
Por Amaury Sánchez
¡Agarra tus palomitas porque el show apenas empieza! Resulta que Trump, con todo el estilo de un villano de telenovela, ha decidido que las automotrices de México y Canadá ya no le caen tan bien y quiere que se muden a Estados Unidos. Así, de buenas a primeras, como si fuera tan fácil como cambiarse de mesa en el casino porque el crupier no le sonrió. Y claro, como buen protagonista de reality show, lo adereza todo con amenazas de aranceles del 25% a las importaciones de cobre y derivados, “aranceles recíprocos” (como si fueran indirectas en redes sociales) y hasta un 20% de castigo a los productos del resto del mundo. ¡Nada más porque puede!
Trump dice que “4 billones de dólares están llegando de las compañías automotrices” porque ahora están construyendo en Estados Unidos y no en México o Canadá. Pero la pregunta aquí es: ¿de verdad va a salirle el numerito o estamos ante otra promesa digna de campaña electoral? Porque mover fábricas de un país a otro no es como cambiarse de vecindario; es más como divorciarte y volver a casarte con tu ex… ¡carísimo, complicado y con muchas demandas de por medio!
México: Cuando te dejan por otra…
Si las automotrices cierran sus plantas en México, el drama sería de proporciones épicas. La industria automotriz representa alrededor del 3% del PIB y genera más de 1 millón de empleos directos. O sea, si Trump se sale con la suya, México perdería más trabajos que una serie de Netflix cancelada tras la primera temporada. Y ni hablemos de las exportaciones: más del 75% de los coches que se hacen en México terminan rodando por las calles de EE.UU. Si esas plantas se van, México no solo perdería dinero, sino también su lugar en la parrilla de salida del mercado global.
Y ¿qué decir de la inversión extranjera? Si las fábricas empacan y se van, ¿qué va a motivar a los inversionistas a quedarse? ¿Las enchiladas? Las empresas están en México porque los costos de producción son bajos y la ubicación es estratégica. Si Trump levanta un muro económico con aranceles y amenazas, las empresas podrían preferir instalarse en otro lado donde los costos sigan siendo razonables.
Canadá: Frío y ahora sin fábricas
Para Canadá, el golpe sería igual de helado que un invierno en Toronto. La industria automotriz canadiense está altamente integrada con las cadenas de suministro de Estados Unidos y México. Si Trump decide cerrarle la puerta, Canadá perdería no solo empleos, sino también acceso a un mercado clave. Más del 85% de los coches que fabrica Canadá terminan en Estados Unidos, así que una mudanza industrial dejaría a Canadá como ese amigo que siempre está para ti, pero que nunca invitas a la fiesta.
Las fábricas cerradas en Ontario afectarían directamente a miles de familias y negocios. Además, sin la industria automotriz, Canadá perdería una fuente importante de ingresos y estabilidad económica. Y el frío de perder esos trabajos sería peor que una ventisca en enero.
¿Y Estados Unidos? ¿De verdad le conviene el numerito?
Ahora, aquí viene lo interesante. ¿De verdad le va a funcionar el berrinche a Trump? Porque sí, claro, puede convencer a las empresas de mudarse a EE.UU., pero eso no significa que los números vayan a cuadrar.
Primero, está el tema de los salarios. Un trabajador automotriz en México gana alrededor de $4 dólares la hora. En Estados Unidos, el promedio está más cerca de $25 dólares. Eso significa que los costos laborales se multiplicarían por seis… y eso sin contar los sindicatos que estarían listos para pedir mejores contratos y beneficios.
Luego están los costos operativos: la electricidad, la logística, los impuestos… todo es más caro en Estados Unidos. ¿De dónde va a salir ese dinero? ¿De los márgenes de ganancia de las empresas? ¿De los bolsillos de los consumidores? Porque si los costos suben, los precios de los autos también, y ahí es cuando el consumidor promedio empieza a mirar con cariño a los coches japoneses o alemanes.
Y no olvidemos los aranceles. Si Trump decide imponer un 25% de tarifa al cobre y a otros materiales clave, las automotrices tendrán que absorber esos costos o transferirlos al consumidor. ¿Quién gana ahí? Seguro no el tipo que quiere comprarse un auto nuevo.
¿Final feliz o tragedia económica?
Si las empresas automotrices realmente hacen las maletas y se mudan a Estados Unidos, México y Canadá enfrentarían una pérdida masiva de empleos y exportaciones. Pero Estados Unidos no quedaría como el héroe de la historia. Los costos de producción aumentarían, los precios de los autos se dispararían y las tensiones comerciales con México, Canadá y otros socios podrían escalar a una guerra económica.
Trump puede estar convencido de que traer las fábricas de vuelta hará que Estados Unidos vuelva a ser una potencia automotriz. Pero los números no mienten: costos más altos significan márgenes más bajos y precios más altos para el consumidor. Si las empresas se mudan a EE.UU., no sería por estrategia industrial, sino por miedo a las represalias de la Casa Blanca. Y ya sabemos cómo terminan esas relaciones basadas en el miedo… mal, muy mal.
Así que, mientras Trump sigue jugando a ser el héroe del “Made in America”, las automotrices podrían estar haciendo cuentas y preguntándose si este show realmente vale la pena. Porque si los números no cuadran, al final podrían decidir que es mejor seguir fabricando en México y Canadá… y dejar que Trump se quede con su berrinche y sus aranceles.
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