Por Iván García Medina
En Morena Jalisco crecen las voces que apuntan a Hiram Torres, suplente en el Senado y operador cercano a Carlos Lomelí Bolaños, todo “un chivo en cristalería”, como uno de los personajes que más desgaste, confrontación y división ha provocado al interior del partido guinda en la entidad.

Entre militantes, operadores y cuadros morenistas el señalamiento es recurrente: actitudes de cerrazón, confrontación y control político que, lejos de fortalecer al movimiento, han terminado por profundizar las pugnas internas.
Diversos actores internos acusan que Torres habría convertido las conferencias semanales de Morena en espacios de exclusión y filtro político, bloqueando el acceso a perfiles incómodos o grupos que no forman parte de su círculo. Los reclamos también alcanzan presuntas presiones hacia alcaldes, diputados y consejeros, generando un ambiente de permanente choque dentro del partido.
La inconformidad ha escalado a tal nivel que, en distintos grupos morenistas, ya es identificado como un “factor tóxico” para la operación política y la construcción de acuerdos en Jalisco.
El tema cobra relevancia luego de que Citlalli Hernández Mora advirtiera públicamente en Milenio que pondrá orden en Morena Jalisco ante las constantes disputas internas que han exhibido fracturas cada vez más profundas.
Dentro del propio morenismo hay quienes consideran que, si la dirigencia nacional realmente busca recomponer la unidad del partido en Jalisco, deberá comenzar por revisar el papel de personajes que han convertido la operación política en un campo de confrontación y desgaste interno.
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