Por Laura Gutiérrez Franco
Tras tres días de intensas reuniones en la Ciudad de México, las delegaciones de México y Estados Unidos cerraron una ronda determinante para el futuro de la revisión del T-MEC. Las últimas 48 horas fueron de puro estira y afloja: mientras en la mesa se buscaban acuerdos técnicos, afuera la presión política de Washington no dio tregua.
Al frente de la comitiva mexicana estuvo el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, respaldado por la presidenta Claudia Sheinbaum y el equipo técnico de la dependencia. Del lado estadounidense, la mesa la lideró Jamieson Greer, titular de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), acompañado de sus asesores más duros en materia de aranceles y contenido regional.
De 54 a 14: El arte de destrabar la mesa
Si algo demostraron estas 48 horas es que la diplomacia comercial mexicana supo maniobrar. Las mesas de trabajo lograron lo que parecía una misión imposible: reducir una abultada lista de 54 desacuerdos a solo 14 puntos críticos. En el balance general, la negociación encabezada por Ebrard entregó resultados efectivos al limpiar el terreno de fricciones menores y concentrar el tiro en los temas de verdadero peso estratégico, aunque hay todavía mucho que hacer en el camino.
El blindaje arancelario y la sombra de China
El equipo mexicano puso el pecho a las balas para exigir un blindaje claro contra la famosa Sección 232 —la norma que permite al presidente de Estados Unidos imponer aranceles unilaterales al acero, aluminio o autos bajo el argumento de la “seguridad nacional”—. México insistió en que la integración regional no puede vivir bajo la amenaza permanente del garrote arancelario.
Pero el hueso más duro de roer fue China. Washington llegó con la espada desenvainada, acusando que mercancías y capitales asiáticos usan a México como “puerta trasera” para entrar a su mercado sin pagar impuestos. La respuesta mexicana fue pragmática: proponer un esquema conjunto para sustituir importaciones de Asia en sectores estratégicos (como semiconductores, electrónica y medicinas) sin ahuyentar la inversión extranjera que llega al país.
La postura del sector privado: “Sin prisas, pero sin darle armas a Trump”
La cúpula empresarial mexicana ha seguido cada minuto de esta cumbre con la lupa en la mano. Voces clave del sector privado, como José Medina Mora Icaza, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), y el destacado industrial Máximo Vedoya, CEO de Ternium y referente de Caintra y Concamin, han coincidido en un mensaje claro para el gobierno: la negociación fue efectiva y se avanza por buen camino, pero no hay que llevar prisa innecesaria. No quieren prisa, para ver si las elecciones en Estados Unidos no favorecen a Trump y pueda negociarse el T-MEC a 16 años, entre otras cosas.
El sector empresarial pide cautela. La consigna es cerrar acuerdos sólidos y bien amarrados antes que acelerar procesos de forma intempestiva, evitando a toda costa abrir flancos vulnerables o dejar pretextos que la administración de Donald Trump pueda utilizar en el futuro cercano para presionar a la economía nacional.
Más allá del comercio: Agua y Seguridad en la mesa
Aunque el T-MEC es un tratado comercial, las últimas horas dejaron ver que la agenda estadounidense no se limita a las aduanas. Trascendió que la comitiva de Washington aprovechó el espacio para meter presión en temas de seguridad fronteriza y el cumplimiento de los entregables en el tratado de aguas bilaterales.
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