
Por Laura Gutiérrez Franco
Apenas estamos en abril de 2026 y en Guadalajara ya se siente el fervor mundialista, pero no precisamente en las canchas, sino en las cajas registradoras. Parece que la *Asociación de Hoteles de Jalisco decidió que el Mundial no es una fiesta deportiva, sino su “jubilación anticipada”.
Resulta que nuestros hoteleros ya “se pusieron los moños”. Mientras se quejan de la competencia, aplican la técnica del “agandalle” con una maestría que ni la FIFA posee. Y no lo digo yo; lo dicen las crónicas periodísticas que ya empiezan a exhibir este exceso.
Si usted cree que el aumento es del 20% o 30% por la temporada, qué ternura me da. Diversas notas de prensa local y nacional han comenzado a realizar el comparativo de tarifas en plataformas como Booking y Expedia, dejando al descubierto un asalto al bolsillo:
* *El abuso del 1,500%:* Se han documentado casos en hoteles de cuatro estrellas en zonas como Avenida Vallarta o la zona de Expo Guadalajara que, de tener una tarifa ordinaria de *1,100 pesos, han saltado sin pudor hasta los **17,000 pesos* por noche para las fechas del torneo.
* *El “Efecto Zapopan”:* Reportajes recientes señalan que en el corredor de lujo cercano al Estadio Guadalajara, habitaciones que suelen rondar los 4,500 pesos ya se cotizan por encima de los *45,000 pesos*. ¡Más de 50 mil pesos con impuestos!
Como bien han señalado diversos columnistas económicos, no estamos vendiendo hospitalidad, sino aplicando un “impuesto al fanático” que raya en lo absurdo.
Es casi cómico ver la estrategia. Por un lado, la *Asociación de Hoteles* presiona al *Congreso del Estado* para “meter en cintura” a las plataformas digitales, alegando inseguridad y falta de piso parejo. Sin embargo, la prensa ha sido clara: mientras exigen regulaciones para las más de *11,000 unidades* de renta corta en la ciudad, ellos aprovechan la libertad tarifaria para triplicar o quintuplicar sus precios.
Es una ironía que los mismos que llaman “competencia desleal” al hospedaje digital, sean quienes, con sus precios de locura (aumentos promedio del *300% al 400%*), estén empujando al turista directamente a los brazos de Airbnb.
Si van a cobrar como si estuviéramos en Dubái, lo mínimo que esperamos es un servicio que no sea de “pasadita”. Pero ya conocemos el cuento: la prensa ha recogido quejas constantes sobre la falta de renovación en infraestructura. La misma alfombra vieja y el mismo café soluble, pero con precio de suite presidencial en París.
Señores hoteleros: la oportunidad era mostrar la hospitalidad tapatía para que el mundo regresara. En lugar de eso, están aplicando la política del “venga, pague y no vuelva”. El Mundial dura un mes, pero el prestigio se construye por décadas. Ojalá que cuando se apaguen las luces del estadio y sus habitaciones vuelvan a estar vacías, no salgan a pedir apoyos porque “el turismo bajó”.
Se llama en general libre mercado, pero lo de los hoteleros y el Mundial ya da verguenza.
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