Por Manuel Gutiérrez
La alianza de más de un siglo de conjuntar intereses desde el siglo XIX, incluyendo dos intervenciones contra Alemania en las dos guerras mundiales, ha terminado no de manera declarativa, pero la confianza en esos pactos, provocada por las acciones de Trump, con el extremo del reclamo de Groenlandia, han confirmado que Europa será otra, diferente.
Los analistas del New York Times especularon con la intervención de Venezuela, que se establecía un pacto continental entre las potencias. Estados Unidos se quedaría con América Latina, en tanto China dominaría el Lejano Oriente, incluyendo por fin a Formosa, vital por los chips y la microtecnología, quizá más que toda nuestra industria en América Latina, y Rusia se queda con parte de Europa, considerando que Ucrania se doblegue y Putin siga buscando su expansión a los países bálticos.
El asunto de Groenlandia tomó cariz de chantaje, cuando Putin amenazó con aplicar aranceles contra los países europeos que se resistan a su intento de ocupación. Alemania y Francia, que desplegaron fuerzas militares, así como represalias con aranceles por su parte, y movilización de otros países como Finlandia, Suecia, incluso una pequeña fuerza de Inglaterra, en otros lugares de Europa se discute qué resolución tomar. Italia se unió a este empeño, lo mismo que España; se espera que los 27 enfrenten unidos a esta absurda intención de Trump.
Si en ese afán alcanzara a producirse un choque militar con Europa, sería el colmo de lo absurdo, porque un pacto de más de un siglo quedaría roto para mucho tiempo y Europa ya no será la misma. La misma OTAN se fractura de lado a lado; seguirá, pero será europea.
VISIÓN DE CONQUISTA ANTICUADA.
La visión de Trump es tan anacrónica. Considera que la hegemonía se logra con la toma de tierras o la injerencia en asuntos ajenos. Pero esto rompe con la historia: la verdadera hegemonía nace de la tecnología, del desarrollo industrial, del avance de la ciencia aplicada.
Inglaterra fue potencia mundial por la máquina de vapor, los ferrocarriles y su expansión marítima comercial y de dominio; fue consecuencia de su poder el que tuviera enormes extensiones como la India, Australia o regiones del sudeste asiático.

Los imperios en turno se basaron en lo mismo. Sí hubo hechos militares y navales, proezas, pero básicamente eran los poseedores de tecnología de vanguardia. España en su momento, Portugal, incluso Francia o Bélgica, lograron dominios derivados de su avance.
Trump está en el inicio del siglo pasado. La carta fuerte es la tecnología; esto incide en la inteligencia artificial, en las capacidades de miniaturización, en el desarrollo digital, en que China está por delante en algunos campos. Por eso vale tanto Taiwán.
Trump cree que la ocupación es el equivalente, pero la realidad es que la hegemonía mundial será de quien tenga la mejor tecnología y ciencia, no mayor cantidad de territorios dominados.
Ciertamente ha cambiado el mundo en cuanto a regresarlo medio siglo al combustible fósil y en lograr reservas adicionales en Venezuela, arruinando los proyectos verdes de cambios sustentables.
Así las cosas, Europa, desde el advenimiento de Trump, reaccionó en muchos sentidos: busca la autosuficiencia energética y de cadenas de suministro, así como de obtención de materias primas.
Otro de los pasos está en la aplicación de la nueva revolución industrial causada por la IA y la automatización, o mejor dicho, robotización de la producción.
Para ello ha actuado como un ente continental que engloba a 27 países de la Unión Europea, con Inglaterra en plan de ocasional aliada, por el Brexit que ha sido un error. La sorpresa del jaque a Dinamarca y a la comunidad nativa de Groenlandia ha causado reprobación total y respuestas directas, algo que antes Europa no hacía, pero eran estadistas los que estaban al timón, no bravucones imperiales.
Europa considera que el rival a corto plazo no serán los Estados Unidos, pese a las diferencias que ha planteado Trump. El verdadero rival, al que deben poder negociar en términos de equidad, es China y para ello deben nivelarse con ellos. La idea es común en Europa: no temen a USA, temen a China.
LOS CAMBIOS
Los cambios comenzaron y fueron imperceptibles. Por ejemplo, una reorganización de las plataformas petroleras del Mar del Norte, que demandan recursos por 30 mil millones de euros, tanto para cerrar instalaciones sin dañar el medio ambiente que finalmente le afecta a Europa, como para establecer nuevos puntos. Repsol y Total integraron un frente denominado Hi Tec Vision, pero el cambio de Europa, que pensaba invertir en los próximos años 50 mil millones de euros en el desarrollo sustentable, quedará para mejor ocasión, en otro siglo.
La presión de Trump, en petróleo y en uso de combustibles fósiles, queda en su frase: “Drill, Baby, Drill” (Perfora, Baby, Perfora), y ante ello los planes de conversión quedan anulados.
Merz, de Alemania, por ejemplo, ha dado un paso sorprendente, pero muy dentro de los cambios que hace ahora Europa: Alemania generará energía nuclear para iluminarse, para su industria y para los hogares, siguiendo el modelo de Francia.
Las megaempresas de IA como Nvidia, Oracle y OpenAI buscarán un desarrollo prioritario con la inversión de 800 mil millones de euros para una adecuada infraestructura. Este cambio lo ha presentado Bruselas como la respuesta a los retos actuales de China.
DEFENSA Y OTAN ¿SIN ESTADOS UNIDOS?
Europa, como Unión, tiene un programa universal de defensa (EDIP), pero no piensa ahora comprarle equipos a Estados Unidos.
Arrancó con 1,500 millones de euros. Pero la invasión de Ucrania les enseñó mucho a los europeos: lo primero es que no pueden ser débiles y desunidos, no pueden frenar a Rusia ni a nadie; lo segundo, que no eran capaces de producir bienes de mantenimiento de su industria militar, ni tampoco municiones suficientes. Tercero: estaban rezagados y aletargados.
Antes solamente lo compraban en los Estados Unidos, aliado imperturbable y confiable que llenaba sus arcas. Ahora lo harán ellos mismos y simplemente pedidos de F-35 por Dinamarca quedaron en entredicho. Ahora van por el Eurofighter o el Raf
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