
Por Laura Gutiérrez Franco
México es ese surrealista lugar donde el corazón late al ritmo del K-Pop, pero el estómago se revuelve con la nota roja. En las últimas horas, la agenda nacional ha dado un giro fascinante: hemos pasado de las estrategias de seguridad a las estrategias de boletaje. Al parecer, hoy es más urgente que Jin, Jimin y compañía nos canten al oído a que las autoridades nos expliquen por qué la vida sigue valiendo tan poco en el Bajío.
El “Efecto Army” llega a Palacio Nacional
Nuestra Presidenta ha demostrado tener claras sus prioridades, o al menos sabe qué fandom hace más ruido en redes sociales. Con una alegría que ya quisiéramos ver en otros temas, salió a anunciar su total respaldo a la “ARMY” mexicana. ¿El motivo? La tragedia de que un millón de personas intentaran comprar boletos para ver a los chicos de Corea, topándose con la triste realidad de que solo hay 150,000 entradas disponibles para sus presentaciones.
Ante tal “crisis” de boletos, la mandataria no solo lamentó la escasez, sino que escaló el asunto a nivel diplomático, sugiriendo que se necesitaban más eventos y más fechas porque son miles y miles los que quieren escucharlos. ¡Eso es eficiencia! Si tan solo se redactaran estrategias de seguridad con la misma velocidad que se piden conciertos, otro gallo nos cantara.
Castigo a las boleteras: El mazo de la justicia virtual
Por supuesto, no podía faltar el castigo para los “villanos” del entretenimiento. El gobierno ya puso la mira sobre las empresas boleteras y de reventa, castigando a varias de ellas por el desastre en la distribución de las entradas. Se les acusa de no dar claridad a los jóvenes y de permitir que los precios se volvieran inalcanzables. Es irónico: el Estado castiga con rigor la falta de transparencia en un concierto, mientras la opacidad en las cifras de violencia sigue siendo el pan de cada día.
Prioridades: Minutos de música vs. Horas de silencio
Lo que resulta verdaderamente chirriante —e indignante— es el contraste de los relojes. Mientras a la logística de BTS se le dedicaron minutos de oro y gestiones públicas, el horror ocurrido en un campo de fútbol de Guanajuato, donde una “matazón” dejó a familias destrozadas, apenas recibió un frío y breve comentario de la Presidenta.
Pero el silencio más ensordecedor vino de casa: la Gobernadora de Guanajuato ni siquiera salió en defensa de su gente, ni dijo nada contundente ante la masacre. Pareciera que en el estado donde la vida no vale nada, el silencio vale mucho para los políticos.
Así estamos. Nadie duda de que los chavos de BTS son grandes, maravillosos y unos artistas de talla mundial que se merecen todo el éxito que tienen; su talento es innegable y su mensaje de amor propio es algo que los jóvenes mexicanos valoran profundamente.
Sin embargo, qué triste es ver que en la narrativa oficial, los ídolos de Seúl tienen más peso político que los muertos de Guanajuato. Al final del día, parece que para este gobierno es más importante que los jóvenes tengan un boleto en la mano para ver a sus ídolos que un país seguro donde puedan salir a jugar fútbol sin miedo a no regresar.
Me despido cantando un párrafo de una canción de BTS, disculpen lo entonado:
“La mañana llegará otra vez
Porque ninguna oscuridad, ninguna estación puede durar para siempre”
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