Por Manuel Gutiérrez
La Feria Internacional del Libro, es un lugar de encuentros, de hallazgos, de cambios de impresiones, en ese marco la autora del libro “La Primera Dama” Rocío Jiménez Nolasco, abrió un boquete revisionista con su obra, en la línea de flotación de los mitos de la historia de México.
Ella plantea que la emperatriz Carlota, fue no solo una visionaria en materia de prevención social en México, como primera dama, integró las estancias infantiles o guarderías en su administración, iniciando en la Ciudad de México, una política social que parece no caber en el segundo imperio mexicano y así mismo se hizo cargo de varias decisiones políticas del segundo imperio, con sede Palacio de Chapultepec, a cargo de Maximiliano y Carlota, apoyados por Napoleón III, y la presencia de tropas francesas en México, que pusieron en peregrinación al poder liberal encarnado en Benito Juárez, ministro de la corte que adquirió la presidencia por disposición de la ley y preservó la república, con un definido apoyo de los estadounidenses a su programa de gobierno.
Rocío hizo su deber y su tarea. Recordemos, el primer imperio mexicano se hizo luego de la consumación de la independencia, después del encuentro en Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, que posteriormente fue aclamado por primer emperador de un país que comprendía desde América del Norte hasta Colombia, un colosal territorio que en esa época era imposible de ordenar, administrar o gobernar, a la par que el primer imperio mexicano nació cojo.
Es decir, logró el apoyo popular con la consumación de la independencia, anhelo general, pero tropezó contra las facciones políticas muchas de ellas representadas en las Logias Masónicas, que del Rito Escocés, regente en España,y otros ritos como los Iluministas de Adam Weishpauth, según la historiadora máxima en el tema, llamada Nesta H. Webster, autora del Libro “ La revolución Mundial” así como el tratado “ Sociedades Secretas y Movimientos Subversivos” así como la “Revolución Francesa” describen la totalidad de los movimientos secretos en Europa, pero señala como centro de esa actividad a los iluminati de Alemania, desde Praga a Budapest, sin dejar de tocar la capital del imperio Viena.
El rito español, perdió muy pronto prestigio y poder, porquepasaron a recibir las luces desde Nueva Orleans, dentro del rito que implantó el embajador norteamericano Joel R. Poinsett, la nueva masonería Yorkina, más radical que las versiones europeas moderadas, en que se instaló el mando secreto, con una visión diferente.
Poinsett, padre del Smitshonian, en su momento Museo de Ciencias Naturales, así como introductor de la Flor de la Noche Buena, en los Estados Unidos, durante su desempeño en México fue el verdadero jefe de la causa liberal por lo menos a nivel de secreto y conspiración. Logró captar a gente como Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, -ambos presidentes en su momento de México- y York tuvo que ver con la caída de Iturbide y su breve primer imperio.
Reclutó el nefasto en la guerra con los Estados Unidos, Lorenzo de Zavala, pero influyó en gente valiosa como Valentín Gómez Farías, Guillermo Prieto incluso, el mismo Juárez, Juan Alvárez, todos eran miembros del club.
La falta de recursos financieros, retratada en un ejército empobrecido, la agitación política, las propuestas modernistas de democracia, constitucionalismo, comenzaron a minar al nuevo imperio que evidentemente nació tan grande, como imposible de regular. Junto con estos movimientos se produjo produjeron divergencias de los insurgentes muchos de ellos contrarios a la idea de la monarquía, lo mismo en algunos intelectuales del clero como Fray Servando Teresa de Mier, que en conjunto ocasionaron un tenso ambiente que fisuró el naciente imperio mexicano, que terminó con la salida de Iturbide a Europa.
En Londres, centro de grandes conspiraciones europeas de entonces, tuvo noticias de un intento de España por recuperar a México, por la fuerza de las armas. Iturbide regresó por Tamaulipas, ignorando un decreto que pasó a convertirlo por los legisladores de entonces de serenísimo y augusto, en un condenado a ser fusilado o muerto en el momento en que pisara el suelo nacional, lo cual se cumplió a rajatabla, asesinando el país al padre de la patria, consumador conjunto de la independencia e inspirador real de la misma. Poinsett fue expulsado por obra de otro masón Nicolas Bravo, en 1827 por el Rito Escocés pero al triunfo yorkino, Vicente Guerrero lo expulsó a Bravo, por ordenesyorkinas. Nada nuevo bajo el sol, como los choques entre Monreal y López.
Las ideas en disputa en el siglo XVIII y en el XIX a nivel mundial fueron entre democracia, poder constitucional, federalismo y monarquía, derecho real, fueros, centralismo, aunque este concepto era de uso práctico y común en ambos bandos. Así nacieron las divisiones en México entre conservadores reales y liberales reales, con variaciones notables: Lucas Alamán, conservador e historiador y economista mexicano, a su vez era proclive al capitalismo, aceptaba algunas instituciones democráticas, pero finalmente era conservador y realista, en nada se diferenciaba de Guillermo Prieto, salvo en la forma de gobierno.
La polarización llevó a la llamada guerra de reforma. Pero antes, mexicanos notables e instruidos, conocedores de Europa, imaginaron que la solución del país era la formación de una casa real, en que monarcas de la aristocracia europea, de noble linaje, gobernaran al país, le dieran unión, y así jugó su carta el hijo de José María Morelos y Pavón, Juan Nepomuceno Almonte, que integró con una comisión la petición a la casa austro-húngara dinastía Habsburgo, de que viniera Max, desempleado en cuando a regencia de gobierno a construir a México, con un modelo de vida europeo y una comisión encabezada por José Ma. Chema Gutiérrez, fue a pedir que viniera el príncipe extranjero a México, siempre y cuando dejara como religión católica como única y oficial, entre otros detalles.
Pero visto de esa manera, esa etiqueta de traición se le podría poner a Juárez, como lo hace el Historiador CelerinoSalmerón, “Las grandes traiciones de Juárez” dado que fue el bando ganador. Pero su idea de país estaba en el modelo estadounidense, calcando esa forma de democracia y federalismo con un sometimiento similar al que mostraron los conservadores. La etiqueta operó en función del resultado de la guerra. Pocos mexicanos conocían Europa entonces, si en el siglo XXI todavía muchos parece que les describen otro planeta, entonces lo que tramaron era absolutamente lógico, aunque tan corto, como para influir en la vida profunda nacional, les faltó más tiempo para arraigarse, pero pudo suceder.
Simplemente porque ambos querían lo mejor para México. El destino histórico hizo que unos cargaran con una desagradable etiqueta, que bien podrían compartir ambos grupos. El hijo de Morelos, tuvo una esmerada educación, incluso en Europa y alentado por su amor al país, pretendió darle una forma de gobierno sensata y benefica, lo mismo que pueden alegar los liberales. Eso pretendían el hijo natural de Morelos, el Obispo Pelagio Antonio Labastida y José María Salas.
Max fue entrevistado en Miramar, la casa austriaca se aliviópensando en donde ponerlo y llegó el momento de que fuera gobernante en un país ajeno. Los conservadores, supusieron que por ser noble era conservador, pero en realidad era tan liberal o más que el mismo Juárez y toda su corte, lo que fue una notable decepción y una resta de capital político, porque dejaron de apoyarlo.
Max llegó con ideas renovadoras, incluso aprobaba muchas de las leyes de reforma, que ya operaban en España y en otros países europeos. Separación iglesia-Estado, registro civil, matrimonio civil, educación laica y desprovista de un contenido religioso, y finalmente la clave, la religión católica cesaba de ser la única, oficial, y reconocida por el Estado, como lo fue en el primer imperio y en la consumación de la independencia. La Iglesia se alejó del II Imperio.
Max, por tanto fue un balde de agua fría a los conservadores que se encontraron confundidos. Los indígenas en tanto adoptaron la idea que regresaba Quetzalcoátl, y las ratificaciones de las mercedes reales de los reyes españoles, acabaron por hacerlo el ídolo de los indios mexicanos, que en cambio aborrecían al de origen indio, que era el caudillo liberal, Juárez.
Incluso dice Enrique Krauze en su libro Historia de México. Los Caudillos de Hidalgo a Porfirio Díaz, todo esto que no estoy inventando, sino sintetizando. México entró al estilo de nombramientos reales de duques, marqueses y condes en el país, se revivió la orden de Guadalupe y el rescate inesperado, Max protegió a un hijo de Iturbide, que sería para efectos sucesorios el príncipe heredero del nuevo reino.
Lo que parece una charlotada, era una vivencia histórica profunda, cultural, política, económica, social, no solo por las relaciones de franceses que dejaron huella en varias regiones de México, sino que esa chamba le tocó también al emperador, que tuvo que recibir el galante regalo de descendientes de la nobleza indígena, para acompañarlo por la noche, y ser depositarias de la nueva semilla del retorno del Dios, o del benefactor indígena, de buena presencia, barba doble y se bañaba y buena presencia, el gobierno de opereta fue funcional en muchos sentidos, pero su fuerza eran las tropas de Francia, sin ellas, nadie sostenía al reino.
La Iglesia que esperaba un conservadurismo integral, reaccionó incluso historiadores tan prolijos como Mariano Cuevas, dejaron de lado el asunto del II Imperio, como un tema menor e incómodo. De alguna manera el II imperio tuvo administración nacional, recursos y dependencias y como resultado de esas preocupaciones de gobierno vino el papel que Rocío Jiménez, rescata en la Primera Dama, para Carlota, que pudo o no sucumbir al buen ambiente mexicano que le voló la cabeza al mariscal Bazaine, por su amor por una mexicana Josefa Peña con quien contrajo matrimonio, Carlota le adjudican un episodio romántico en México fuera de Max, pero es materia de Francisco Martín Moreno y sus noticias carnales pero todo eso ocurrió en 3 años de 1864 a 1867, pero el segundo imperio fue el antecedente real de las políticas sociales por las clases desprotegidas, comprendiendo en su tiempo a países como el Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, como parte del segundo imperio, incluso Costa Rica, aún quedaba mucha extensión de la herencia colonial.
El desenlace trágico fue en Calpulalpan, Querétaro en que comenzó a cumplirse la orden secreta de eliminar al monarca, que acompañaron el expresidente mexicano conservador Miguel Miramón, baluarte de la causa y guerra conservadora en México, y quién desempleado optó por servir al segundo imperio bajo influencia de su esposa, dado que el cargo presidencial no fue para aprovechar la riqueza. Con ellos, murió la versión juarista en lo físico de Tomás Mejía, otro destacado militar conservador.
Pese a que Carlota buscó conmutar la pena de muerte, fue inútil su esfuerzo en instancias religiosas, diplomáticas, curiosamente un fraterno de la misma causa de Juárez, tal vez más liberal que el oxaqueño, el emperador Maximiliano murió bajo las balas mexicanas. El trauma precipitó la perdida de la razón de la emperatriz Carlota, en un final de la tragedia.
Juárez quedó como presidente pese a la irregularidad de su nombramiento, y mantuvo el gobierno central, con derroche de autoritarismo y uso del poder en su tiempo. Su némesis, ya marginada desde el 5 de mayo, con la victoria que le adjudicaron a Ortega y Zaragoza, pero no a Porfirio Díaz, vino a crear en este la ambición presidencial que logró consumar, para imponer un gobierno fuerte que era una pesadilla para los intereses estadounidenses, a los que maniató en el sur de México e incluso en Nicaragua y eso no podían tolerarlo en el Norte.
Su preferencia por lo europeo, más la posibilidad de ver con simpatía al Kaiser de Prusia, su elección por la cultura de Francia, con un comercio más intenso que con los Estados Unidos, aceleraron las causas de su caída, cuyo pretexto fueron las desigualdades sociales en México, que fueron causa de la revolución, pero cuyas condiciones eran generales en el mundo, por lo que fue un útil pretexto para intervenir acelerando el movimiento maderista y luego la revolución.
Díaz alcanzó a crear mitos nacionales, como nuestro grito, y como buen masón destacó la obra de Juárez, que en forma póstuma ya no le afectaba, honrando su memoria y convirtiéndolo en un símbolo nacional, para consumo mexicano. Porfirio observó de alguna manera el estilo del II Imperio, y la clase y elegancia, se manifestaron con la grandeza histórica y política, a la par que un resurgimiento del orden mexicano y una tregua para la Iglesia Católica que pudo rehacerse de los despojos de bienes en la Reforma.
Si bien no cayó en formas monárquicas, si en el buen tono observado en el II Imperio, que de haber tenido más suerte, factores geopolíticos favorables, pudo ser más profundo de lo que se puede sospechar. Eso me hizo recordar la autora Rocío Jiménez, del libro “La Primera Dama” y al calor de la FIL fue una grata conversación, que hoy les cuento.
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