Por Manuel Gutiérrez
Una nota noir. Un contexto noir.
Una historia que debería hacer palidecer a Mario Puzo, porque su Godfather, “El Padrino”, llevada en 3 entregas al cine como obra maestra por Francis Ford Coppola, resulta que se quedó corta; que el Padrino de Puzo, Vito Corleone, fue rebasado por la libre, por la derecha, por un padrino tropical que implantó un sistema en México que hace palidecer los afanes del siciliano radicado en Nueva York.
Revisemos el contenido de El Padrino: Vito organiza negocios ilícitos como fuente de ingreso de la familia, la cual se arma como pandilla o grupo de control en Nueva York. Sus planes eran clásicos: un poquito del negocio de las apuestas, un poquito de tráfico de blancas, negras y asiáticas, para efecto de lo que cayera, y muchito de tráfico de alcohol.
Porque la prohibición condicionó el ascenso de las 7 familias de la mafia, o debería decir de la magia, porque se volvieron muy ricos al dedicarse al huachicol del alcohol, es decir, introducir tequila mexicano, ron cubano, brandy español, coñac francés e incluso whisky canadiense y, por qué no, americano… porque, que yo sepa, durante la prohibición Johnnie Walker no dejó de caminar muy campante, con sus largos pasos; es decir, las plantas de whisky americano no dejaron de existir, aunque sufrieron una terrible contracción de la demanda al declarar la sed como ilegal.
Dirán que exagero, pero era sed de agua viva. Ah, ponga un vaso chaparro, dos hielos y whisky… salud. El bourbon siguió saliendo de los pantanos de Luisiana, particularmente de Nueva Orleans, y vino el auge de las clandestinas, que con alambiques hacían la preciada bebida. Incluso ese es el origen de NASCAR, porque los montañeses de las Carolinas modificaban autos convencionales para que corrieran más cargados de alcohol, y ese fue el origen de los stock cars.
Y todos sabían del Southern Comfort, sin duda alguna, por lo que de alguna manera siguió produciéndose el destilado divertido, y llegando bebidas inglesas, desde el gin al J&B o Ballantine’s, sin interrupciones de ningún tipo; más caro, más sofisticado y generador de riquezas de la noche a la mañana, así como de violencias salvajes por el control del mercado ilícito. Por eso es un error pretender manipular el mercado por la fuerza en todo aspecto.
Pero decía que el Padrino no cobraba plaza, aunque sí recibía pago por los favores. Era la instancia de justicia que compensaba los excesos del ICE de la época, de autoridades municipales, inspectores de todo tipo, que salvaba honras vulneradas que, en la recta economía americana, en ocasiones caían en el soborno.
El Padrino, por tanto, contrataba policías sin hacerlos firmar contrato. Pero cada sargento, cada teniente y capitán, hasta llegar al comisionado, tenían sus donativos para el movimiento —en este caso, el de ellos, así decían desde entonces—, y a Pío lo absolvieron los jueces de tómbola con todo y grabación digital a todo color… esas pruebas no valen con el hermano de AMLO.
Vito incluso llegaba más lejos, porque la comunidad italoamericana tenía líos de vivienda, de sucesiones o de discriminación para ingresar a tal chamba o comisión que demandara real pedigree o recomendación de algún picudo. El Padrino llenaba una tarjeta y enviaba un propio…
Vito celebraba audiencia, incluso en la sala de su casa, en alguna oficina de la colonia; incluso era abordado por los desesperados en la calle. Como confesor, determinaba la calidad de la intención, si el solicitante era portador de causa justa o si pretendía aprovecharse del poder de negociación del Padrino; buscaba una justicia privada pero recta entre su comunidad.
Por tanto, el día de la boda de su hija, el pastel de 4 pisos fue un regalo. El artista de origen italiano que era impulsado por Vito fue a cantar para deleite de la familia, los vinos y caldos salieron de todos los bares de la comarca, la música cobraba relativamente si no era de los favorecidos por el Padrino. Vito, sin embargo, era un caballero decimonónico, hasta cierto punto con temores religiosos, incluso donante favorito de su parroquia y del santo patrón, y toda la familia portaba medallas alusivas a un santo determinado o la elemental cruz de Cristo. Eran amables, correctos, pero por la mala, mortales.
Por fortuna, Vito no quería envenenar a su comunidad. Porque estaba en los años 40-50 con el despegue del narcotráfico, con marihuana, morfina, heroína, básicamente. Alcohol, mujeres y ajustes de cuentas eran, digamos, una operación “decente”. Y rehusarse al narco fue la causa de su desgracia y del ascenso de Michael, su hijo inesperado que surgió en la guerra de familias por el poder y el control, nos narra Puzo.
Vinieron los negocios de Las Vegas, el juego con casinos, hoteles y otras perspectivas, pero finalmente aceptaron que las drogas eran un gran negocio; pero lo que aquí los mafiosos nacionales no aprenden es que, a la par, eran desarrolladores económicos, emprendedores de negocios lícitos que tanto blanqueaban como daban una estructura paralela que volvió un enredo legal a la Tesorería perseguirlos. Clubes nocturnos, revistas musicales, clubes exclusivos con todo tipo de tendencias sexuales, todo comenzó a ser contabilizado y operado en la vía legal o por afuera, y también empresas de todo tipo. Nada de cobrar plaza, querían el apoyo de la gente.
Vito entendió que tenía que comprar algunos jueces penales, civiles, administrativos y de todo tipo de materia. Porque si el poder permite robar, ese mismo poder debe controlar al Poder Judicial para que se garantice la impunidad de los gobernantes durante y posterior a su periodo del poder.
En eso, el padrino mexicano de Macuspana, Tabasco, fue más hábil: se apoderó de todo el Poder Legislativo, que hace leyes y que, por tanto, podía hacer excepciones o promulgar nuevas leyes para que el delito dejara de serlo o dependa de quién lo comete.
Incluso fue más lejos: no compró jueces, los dominó y sometió a todos mediante acordeones o tómbolas, pero todo el aparato judicial quedó a su servicio. Entonces, un munícipe moderno de la 4T de algún puerto tropical, como la de Acapulco, puede ser denunciada por la ASF (Auditoría Superior de la Federación), pero como controlan la Suprema Corte, la alcaldesa Abelina fue absolutamente absuelta, pura e inocente, aunque de los 847 millones nadie sabe, nadie supo o quién se los llevó. La gobernante de Morena, alcaldesa morenista, goza entonces de una pureza virginal que no se encuentra por ninguna parte, pero el ministro no encontró los requisitos formales para admitir y proceder y no vio pruebas que demostraran el delito, que quedó registrado se cometió, el dinero se perdió, pero la Corte lo absolvió.
Vito no llegaba tan lejos ni se imaginaba que pudiera hacer un partido tricolor por la bandera de Italia, o guinda por el color de los cardenales, y que le pusiera el nombre de Regenerador, aunque no lo fuera precisamente, y tomara todo un país, todos sus recursos, su petróleo, su electricidad, que en el país tropical son monopolio del Estado, y súmele recursos al partido regenerador de Vito, que le pagaría la conquista del poder; eso ni los mejores delirios ni el mismo autor Mario Puzo pudo imaginar que sucedería, porque no conoció el otro lado del sur.
México, país de delincuentes con estilo, como Desireé, que en su postrer aventura todavía alcanzó el rango mediático: conocida como la Tilina, por ser del Cártel de los Tilines, su deceso casi se convirtió en un episodio televisado. De pronto se percató que su diablo de cabecera no le iba a servir ni el rifle de asalto que portaba y, aunque lo accionó, la emboscada del Ejército Mexicano fue realizada por nota, dejando la camioneta de reciente modelo como un queso gruyer.
La chica, cuyas capacidades exterminadoras no pongo en duda, como tampoco su habilidad para maquillarse, pasó a ser una muestra torcida de una estrella de la noche, en que se percataron que eran superados en todo, en potencia de fuego, y que sintieron por primera vez ese extraño sentido que se llama miedo y el final tan temido.
Vito no vio surgir a ese tipo de personalidades, aunque sí contaba entre sus activos con mujeres decididas, intrigosas, envenenadoras, dignas del poder protervo de la mafia, pero no con ese estilo como Desireé.
Esas figuras son consecuencia de un modelo irreal de vida de aventura y evasión para jóvenes que creen que traficar es motivo de corridos, que el delito gratifica; pero la vida sicaria se ha depreciado tanto que ya no está bien pagada ni duras trabajando duro.
Vito tenía sus consiglieri, un jurista, hasta un economista que planificaba las inversiones, pero básicamente eran sus comisarios hombres de trajes elegantes, sombrero borsalino, corbatas de dudoso gusto, pero muy de la era noir. Normas, convenciones, un algo de civilización.
Pero ellos arriesgaban por el territorio en las guerras de expansión o defensivas y, sobre todo, de los atentados inesperados, porque era una guerra que comenzaba sin aviso siempre y que sorprendía al más desconfiado. Porque en materia de muertos, la mafia logró más bajas a traición que en batallas, aunque las hubo y con saldos alarmantes.
En nuestros días, el Mayo fue víctima de una jugada de ese tipo, como Melesio Cuén, rector de la UAS, víctima de un gobernador Rocha Moya que se dice es capaz de regresar al cargo, y al que el gobierno es capaz de sacrificar el país por la inmunidad del hermano de la misma mafia, capaz de revelar nombres de los de arriba y cosas gruesas. Pero hay tantos padrinos… me viene a la memoria el general Cienfuegos, absuelto por la presión nacional, otro padrino cuando esta funcionaba en el exterior, pero todo cambió.
A Vito lo rebasaron totalmente por la derecha y por la libre: hasta la carretera les pertenece, incluso el huachicol con que se mueven. Puzo se quedó corto, porque la realidad en Venezuela con Maduro, la Colombia de Petro y con su Pablo Escobar, y en el país tropical con su barredora, ilesa y triunfante, no vio que se podía conquistar el mundo.
Fue hasta la cruda visión de Cara Cortada, de Al Pacino y obra prima de Brian de Palma, que surgió Montana y al que le dijo: “El mundo es tuyo”. Y sí, el mundo les pertenece, pero el mundo de Cara Cortada es tan crudo, tan horrible como la pesadilla de la realidad que asombraría a Vito.
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