
Por Laura Gutiérrez Franco
En el complejo tablero de la aviación nacional, la Comisión Nacional Antimonopolio (CNA) el organismo encargado de vigilar que nadie se coma el mercado solito y que los consumidores no paguemos los platos rotos, tiene hoy una papa caliente sobre el escritorio. Los técnicos de la comisión se encuentran “analizando” la posible unión operativa de Volaris y Viva Aerobus, un movimiento estratégico que ambas empresas acordaron formalmente el año pasado.
El argumento oficial para mantener esta fusión en la sala de espera es evitar que un solo grupo controle más del 70 por ciento del mercado. Sin embargo, mientras la CNA se toma su tiempo para decidir si permite que el sector privado se fortalezca, el Gobierno Federal intenta mantener a flote su propia aventura aérea con resultados que, por decir lo menos, son alarmantes.
Hace poco tiempo que el gobierno tomó el control de la nueva Mexicana de Aviación, y a pesar de la narrativa oficial, las cifras son profundamente rojas. No es un secreto en el sector que el negocio no camina; la aerolínea estatal pierde aproximadamente 2.5 millones de pesos diarios porque simplemente no le da para cubrir sus propios gastos. No es una empresa autosustentable, es un proyecto que vuela gracias a las transferencias directas de los impuestos de los ciudadanos.
Pero si el balance financiero es desastroso, el trato al cliente es peor. Mexicana se ha convertido en la campeona de quejas ante la Profeco. La ironía se escribe sola: la autoridad analiza con recelo la fusión de las aerolíneas privadas para “proteger” al usuario, mientras la aerolínea del Estado maltrata a sus pasajeros con una eficiencia pasmosa. Quitan vuelos sin avisar, cancelan boletos de última hora y cobran tarifas que terminan siendo más caras de lo que prometen en sus anuncios. No respetan nada ni respetan a sus clientes.
Parece que el sello de la casa es el desorden. Todo lo que el gobierno ha intentado administrar en este sector se traba o no se sabe atender. No logran arreglar el asunto del nuevo grupo aeroportuario y la conectividad sigue siendo un rompecabezas sin piezas, pero sí tienen tiempo para poner bajo la lupa a los que sí saben mover pasajeros.
Lo que la CNA debería preguntarse es si realmente le preocupa la competencia o si solo están ganando tiempo para que Mexicana de Aviación no se vea tan mal frente a sus rivales. Al final del día, el pasajero prefiere a los que sí despegan y respetan su dinero, aunque la autoridad se empeñe en sospechar de ellos. Entre pérdidas financieras de 2.5 millones de pesos al día y un servicio que deja a la gente varada, la situación de las aerolíneas es crítica, y más ahora que ya viene el Mundial 2026, donde la logística y la eficiencia deberían ser la prioridad y no este desastre gubernamental.
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