante la reserva de Roma, pero aún el papa actual León XIV no se pronuncia específicamente sobre el asunto, pues Roma es muy cuidadosa en sus pronunciamientos.
Los creyentes son perseguidos y convertidos en mártires de nuestro tiempo en dictaduras africanas o en camino de Centroamérica; en vías próximas de serlo es lo único que les falta: fusilar curas y sus seguidores.
La aventura del sandinismo degenerado como movimiento se debate en tres caminos: la continuidad de su proceso socialista familiar y hereditario, eliminando a sus enemigos.
La aplicación de conceptos de teología de la liberación, inclinada en favor del marxismo, pero sin que las comunidades religiosas gocen de una existencia propia y reconocida, lo que resulta una contradicción, como una forma de afianzar el control popular. Un gobierno que combate al clero y su jerarquía, como se acomoda a las aspiraciones libertarias derivadas de la interpretación del evangelio como motor social.
Los católicos revolucionarios ayudaron a derribar a Somoza para imponer un sistema peor, pero en ese tiempo creyeron que liberaban a Nicaragua, en lo que participaron muchos mexicanos.
La otra opción ha sido hermanarse con Cuba y Venezuela y poner en marcha un militarismo acelerado, incluso recibiendo aviones, tanques y diversas armas, tanto de Rusia como de China; muchas armas para un país pequeño.
Estas dictaduras se mantienen sobre la base de un ejército todopoderoso y enriquecido, que es empleado en vigilar, castigar y reprimir a la gente. La decadencia moral del sandinismo ha llegado a una corrupción absoluta.
Sin embargo, los excesos muestran una descomposición política desesperada, que busca en la institución del ateísmo, por la fuerza, eliminar la vida religiosa de toda denominación, porque la consideran peligrosa para el régimen, que rebasa en extremismo incluso a Cuba con su crisis económica y social, agravada por la falta de ayuda de Venezuela, que sostenía la dictadura de Díaz-Canel, heredada de los hermanos Castro, junto a las donaciones energéticas de México.
México mantiene el programa de los médicos cubanos, que marcan una referencia incómoda en las relaciones exteriores actuales con Estados Unidos, lo cual puede ser perjudicial para nuestro país y solamente se beneficia al gobierno, ni siquiera a los médicos cubanos.
En lo económico, el acaparamiento de toda actividad que resulte lucrativa por el Estado, y más que ello por la familia Ortega-Murillo, incluyendo el ron Flor de Caña, ha convertido el recuerdo de Somoza en una blanca paloma, ante los excesos y acumulación de toda la riqueza en manos de una sola familia, motivos que generaron la lucha guerrillera promovida desde el extranjero, pero ahora a nadie le interesa la falta de democracia y de libertad religiosa en Nicaragua.
La Biblia ha sido proscrita en todas sus versiones; ninguna denominación puede funcionar, así como cualquier manifestación pública de cualquier religión, y toda obra que haga referencia a la existencia de la religión, lo cual constituye un absurdo total, pero es la realidad de una dictadura peligrosa, extrema y para muchos satánica, considerando el papel de Rosario Murillo como discípula de las artes oscuras y de Daniel Ortega como marxista-leninista confeso, aunque ausente y se dice enfermo, por lo que Rosario maneja todo.
Nicaragua se ha convertido en la Corea del Norte de Centroamérica.
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