
Por Manuel Gutiérrez
Por fin un tren nuevo del tipo ligero. Luego de que el sexenio de López Obrador lo archivó y casi lo extinguió como proyecto. Finalmente, todo continuó pero a la manera en que el presidente Enrique Peña Nieto concibió sus trenes es un espejo de éxito que ahora sorprende a la misma 4T que opta por meter en la congeladora de la reserva por 5 años los datos de la tragedia del Tren del Itsmo Interoceánico, porque se les hizo bolas el engrudo y se les pegaron los dedos y quieren ocultar el asunto evitando que se transparente.
Peña pensó en lograr su obra de tren rápido a Toluca, porque eran 60 kilómetros de distancia, había una gran densidad poblacional que tendría opción a usar esa forma de transporte y lo hizo de la misma manera que el tren ligero urbano de Guadalajara, con terminales grandiosas, con escaleras eléctricas, elevadores, rampas inclusivas, trenes nuevos en todo sentido y si robó, -que no lo dudo- lo hizo sin comprometer los materiales esenciales que puedan sujetar la obra a percances mayores. En construcción hay cosas en que puedes dar gato por liebre.
Peña no necesitaba del aplauso de hacer un tren en dos años, como ocurrió con el del Itsmo en que compraron cara la chatarra y reacondicionaron, usando vías de la era de Don Porfirio pero no fueron honestos en nada, ni en la narrativa de que estaban montando un tren sobre un trazo antiguo; su problema se deriva de su afán de mentir.
El tren de Toluca, nació con otra visión, luego de titubear si lo dejaba a los chinos, o finalmente optaba por Siemens. Era una de las obras del sexenio, como el tren de Guadalajara, el de Nuevo León, en la era del 2012 al 2018.
Finalmente comunicaba la capital del Estado de México, tan adherida al príismo y de la que
emergió Peña como producto con el grupo Atlacomulco, egresado de la U. Panamericana que sí había leído muchos libros, y no fue fósil porro en su vida estudiantil como López Obrador, pero le gustaba jugar a faltan 5 minutos, para aterrizar, no menos como 8… uno de sus chistes favoritos.
La diferencia es la visión. Peña ofertaba servicios de primer mundo, y hacía obras nuevas. Si era necesario con túneles o con vías elevadas, que no pensaron cuando proyectaron la obra o creyeron que sería más simple de resolver, pero la idea era una obra bien hecha en cambio con Morena pensaron que no se descubriría o tendría efectos mortales y les valía.
La obra se proyectó en 2012, con una estimación de 38 mil millones de pesos, y se esperaba que lo terminaría en su sexenio. Pero el tren de Peña sufrió de problemas de falta de claridad
administrativa, y una mala gestión desde el inicio.
La obra no impresiona con 60 kilómetros, pero está la Marqueza, la zona boscosa que rodea con cañadas el acceso a la capital del Estado de México. Y ahí se encontraron severos problemas técnicos. El diario El País, asumió un excelente cobertura de este logro en varias entregas.
Parte de la construcción era visible en el Poniente de la CDMX, pero el reto mayor fueron las
indemnizaciones a comunidades del Estado de México, a nivel de pagos absurdos lo que lo llevó a Peña a decir: “Prácticamente se vuelve una verdadera extorsión, para permitir que un proyecto pueda realizarse”.
Otro de los problemas es que pensó en ofertar servicios como estacionamientos aún no disponibles cerca de las terminales, en CDMX parcialmente en algunas. Pero el tren comenzó a funcionar y pese a la desconfianza por el accidente del Itsmo, la gente vió algo que le gustó: un buen funcionamiento, con equipos nuevos.
Quedan detalles pendientes todavía a lo largo del trazo, pero por fin está terminada con inversión de 114 mil millones de pesos, pero es útil y podría ser rentable. La demanda continuó por el uso del tren, lo que demostró la certidumbre del proyecto. Los
camiones suburbanos en tanto buscan reacomodarse a los usuarios, incluso ofertando descuentos del 50% en sus precios, en aras de no perder la clientela.
López Obrador mató el aeropuerto hub internacional de Texcoco, y tampoco tuvo interés en la obra a Toluca. Turquía si lo hizo y ahora está encima de nosotros en cuanto a número de visitantes.
Redujo lo más que pudo el presupuesto para la obra, que aceptó hasta el segundo año de
gobierno, bajo la calentura de relanzar las vías de ferrocarril, lo que buscaba con el Tren Maya de orden turístico y acompañado de una compleja red de negocios inmobiliarios, (de los parientes y los cuates) a la par una defoliación de la selva.
En Toluca, los horarios pico justificaban la obra y la necesidad de desahogar la metrópoli de alguna manera y el Peje se engolosinaba en la gloria de devolver los trenes por decreto.
López quiso que el tren de Toluca el llamado hoy “Insurgente” se ajustara a sus apretados
calendarios de construcción, lo que desalentó a los contratistas que deseaban hacer bien sus obras y simple, no podían cumplir.
Finalmente, bajo su presión lograron terminar 5 estaciones, de las 7 que contemplaba el plan
original, pero no habían resuelto un problema real: La conexión con la CDMX. Los trenes incluso fueron desviados al Tren Maya, no todos.
La ruta se recorre en menos de 60 minutos, y se cuenta con 20 trenes nuevos para el servicio, incluso con colores tricolores con la marca del PRI de entonces. Los dejaron y por eso le pusieron Insurgente. La transferencia con redes de camiones que se conectan con el corredor del ferrocarril, permitieron una mejor comunicación a la metrópoli de 23 millones de habitantes.
López quizo presurizar la obra, y tenerla lista el 2023. Nada. Amante de cortar listones, como en Guadalajara, la inauguró, pero definitivamente la terminó Claudia Sheinbaum, que algún día de la semana se le acomodan bien las neuronas como para impedir más coches chuecos y resuelve contra los designios de Palenque, aunque no en el discurso. Como fuera, Claudia estuvo en ese asunto muy bien, porque de entrar la viceralidad, no tendríamos nada.
Por fin lograron concluir las terminales de la CDMX como Santa Fé, incluso Claudia conocía la obra como jefa de gobierno de la CDMX así que la aceptó, que era funcional, aunque pudo sacarse el pretexto de corrupción o y culpar del fracaso inconcluso a Calderón, pero para beneplácito de la gente, que lo que le importa son los resultados, no la gloria para los caudillos o los partidos de los que emanaron, por fin tren habemus, y sin hijos del Peje asesores.
El costo fue enorme, porque hubo años perdidos en la obra en que se detuvo. El tren a Toluca tardó doce años en hacerse. Aún quedan detallitos en algunas terminales, pero se observa la intención de hacer una obra funcionar para durar y bien hecha, con billetes de viaje que van de 15 a 100 pesos.
Este espejo demuestra que no hay que soñar y pretender éxitos de proyectos imaginarios, como el Tren Maya ahora militarizado porque no ha logrado despegar. Todo lo que fracasa termina en manos del ejército mexicano que tampoco es mágico. De origen
hubo errores sobre esas obras, de hecho hacerlas como las ejecutaron. Si una obra tiene éxito, es por su demanda de servicio, su oportunidad, y por sus ventajas como medio comercial.
En las grandes obras se ve quién sabe construir y gobernar y aún con sus fallas y corrupción la gestión de Peña ahora es extrañada por los excesos extremos a todo nivel de corrupción,
centralismo y presidencialismo que inundan toda la política del país.
Eramos felices y no lo sabíamos. El Peje pudo lograr un período glorioso único, pero su obsesión de control político y de solapar negocios ocultos lo hizo perder un sexenio único, más lo que lleva Claudia. Pocos supieron leer el potencial negativo del Peje anticipadamente, hoy los hechos y las revelaciones nos dejan sin aliento caso Scherer-Ramírez, el mañanero, por ejemplo.
Y el remate de Peña fue pactar su inmunidad con el Peje, al que entregó todo el gobierno
anticipadamente, pero supongo que no creyó en su demencia, capaz de destruirlo todo, algún día responderá sobre eso y es lo menos le preocupa con su vida en Madrid, porque sus trenes funcionan.
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