
Por Manuel Gutiérrez
Fue demasiada acumulación de errores, de falta de colaboradores útiles y leales. La presión internacional planteada es por Rubén Rocha Moya, pero obligó a Claudia Sheinbaum a hacer una gira “tapadera” en Chiapas para entrevistarse con su gran creador, Andrés Manuel López Obrador. De reaparecer este, lo que ofertó —si la patria se encontrara, según sus ideas, en peligro— significaría el total descrédito para la que despacha en Palacio Nacional; porque el que manda está en Chiapas.
Del manejo torpe buscando inmolar a Maru Campos, de Chihuahua, con el asunto de la muerte de dos agentes de la CIA que desmantelaron con apoyo mexicano un campamento de producción de miles de dosis de fentanilo, pasaron a ignorar a los caídos, quienes no merecieron ni la condolencia presidencial.
La defensa de Claudia Sheinbaum se centró en dos temas: uno, la soberanía; el otro, la exigencia por 27 ocasiones obsesivas en su discurso de que los acusadores de los Estados Unidos requieren pruebas. Pero olvidó que no se trata de derecho mexicano, sino del derecho que se practica en los Estados Unidos, con otro tipo de estimación de las pruebas.
Cuando Genaro García Luna fue condenado sin pruebas desde la óptica jurídica mexicana, mediante testimonios de testigos de pésima catadura —convertidos en protegidos e inmunes a ser responsabilizados de sus delitos—, el gobierno mexicano nunca protestó. Tampoco lo hizo cuando las gestiones de “los Chapos” y del gobernador de Sinaloa en licencia expusieron a la justicia estadounidense al “Mayo” Zambada.
El gobernador de Sinaloa fue ratificado y purificado en diversas ocasiones, incluso en su propio estado, justificado tanto por el “Peje” como por Sheinbaum, porque sabían de los pactos con el cártel de Sinaloa. Pero el mensaje de Rocha Moya fue demoledor. Les recordó pactos operativos, la complicidad del crimen organizado en su victoria electoral y el dinero otorgado para campañas en Sinaloa, Sonora y Tamaulipas. Incluso la presencia del cártel se dejó sentir por su poder en el gobierno del legislador actual por Morena, Cuauhtémoc Blanco, como también en los procesos del Estado de México; se ve por todas partes.
Pero pruebas ya salieron por los afectados. Excandidatos priistas, incluso la número dos del partido, Carolina Viggiano, denunciaron que hubo secuestros masivos de delegados de su partido, amenazas de muerte, manipulación de casillas y adulteración de contenidos, todo bajo el poder de las armas de los “caciques de la muerte”. Hoy, por lanzar con intensidad esos señalamientos, se debió invalidar en su momento esa espuria elección.
Entonces, hay vicios de origen y causas de nulidad del gobierno de Rocha Moya, pero no quiero abundar en lo que tantas destacadas plumas han señalado. Lo cierto es que, aun siendo de oro de 24 quilates, con su peso aproximado de 75 kilogramos, resulta carísimo para la vida del país que se evite su extradición pactada en acuerdos internacionales. Las vías de juicio político, así como el desconocimiento de poderes, ya perdieron su oportunidad y en todos los casos presentaban inviabilidad, largo plazo e inefectividad en materia de asegurar que se investigue de verdad el asunto.
La justicia mexicana, merced a la reforma judicial, pasó a ser un apéndice del Estado, llegando por la vía de la lista con dedazo, acordeón o tómbola. Tampoco las fuerzas de seguridad, incluyendo la imagen del “campeón” Omar García Harfuch, resultan convincentes. Sencillamente, la policía mexicana necesita actuar bajo órdenes políticas, y en México el caso se pretendió politizar al extremo.
Las repercusiones de efectos negativos para México son enormes, a 30 días del Mundial y en ciclo de renegociación del T-MEC. Pero entendamos algo: Trump, con su intervencionismo, coloca lacayos, pero deja intacta la estructura del poder, aunque esté viciada. Venezuela con Delcy es un ejemplo que comentó certeramente Salvador Cosío en una de sus columnas: la represión se hizo más discreta, pero existe. La cerrazón democrática persiste, y el cambio de deponer a Maduro solamente no fue siquiera una reforma de régimen. Se dejó todo tal cual, solamente menos estridente, pero el perseverante persecutor solamente quitó a Maduro.
Trump quiere nombres de gobernadores y gente de primera línea de Morena como concesión de victoria propagandística en su país. No pretende tocar a fondo el sistema
político o económico mexicano; es una campaña real, pero cosmética. Un “gatopardismo” en que parece que el CJNG ha desaparecido y que su estructura ya no es operable sin “El Mencho”, pero todos los cárteles gozan de cabal salud en México.
Lo peor es la complicidad, beneficio y tolerancia de los políticos morenistas, principalmente en materia de huachicol, tráficos y lavado de dinero, sumados a la creación de una estructura empresarial aparentemente legal que permitirá a los del crimen organizado seguir actuando y teniendo relevancia en México; serán más peligrosos y factoriales. Dos terceras partes del país —desde los niveles municipales, regiones productivas agrícolas, comercializadoras y abasto mayorista de huevo, pollo y cárnicos— son gravados con “impuestos piratas” del crimen organizado. Incluso en poblaciones de turismo nacional, como Cancún o Puerto Vallarta, hasta los pescadores hablan del pago de cuotas; los taxis, todo está bajo su poder.
Alfredo Ramírez, gobernador de Morena en Michoacán, según revela en su columna Riva Palacio, pese a la orden de Omar García, impidió actuar a la DEA, que ofertó colocar aparatos electrónicos y hacer una investigación del flujo de dinero de las cuotas de piso por el crimen organizado. Es decir, usó la defensa de la soberanía para defender el derecho de la autodeterminación del crimen organizado, impidiendo que una fuerza extraña pero efectiva pudiera amenazar a esos criminales en su trasiego de vidas y extorsiones. El gobernador michoacano se pintó de soberanista, pero en favor del mal.
Dos fuerzas salieron de control en todo ese enjuague. Una fue la Embajada de Ron Johnson, exmilitar y agente de la CIA en México que movió su presión. Luego, la revelación de Los Angeles Times, que siendo la ciudad y estado con más migrantes mexicanos, no actuó por inercia o coincidencia. La admisión de pruebas derivadas de testimonios cimentó un procedimiento en el mismo distrito de Nueva York que condenó a García Luna.
Frente a esos actos, la Presidenta solo idea el mantra de repetir 27 veces lo de las pruebas y ninguneó la oficina del juez de la causa, poniéndole diminutivos. Incluso se refirió, en un lapsus, a López Obrador como “el Presidente”, y terminó corriendo a pedir su consejo y preguntar hasta dónde se debe arriesgar, incluso a su movimiento y a algunos amigos cercanos protegidos del presidente López, sea un Adán Augusto López, otros gobernadores favoritos o incluso ministros actuales y anteriores que están en la lista de los revocados de visa.
Se dice que la lista llega por ahora a cien nombres, pero podrían llegar incluso a involucrar a la Presidenta o al anterior, ya que Maduro fue vinculado y tocado como “chivo expiatorio” de un gobierno criminal, pero ahora sometido a los Estados Unidos en lo que viene la democracia real y Corina Machado logra recuperar su sitio, robado por trampas electorales de Estado.
Estamos ante una realidad diferente que rompe los criterios del derecho internacional, como rompió con el mundo global y devolvió al siglo XXI a las eras de imperios de influencia, de conquista y de guerras militares, económicas o arancelarias. Frente a esa realidad, de poco servirá cantar el Himno Nacional. Porque Inzunza, por ejemplo, busca anticipar su plataforma de salvación revelando lo que la protección a Rocha Moya impida, ante la realidad de la inexistencia e inefectividad de la justicia mexicana. Él pretende salvarse solo. Rocha espera que siga el paraguas del caudillo por los pactos de financiamiento electoral y de tolerancia que se dieron en Badiraguato, Sinaloa. Pero no porque su testimonio vaya a ser más revelador que los que ya dispone la corte americana.
El costo de protegerlo es inconcebiblemente alto. Deben recordar el pragmatismo del Sanedrín de la época de Jesús de Nazaret, condenado inocente y entregado al poder romano para su ejecución. “Es necesario que muera un hombre para que la nación sobreviva”. El acto no sirvió de mucho, dado que Judea-Israel fue destruida totalmente por Roma en el año 70. Pero de momento creyeron que habían calmado las aguas, salvado su poder y privilegios, eliminando un culto incómodo.
Hoy la disyuntiva es semejante, salvo que Rocha no quiere sacrificarse por nadie, ni por México, ni cantar el Himno Nacional, “conjuro salvador” que dice Sheinbaum desistirá a los intentos invasores del extranjero. El punto es hasta dónde llega la visión de Trump y hasta dónde perdió Claudia la aparente buena relación y dominio del temperamento del nefasto personaje. De no haber intervenido, Rocha y todos los indiciados estarían muy campantes pensando en nuevos negocios, porque no hay poder judicial capaz de cuestionarlos.
Esto revela que México perdió por desmantelamiento de su Poder Judicial, la mediatización del Ejército y Marina, y la nulidad del Centro Nacional de Inteligencia. Ahora, hasta un Omar García —portaestandarte de Claudia— se ve neutralizado, comprometido con los nexos del poder que Claudia no quiere tocar. El ritual que se pide es similar a los exigidos por Huitzilopochtli para renovar el brío solar. Perder un grupo de poderosos, todos de la “secta”, porque se llegó a alterar de manera irremediable la relación que le llevó a admitir el Maximato; porque también ella necesita salvarse y, antes de ser Presidenta, estuvo involucrada en todo.
Admitió que todo su poder es prestado y no le pertenece, pero tomó su decisión y fue muy lógica.
Lo cierto es que prefirió perder poder y casi dar por terminado un sexenio que apenas llevaba un año y meses. Porque el cerebro, el hombre de las decisiones y que tiene los hilos del poder, tenía que ser consultado y consensuado. Ella estaba sola pese a tanto poder concentrado, pero el movimiento no le pertenece.
Lo cierto es que la lista es amplia, como amplio fue el poder concedido al crimen organizado por Morena en la “verdadera transformación” que nos llevó a sacrificar generaciones de jóvenes y 400 mil muertos injustificados, generados en la tolerancia del gobierno con sus “abrazos, no balazos”, sus visitas a Badiraguato y los mensajes de que “se han portado bien” luego de las elecciones, mientras celebraban masacres y la lengua nacional se burlaba de las víctimas con toda crueldad.
No fue secreto; fue algo visible, pero no creíble, hasta que otra instancia legal extranjera lo puso de relieve. Aún así, muchos prefieren su dádiva clientelar para mantenerse en el poder que pensar cómo llegamos al Maximato con un sistema del pasado que tiene otro nombre. Fue entonces cuando Claudia decidió no romper, sino refugiarse bajo el manto de su mentor, López Obrador, el que manda en México, aunque ella trate de hacer lo contrario a lo que dice en las mañaneras.
Corrió como una chiquilla asustada a los brazos de papá. Nunca romperá con él, pero nunca será. No ha sido Presidenta en plenitud de su cargo porque estamos otra vez en un Maximato transexenal, y la carrera desesperada fue para entregar el bastón de mando a su Tlatoani, el único y verdadero, millonario, impune y poderoso pese a sus desfalcos, a sus errores y hasta a las víctimas que ocasionó. Si el Tlatoani regresa, Claudia mejor debe renunciar. De ese tamaño es el problema, porque se habrá diluido tanto sin necesidad de revocación y Morena no le responderá nunca, porque está con el Caudillo. Rocha Moya costó muy caro, más que si fuera de oro puro.
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