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Indicador Político:

El gabinete para el crecimiento económico instalado el miércoles 29 de enero es apenas un paso hacia la reorganización de la política de gasto productivo del gobierno. Sin embargo, las inversiones privadas no dependen de una estructura burocrática que en los hechos ya existe, sino de un acuerdo político del Estado con los empresarios.

El nuevo gabinete reinstala tres versiones anteriores: la comisión nacional de inversiones que operaba la presidencia de la república al margen de las funciones de gasto de la Secretaría de Hacienda, la Secretaría de la Presidencia creada por el presidente López Mateos en diciembre de 1958 para centralizar inversiones y la Secretaría de Programación y Presupuesto del presidente López Portillo en diciembre de 1976 para separar gasto de ingreso. En enero de 1992 la SPP mutó sus funciones al gasto social y ya no de inversiones públicas y se llamó Secretaría de Desarrollo Social. Y en el gobierno actual refrendó el modelo salinista con el nombre de Secretaria de Bienestar.

En ese largo periodo de los cuarenta a 2018, esa oficina de inversiones productivas y luego sociales catapultó candidaturas presidenciales. De ahí salieron tres precandidatos presidenciales –Donato Miranda Fonseca, Emilio Martínez Manautou y Hugo Cervantes del Río–, tres presidentes de la república –Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo– y dos candidatos presidenciales derrotados –Josefina Vázquez Mota y José Antonio Meade Kuribreña–.

El ejercicio de los presupuestos de ingreso-gasto siempre fue un problema de administración de recursos. Cuando el gasto estaba en Hacienda, el titular ejercía austeridad en el gasto; en los tiempos de la SPP el titular gastaba sin atender restricciones presupuestales.

En sus primeros meses de gobierno el presidente Echeverría creó la Comisión Nacional Tripartita, que tuvo entre sus funciones reordenar las inversiones productivas del gobierno. López Portillo, ante el enfrentamiento empresarial que heredo de Echeverría, promovió la Alianza Nacional para la Producción como mecanismo coordinador de gasto productivo-inversiones empresariales. Como Bienestar Social, el gasto productivo regresó a Hacienda.

La Secretaria de Hacienda del gobierno de López Obrador carece de flexibilidad para manejar inversiones por escasa experiencia del actual titular Arturo Herrera, más financiero que inversionista. Su antecesor Carlos Urzúa sí sabía de inversiones, pero el funcionamiento personal de la presidencia lopezobradorista le impedía operar con libertad.

La centralización de las inversiones ya había sido anunciada por el presidente López Obrador mediante un programa pactado con el sector privado. Sin embargo, poco se ha avanzado. A medio camino el jefe de la oficina de la presidencia, el empresario Alfonso Romo, se hizo cargo del procesamiento de las inversiones en función de sus buenas relaciones con el sector privado, él mismo empresario.

Sin embargo, el problema no es de centralización ni de programación, sino de un acuerdo específico con los empresarios. El asunto radica no en la existencia de inversiones públicas que pudieran ser concesionadas al sector privado, sino a relaciones productivas de complementariedad. El sector público en este gobierno mantiene mucha desconfianza con el empresariado y éste ha respondido con una fase de atonía de inversiones.

El Estado lopezobradorista ha tomado para sí las grandes inversiones, pero dejándole a los empresarios algunas menos redituables. Pemex, CFE, aeropuerto de Santa Lucía y Tren Maya, entre otros, son grandes proyectos que el Estado no quiere abrir a la empresa privada. Y la negativa se basa en un resentimiento que influye en la retracción empresarial en inversiones: las acusaciones públicas de que los empresarios privados defraudan con las obras y las ven como negocios y su complicidad con gobiernos priístas anteriores. En este sentido, las obras enlistadas en la primera fase de inversiones privadas no resultan atractivas para los empresarios y pudieran no concretarse, porque los empresarios tienen la sensación de que les están dejando las sobras.

En el fondo, el programa de inversiones tiene dos niveles: primero, la inversión pública es de apenas el 15% de la total, pero detona la participación empresarial del 85%; y segundo, las inversiones privadas requieren de estabilidad, entendimiento y buenas relaciones productivas con el Estado, además de atractivas tasas de utilidad.

En todo caso, el nuevo gabinete para el crecimiento servirá, como las oficinas anteriores, en un posicionamiento político de su titular, colocando, aunque no quiera, a Alfonso Romo en el escenario de gabinete de primer nivel y por tanto en la lista de potenciales presidenciales para el 2024.

Política para dummies: La política es un acuerdo de clases productivas.

 

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Ante EE. UU., México con seguridad nacional obsoleta y ajena al Estado

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Carlos Ramírez*

Si el gobierno de EEUU tiene muy claro desde 1969 que la relación con México es de seguridad nacional en su máxima expresión y ha creado instancias, doctrinas y oficinas especializadas, en México sigue operando el viejo modelo de cerrar los ojos como una forma de suponer que el problema de la vecindad estratégica no existe.

Las nuevas relaciones bilaterales que potenció el Tratado de Comercio Libre de 1991-1993 no fueron procesadas por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Vicente Fox, en atención a la propuesta de Adolfo Aguilar Zínser, creó el Consejo de Seguridad Nacional tipoCasa Blanca y la ley de seguridad nacional, pero sin construir instancias de autoridad adecuadas. Calderón y Peña se conformaron con oficinas de seguridad pública, pese a que la lucha contra el narco fue asumida en función de doscriterios desafiantes: la seguridad nacional y la seguridad interior. Y de 1989 a 2018, la cancillería quedó en una ventanilla grandota para emitir pasaportes.

Como prioridad, el gobierno del presidente Biden tardó sólo dos semanas en dar un adelanto de su estrategia de seguridad nacional, sobre todo para romper con la del gobierno de Trump que seguía vigente hasta tener una del nuevo gobierno.

México debiera tener nuevasoficinas y sobre todo enfoques, doctrinas y directrices de seguridad nacional estratégica vis a vis la geopolítica del imperio estadunidense en instanciasprecisa de poder: Palacio Nacional, la cancillería, Defensa Nacional, el mismo Centro Nacional de Inteligencia, Seguridad y Protección Ciudadana, Hacienda, Economía y Gobernación, entre otras. La línea conductora debiera estar en Relaciones Exteriores y la Defensa Nacional, pero en la primera desaparecieron la subsecretaria de asuntos de América del norte, trasladaron los temas a una dirección general y buena parte de los enfoques salen de la jefatura de la oficina del canciller.

En materia de funciones, México debió de haber tenido desde la negociación, firma y operación del Tratado comercial cuando menos cinco doctrinas estratégicas: de defensa nacional, de geopolítica, de seguridad nacional, de inteligencia y de asuntos norteamericanos. Y falta un sistema nacional de inteligencia para temas nacionales vinculados a extranjeros, donde los temas criminales se procesen como enfoques de seguridad nacional.

La cancillería ha comenzado a explorar la construcción de un frente integral de política exterior-defensa nacional-seguridad nacional, pero sinrepresentar nuevas políticas de Estado. El Consejo de Seguridad Nacional propuesto por Aguilar Zínser sigue vigente en la Ley de Seguridad Nacional, pero es inexistente en la realidad.

El enfoque estratégico de seguridad nacional constituye la principal necesidad en la formación de gobernantes y de instancias institucionales que tengan que ver con la política exterior. En el Senado existe una comisión bicameral de seguridad nacional que fue creada a instancias de Manuel Camacho Solís, pero en los hechos no funciona.

La apertura del poder legislativo a áreas de inteligencia, seguridad nacional y defensa nacional fue una de las grandes victorias en EE. UU. en la reforma de seguridad ante el terrorismo. En el Comité de Inteligencia se aprueban estrategias, se supervisan operaciones secretas y se mantiene el control de los espías, aunque no siempre con éxito. En México no existe siquiera alguna idea del papel que debiera jugar el Senado en la seguridad nacional, aunque tiene en su seno una comisión que sólo recibe fondos sin realizar funciones de supervisión y vigilancia.

El Senado mexicano, sobre todo, tiene facultades constitucionales para atender asuntos de política exterior, pero carece de personal, senadores y experiencia. Ahora mismo se percibe una ignorancia asombrosa de la crisis en EE. UU. entre los senadores mexicanos vinculados a la política exterior, al grado de que la Secretaría de la Defensa Nacional ha tenido que dar cursillos de comprensión de la seguridad nacional a senadores y su personal.

Pero el asunto debe ir más allá de la comprensión de términos y aterrizar en la profesionalización de funcionarios públicos de los tres poderes, porque hasta en la Suprema Corte hay una enorme incomprensión de las doctrinas de seguridad nacional que rebasan el modelo kelseniano de derecho puro.

La asimetría en los enfoques de un país hacia otro tiene que ver en México con el miedo a profesionalizar la seguridad nacional como un concepto de Estado.

 

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Política para dummies: Las relaciones exteriores son producto de equilibrios de seguridad nacional.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- México en la Casa Blanca no es tema presidencial, sino de seguridad nacional

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Carlos Ramírez

A pesar de los esfuerzos personales de los presidentes estadunidenses de Nixon a Biden para tratar de entender a su vecino geopolítico, en los hechos México no es un asunto de relación personal de los presidentes, sino una prioridad de seguridad nacional. Una frase se coló en la declaración de Biden; “lo que pasa en México repercute en nosotros”.

En este sentido, la principal responsable del mexican desk (escritorio de asuntos mexicanos) del gobierno de EE. UU. no será el embajador o la embajadora en México aún sin conocerse, sino la embajadora en retiro diplomático Roberta Jacobson, quien fue representante en México un año de Obama y año y medio de Trump.

Jacobson continuará el enfoque de seguridad nacional que tuvieron dos encargados de asuntos mexicanos que fijaron el tema México: el analista de la CIA y luego director de asuntos latinoamericanos del Consejo de Seguridad Nacional con Ronald Reagan, Constantine Menges, por recomendación del senador ultraderechista Jesse Helms. Menges acuñó el concepto que sigue vigente en EE. UU.: “México (es el) próximo Irán en nuestras puertas”, una revolución religiosa y populista. Luego estuvo el embajador John Dimitri Negroponte 1989-1993, pero con una carrera sólida en la estrategia clandestina de seguridad nacional de la Casa Blanca; Negroponte consolido el Tratado de comercio Libre como el factor de sumisión de México a la lógica de seguridad nacional estadunidense.

En este contexto se localiza el nombramiento que hizo el presidente Biden de Jacobson como la responsablede la agenda de México en EE. UU.: la embajadora es experta en relaciones diplomáticas, pero sensible a los enfoques de seguridad nacional. Su habilidad estratégica le ha permitido laborar para republicanos como George Bush Jr. y Donald Trump y demócratas como Barack Obama. Fue, por su enfoque de seguridad subsecretaria adjunta de Estado para Canadá, México y el Tratado en el gobierno de Obama.

Jacobson fue designada embajadora en México por el presidente Obama, pero permaneció año y medio durante el gobierno del republicano Trump, aunque sin capacidad de movimientos porque los asuntos realesde las relaciones diplomáticas pasaron a responsabilidad directa del yerno presidencial Jared Kushner para una diplomacia personal de intereses.

El cargo de Jacobson en la administración actual de Biden revela, al mismo tiempo, la jerarquizaciónestratégica de México en el tablero geopolítico de la Casa Blanca: el tema de la frontera bilateral de más de tres mil kilómetros abarca todo el flanco sur de EE. UU., de la bahía militar de San Diego hasta la punta de la península de Florida que hace frontera estratégica con el caribe aún cubano-soviético. Y los tres temas en la frontera son clave para la Casa Blanca: migración ilegal, cártelesdel crimen organizado en tráfico de drogas por corrupción en ambos lados y puerta sur de seguridad nacional sudamericana.

En este sentido se localiza la decisión presidencial de Biden de incrustar las funciones de Jacobson en el seno del Consejo de Seguridad Nacional, un organismo asesor de funciones y no operativo, salvo por el papel del teniente coronel Oliver North desde el CNS para el financiar de manera ilegal a la contra nicaragüense con tráfico de armas a Irán. El papel de Menges en el CSN fue de prender focos de alarma –ya no de alerta– sobre México y de participar en el intento de Reagan y el director de la CIA William Casey en 1985 para fabricar un reporte que dijera que México estaba al borde el caos. La historia la contó Bob Woodward en su libro Velo. Las guerras secretas de la CIA.

Jacobson, por tanto, será la encargada de la Casa Blanca del tema México desde la perspectiva de seguridad nacional.

 

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Sinaloa. Tres doritos después. Luego de acusar de corrupción a Rubén Rocha Moya, hoy candidato de Morena al gobierno de Sinaloa, el hasta hace poco candidato del Partido Sinaloense y Movimiento Ciudadano, Héctor Melesio Cuén Ojeda, ha decidido sumarse al carro morenista a cambio de alguna posición menor. Es el caso típico de “tres doritos después”: de mendigo a millonario. Ahora el morenista Rocha va a tener que asumir parte del desprestigio de su exacusador, mientras el candidato del PRI-PRD-PAN, Mario Zamora Gastélum, sólo tiene que esperar que la alianza Cuén-Rocha le traslade votos.

 

Política para dummies: La política no es diplomacia, sino dominación de poder.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- México-EE. UU.: no hay trato igual entre desiguales; Casa Blanca dice

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Carlos Ramírez

Los presidentes estadunidenses siempre han supuesto que sus encantos personales pueden marear o engañar a los presidentes mexicanos. Pero en 1977 el presidente Carter asumió compromisos personales con el presidente López Portillo, pero al final se impuso el enfoque estratégico del imperio. Carter sólo dijo: “Casa Blanca dice”.

La reunión formal por internet entre el presidente Biden y el presidente López Obrador fue, en consecuencia, de tanteo. Mientras que con Donald Trump hubo trato personal y compromiso directo del presidente estadunidense, Biden acudió con todo su aparato de inteligencia y seguridad nacional como para enviar el mensaje de que México no es un vecino, sino una pieza en el tablero geopolítico del regreso de la Casa Blanca al control imperial del mundo.

El saldo de la reunión se debe leeren lo no escrito ni dicho, sino en las intenciones de los enfoques de reconstrucción del imperio que ha anunciado Biden. Las tres prioridades de la Casa Blanca quedaron claras: seguridad fronteriza a nivel de Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, inversión extranjera en México en sectores estratégicos energéticos pactados en el Tratado y respeto al liderazgo estadunidense en materia de cambio climático y energías limpias.

En los hechos, Biden y su aparatode seguridad nacional regresaron la relación bilateral al modelo republicano-demócrata imperial de Bush-Clinton del Tratado Salinas-Negroponte de 1993, a través del cual EE. UU. jalaba a México al acuerdo productivo globalizado, pero a cambio de ceder en sus enfoques nacionalistas geopolíticos. Salinas cumplió con todos los requisitos, arrió la bandera de los intereses nacionales y cedió el ultimo resquicio de independencia geopolítica que anidaba en el “nacionalismo defensivo” en repliegue.

Lo que está en litigio en el caso actual de la reforma eléctrica mexicana no se localiza en los acuerdos privatizadores del Tratado, sino el compromiso mexicano de Salinas de Gortari de entregarle la economía mexicana a las necesidades estadunidenses. La reforma eléctrica de Peña Nieto, en la lógica del Pacto Salinas-Negroponte, puso en el centrodel debate al Estado mexicano como instancia y autoridad soberana disminuida. Por eso los secretarios de Estado de Trump y de Biden formaron un trabuco para exigirle a México la privatización de la energía eléctrica mexicana.

El otro dato de la reunión vía internet radicó en los mensajes nada subliminales de los conductores de las agendas. Biden llegó sin embajador en México y con la exembajadora de Clinton-Trump, Roberta Jacobson, como la encargada de la línea de seguridad estratégica fronteriza dentro del poderoso Consejo de Seguridad Nacional. Ahí estuvieron los mensajes: Mexico es un riesgo de seguridad, la clave está en la frontera con migración y narco. El nuevo embajador mexicano en Washington, Esteban Moctezuma Barragán, desplazóa la pronorteamericana Martha Bárcena y la agenda real la conducirá el canciller Marcelo Ebrard Casaubón, bajo la supervisión directa del presidente López Obrador.

En los hechos, nada se esperaba, en realidad, del encuentro. Con habilidad, el presidente López Obrador mandó mensajes preparatorios como pequeñas trampas políticas para obligar al gobierno de Biden a llegar a la mesa con varios noprevios: las vacunas, el acuerdo migratorio, el control de agentes extranjeros, las estrategias contra el narco, las presiones de El Chapo y su esposa Emma Coronel y el caso del general Cienfuegos.

Asimismo, el encuentro sirvió para conocer las agendas de cada contendiente. Biden estuvo con la cargadel expresidente Donald Trump rompiendo el consenso interno para la política exterior y la amenaza de que regresará a la candidatura presidencial en el 2024, además de no saber administrar hasta ahora las histerias políticas de la reina Nancy Pelosi y su lucha personal contra Trump. Sin un acuerdo con Trump como jefe político republicano, la política exterior de Biden carecerá de consenso interno y sus alcances serán menores.

México aprendió a negociar con Príncipes a partir de la experiencia indígena de pactar con los virreinales españoles. El principal instrumento de negociación de México es la vecindadterritorial: o EE. UU. negocia o se desgasta tratando de cambiar a los mexicanos. Los estrategas de Biden son, todos, burócratas. El único que supo calibrar a México fue Trump y por eso la agenda la llevó su yerno Jared Kushner.

 

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Política para dummies: La mejor política contra el poderoso es la no-política.

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