
Por Laura Gutiérrez Franco
En el México de las “metas alcanzadas” y los discursos triunfalistas, la realidad se estrella contra el pavimento afuera de la Clínica 110 del IMSS en Guadalajara. Mientras en los escritorios federales se presume un sistema de salud de primer mundo, en las salas de emergencias lo que se administra no es medicina, sino miseria y desprecio por la vida humana.
El caso de un joven de apenas 19 años, accidentado en moto, es la radiografía perfecta de un sistema putrefacto. Con un fierro incrustado en la pierna y el hombro destrozado, pasó dos días en un pasillo de emergencias. Dos días donde no hubo ni una vacuna contra el tétanos, ni una placa diagnóstica certera, ni una cama. La respuesta institucional ante la urgencia fue el abandono. Tuvo que ser la presión externa la que lograra que un médico, de mala gana, le extrajera el metal para luego enviarlo a casa con la mentira de que el hombro “solo estaba inflamado”.
La verdad apareció, como siempre, en el sector privado. Ahí, donde la gente tiene que terminar pidiendo limosna o endeudándose con amigos porque el Estado les falló, se confirmó lo obvio: el hueso estaba roto y la herida mal tratada. Así es como el IMSS y el ISSSTE “curan” hoy: ignorando el dolor hasta que el paciente se vuelve el problema de alguien más o, peor aún, de la funeraria.
El suelo como consultorio
Lo que sucede en la Clínica 110 no es un evento aislado; es el estándar. En Tlaquepaque, la estampa es de tercer mundo: ciudadanos durmiendo en el suelo de la calle, bajo el frío y la inseguridad, solo para mendigar una cita que les darán dentro de seis meses, si bien les va.
Y si hablamos de los Hospitales Civiles, la narrativa de horror continúa. Es criminal recibir reportes de pacientes recibiendo quimioterapias en el suelo, como si fueran muebles viejos en bodega. Más grave aún es la sombra de la corrupción y la ineficiencia que rodea a los medicamentos: médicos que, bajo sospecha o certeza, advierten sobre quimioterapias caducas. ¿A eso le llaman justicia social?
Instituciones de papel
El ISSSTE y el Seguro Social se han convertido en zonas de guerra donde el enemigo es el derechohabiente. No hay medicamentos, no hay insumos básicos, no hay citas y, lo más grave, parece que ya no hay rastro de humanidad en la cadena de mando. Tampoco se publica en los medios porque argumentan que no es novedad.
Que la gente muera esperando una cirugía no es una estadística, es un crimen de Estado por omisión. Mandar a un joven a su casa con un hueso roto bajo la promesa de que “no es nada” es una burla que no debe quedar impune. Al Gobierno Federal se le llena la boca hablando de los pobres, pero es precisamente a ellos a quienes está dejando morir en el suelo de sus hospitales.
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