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Carlos Ramírez*

Ahora que casi toda la clase política está enamorada del modelo electoral presidencial de los EE. UU., niega el fraude electoral denunciado por Trump y quiere desde ya entregarle la Casa Blanca a Joe Biden, se podría aprovechar el entusiasmo para importar el esquema estadunidense e inaugurar una democracia al estilo americano.

En los EE. UU. no existe un organismo electoral nacional que controle las elecciones, ni un consejo electoral ciudadano que opere como Corte Suprema Electoral, ni consejeros que funcionen como embudo electoral. Existen cincuenta oficinas electorales y se realizan cincuenta elecciones estatales, con responsabilidad local. En elecciones presenciales cada estado emite sus resultados locales y son los medios –de manera destacada la agencia AP, Associated Press– quienes suman esos resultados locales y adelantan tendencias nacionales.

De aplicarse en México el modelo, nos ahorraríamos el enorme costo de hipopótamo del INE, nos quitaríamosde encima a la autoridad electoral como instancia autoritaria que dicta reglas por encima de la Constitución y despediríamos a consejeros electorales que cobran sumas estratosféricas de salarios y prestaciones sin garantizar resultados creíbles, además de que el Instituto y su consejo está dominado por los partidos a los que dice controlar. Los consejeros en realidad cobran por realizar elecciones.

El financiamiento a los partidos debe desaparecer a cambio de reglas penales mucho más estrictas –como en los EE. UU.– en recaudación para evitar el dinero del crimen organizado o de los grupos de poder. Y la credencial de elector, que se solicita con criterios de buena fe, se puede fácilmente sustituir con la indispensable cédula de identidad que sigue faltando como mecanismo urgente de seguridad nacional.

Los estados tendrían que crear sus organismos electorales locales y pagar los costos de la credibilidad. Si los gobernadores hacen organismos para el fraude, que corran el riesgo y paguen de manera penal las decisiones delictivas. En elección presidencial se harían aquí treinta y dos elecciones locales, con vigilancia local.

Con esta estructura que tiene deslumbrada a la clase política mexicana y que funciona tan bien que aseguran en México que Biden no hizo fraude electoral, México podría desaparecer el INE, ahorrarse miles de millones de pesos para destinarlos al gasto social y construir un mecanismo electoral basado en la confianza y el control legal y ciudadano.

Los actuales consejeros electorales que defienden con pasión y rigidez legal su salario por arriba del tope del salario presidencial y exigen sus prestaciones por servicios electorales cobrados a la democracia saldrían sobrando. Las reglas electorales deben ser mínimas y se pueden mantener organismos electorales estatales sin control de los gobernadores-virreyes-califas-tlatoanis.

Las leyes electorales estatales que cuidan el fraude podrían ser, ahí sí, extremas para penalizar las irregularidades, porque hasta se ahorraría también el gasto inútil en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en donde en la actualidad la corrupción política ha restado credibilidad a sus funciones.

Y al final de cuentas, como se ha visto desde su fundación en 1990 por el presidente Carlos Salinas de Gortari, la estructura electoral no ha podido evitar los fraudes e irregularidades electorales, ha penalizado tareas electorales sobre todo en materia de información y análisis crítico y se ha subordinado a los voluntarismos autoritarios presidenciales como se vio en los fraudes electorales de 1994, 2000, sobre todo 2006 y 2012, e inclusive hubo parcialidad del INE a favor del PRI y del PAN en las presidenciales de 2018, sólo que la tendencia a favor de López Obrador bloqueó las intentonas del INE para privilegiar al PRI y al PAN.

Por lo tanto, habría que aprovechar el entusiasmo de los políticos mexicanos con la victoria de Biden en la estructura electoral de los EE. UU. y su calificación de inexistente al fraude denunciado por Trump para importarese sistema electoral y, sobre todo, ahorrarnos la existencia del INE que ha encarecido la democracia con una burocracia electoral dorada que sigue desangrando al presupuesto público.

 

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Política para dummies: La política tiene que ser barata porque es misión, no empleo.

 

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Neoliberalismo salinista incrustado en sistema, régimen, Estado y Constitución

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Carlos Ramírez*

A comienzos del próximo año la editorial Indicador Político publicará –en versión impresa y digital– el libro La contrarrevolución neoliberal de Carlos Salinas de Gortari para ilustrar la forma en que se transitó del Estado social de la Revolución Mexicana al Estado neoliberal de mercado. El ciclo va de del Plan Global de Desarrollo 1980-1982 al Tratado de Comercio Libre de 1994.

Los tecnócratas que llegaron a la Secretaría de Programación y Presupuesto a mediados de 1979 tuvieron la tarea de fijar un viraje neoliberal al proyecto social del Estado, reformar la Constitución para definir al Estado autónomo de los compromisos sociales y convertir al PRI en el aparato electoral del nuevo proyecto de liberalismo social.

En quince años ese grupo modificó el sistema político, el régimen de gobierno, el Estado constitucional y la cultura histórica mexicana con respecto a los EE. UU. y a la propia historia nacional para cambiar los artículos constitucionales que fueron consolidación legal de las banderas de la Revolución Mexicana. El proyecto salinista iría de 1979 a 2006 con la continuidad presidencial de De la Madrid, Salinas de Gortari, Luis Donaldo Colosio y Ernesto Zedillo.

El asesinato de Colosio rompió el proceso salinista, aunque dejó latente el modelo neoliberal salinista sin Salinas de Gortari hasta 2018: Zedillo profundizó la reforma neoliberal del Estado, Vicente Fox llevó a Hacienda Francisco Gil Díaz que era el jefe de los Chicago boys mexicanos o técnicos neoliberales friedmanianos incrustados en Banco de México, Comercio y Hacienda, Calderón mantuvo el rumbo con Agustín Carstens –nada menos que subgerente general del FMI— como titular de Hacienda y Banxico y Peña Nieto garantizó con Luis Videgaray Caso la presencia de otro de los ideólogos del neoliberalismo salinista: Pedro Aspe Armella. Los cuatrojinetes del neoliberalismo salinista fueron Joseph-Marie Córdoba Montoya, Gil Díaz, Aspe y Jaime Serra Puche.

La contrarrevolución neoliberal de Salinas de Gortari modificó no sólo la estructura del poder para entronizar una nueva forma de presidencialismo autoritario, sino que cambio el discurso histórico de la Revolución Mexicana y desensambló la estructura de clases en el partido del gobierno que había creado el presidente Cárdenas para garantizar la vigencia del proyecto revolucionario en fase ya de posrevolución. Asimismo, articuló su propiaplutocracia al privatizar las empresas públicas para construir una nueva clase empresarial con Carlos Slim Helú al frente con el regalo de Telmex. Y el punto culminante estaba en la reconstrucción del PRI con Colosio para sustituir a las bases sociales posrevolucionarias con la clientela de Pronasol.

El modelo neoliberal interno quedó atado –y muy bien atado– con el Tratado de Comercio Libre que subordinó la economía, el Estado y el sistema productivo mexicanos a las necesidades de los EE. UU., sin un modelo de desarrollo con capacidad para competir con los nuevos socios comerciales. Por eso el TCL propició una desindustrialización nacional y bajó la partición de partes mexicanas en la exportación de 59% en 1993 a 37%en 2018.

Si la 4-T no fija la meta de desmantelar la contrarrevolución neoliberal de Salinas de Gortari y reconstruir un Estado social de clases con minuciosidad sistémica, sus alcances serán limitados y no podrá crear el modelo de desarrollo con distribución de la riqueza social que se ha fijado como tema de modelo posneoliberal.

 

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Homenaje a Ruth Bader Ginsburg. En un acto simbólico, la Suprema Corte de México rindió homenaje a la Mrs. Justice Bader Ginsburg, de la Corte Suprema de los EE. UU., recientemente fallecida. En la XVII edición de la Feria Internacional del Libro Jurídico la ministra Margarita Ríos Farjat, la periodista y académica estadounidense Linda Greenhouse, Fabiana Tena Estrada, Coordinadora de Asesores de la Presidencia de la SCJN y Ana María Ibarra, directora del Centro de Estudios Constitucionales de la Corte dialogaron sobre la figura de la jueza y su libro My own Words. El legado de Bader Ginsburg fue a favor de la mujer y la justicia progresista.

 

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Política para dummies: La política puede desandar lo desandado, si se quiere.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- La reforma constitucional al Estado salinista, clave para potenciar la 4-T

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Carlos Ramírez*

El comienzo del tercer año de gobierno y el marco referencial de la Cuarta Transformación (4-T) han avanzado a base de decisiones aisladas, Pero la clave de su viabilidad en la construcción de un proyecto posneoliberal radica en la postergada reforma constitucional al Estado neoliberal delamadridista-salinista.

El neoliberalismo mexicano no se aplicó de forma doctrinaria, ni en decisiones de coyuntura. De la Madrid y Salinas de Gortari crearon un maco histórico, reformaron en la Constitución las funciones del Estado y trataron de perfilar una doctrina ideológica. Al final, las reformas sólo se redujeron al neoliberalismo económico puro, sin ideología ni bases sociales.

La 4-T es un proceso de transición del sistema neoliberal a un modelo de Estado social; al menos así se deriva de las decisiones asumidas en estos dos años de gobierno. Sin embargo, los alcances de la 4-T van a depender de las reformas constitucionales necesarias e indispensables a la reforma constitucional de De la Madrid-Salinas de Gortari que le dieron estructura legal al proyecto neoliberal: el paso del Estado social de la Revolución Mexicana o lo que quedaba de ella después del gobierno de López Portillo al Estado autónomo de los compromisos sociales históricos.

Las reformas constitucionales de De la Madrid y Salinas de Gortari desmantelaron las funciones del Estado histórico y lo dejaron como una estructura funcional a la economía de mercado. La 4-T y su proyecto posneoliberal quiere regresar al Estado como eje de la economía y a los compromisos de equidad social que el mercado no se preocupa por atender. Sin embargo, estas metas de la 4-T serán imposibles de lograr si no se reforma al Estado constitucional neoliberal y si no se define, de manera simultánea, un nuevo proyecto de desarrollo, una nueva economía mixta y un nuevo Estado de bienestar.

Ahí es donde el presidente de la república ha estado operando, sólo que de manera aislada, individual, sin contar con una élite intelectual constructora del nuevo pensamiento, sin un partido que reorganice y movilice a las clasessociales y sin una propuesta de redefinición del Estado. De la Madrid y Salinas dejaron al modelo neoliberal muy atado a la Constitución, metido en las estructuras del PRI con los comités Pronasol sustituyendo a los seccionales del partido y una nueva política presupuestal ajena al papel del Estado para dinamizar la economía.

El modelo de Estado autónomo fue tomado por Salinas de Gortari, para las reformas constitucionales delamadridistas del 19 de enero de 1983, de la corriente del neoliberalismo salido del marxismo arrepentido de Theda Skocpol en Harvard por los mismos años en los que Salinas de Gortari estudiaba su doctorado en la misma universidad. El Estado dejaba, explicó en un discurso de 1985, de ser el campo de batalla de las clases sociales, se colocaba al margen de la disputa por la dirección política de los gobiernos y administraba recursos en función de programas carentes de bases sociales. Ahí, en ese modelo, el PRI de Salinas de Gortari y Luis Donaldo Colosio perdieron bases sociales y llevaron a la sustitución de la Revolución mexicana por el modelo juarista de “liberalismo social” que no era otra cosa que las bases del capitalismo mexicano.

En este contexto, a las decisiones de la 4-T le faltan estructuras constitucionales. La Guía Etica para la Transformación de México requiere de reformas constitucionales para tipificar de manera delictiva la corrupción. En diciembre de 1982, al tomar posesión. De la Madrid presentó el discurso de la renovación moral de la sociedad, pero lo acompañó de la reforma constitucional para caracterizar nuevos delitos y someter a funcionarios a la penalización de corruptelas. Sin castigos incluidos en las leyes, la guía ética quedará como referencia simbólica.

Sin una reforma al Estado neoliberal delamadridista-salinista, los alcances de la 4-T serán sexenales, dependerán de la fuerza personal del presidente en turno y podrían modificarse con los reacomodos electorales. Ahí es donde ha fallado Morena como el aparato político-ideológico de partido de la 4-T y ahí estaría el desafío para Mario Delgado como nuevo dirigente.

El presidente López Obrador entra a su segundo tercio de gobierno con el desafío de llevar a la Constitución el Estado posneoliberal.

 

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Política para dummies: La política es fuerza, no ética.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- México-Biden (y 10). Con EE. UU. sólo una diplomacia posneoliberal

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Carlos Ramírez* 

Como la política exterior es una extensión de la política interior y como los EE. UU. son para México un asunto de política interna y el relevo en la Casa Blanca marcó la llegada de los halcones de la seguridad nacional imperial demócrata-republicana, las posibilidades de la 4-T como proyecto del grupo gobernante requerirá la cancelación de la diplomacia neoliberal mexicana que dejó muy atada el proyecto salinista y una nueva diplomacia posneoliberal.

Con las conclusiones de 1988 de la Comisión sobre el Futuro de las Relaciones México-Estados Unidos tituladas El desafío de la interdependencia y el contenido estratégico de seguridad nacional de los EE. UU. en el Tratado de Comercio Libre del Memorándum Negroponte de 1993, México tuvo que modificar su pensamiento histórico sobre su vecino y subordinarse a la lógica de la seguridad nacional imperial de la Casa Blanca.

El enfoque nacionalista, de mercado interno y posneoliberal del gobierno del presidente López Obrador pudo eludir las doctrinas imperiales porque el presidente Trump carecía de un pensamiento estratégico de seguridad nacional imperial y buscó sólo que México no se aprovechara de la globalización a costa de empresas y empleos estadunidenses. Sin embargo, el equipo de política exterior del presidente Biden es una mezcla de la dominaciónrepublicana de la seguridad nacional autoritaria y las sonrisas demócratas para aplicarlas.

Una buena parte de los votos a favor de Biden estuvo estimulada por el mensaje de que Trump había hecho declinar el poderío estadounidense de dominación en detrimento del confort estadounidense y que se requería el regreso a la diplomacia de las cañoneras y del big stick (gran garrote). En este sentido, México debe prepararse para una fase de presión estadounidense que lo obligará a apoyar iniciativas militaristas estadounidenses.

En este sentido, los grandes temas de la agenda de Biden con México se van a reducir a dos puntos: migración y narcotráfico, las dos con una mayor intervención de la Casa Blanca en las políticas mexicanas. Biden hará máspresiones de las que hizo Trump en esos dos temas, con la diferencia de que Trump aplicó coacciones para contener conflictos, en tanto que el equipo de seguridad nacional y política exterior de Biden las usará para controlar a México y alinearlo a las prioridades estadounidenses contra China, Rusia, Venezuela e Irán.

El corto ciclo seguro de cuatro años de Biden en la Casa Blanca –en realidad los primeros dos, porque los otros dos serán de lucha por la candidatura presidencial estadounidense de 2024– obligará a México al replanteamientode una política exterior posneoliberal y no ortodoxa, fuera de las tradiciones conservadoras de la diplomacia burocrática de la cancillería. Los primeros indicios revelan que el canciller Marcelo Ebrard entiende de estos juegos de poder, pero la burocracia diplomática está presionando en Palacio Nacional para subordinar a México a la lógica del poder de la Casa Blanca dominada por la alianza militarista y de seguridad nacional entre demócratas y republicanos.

Lo peor que le puede ocurrir a México será jugar con las reglas de las tradiciones diplomáticas bilaterales, porque ahí la burocracia de poder de la política exterior estadunidense se mueve de manera articulada, en tanto con Trump se basaba en los caprichos personales. En este sentido se localiza uno de los primeros mensajes internacionalistas de Biden: “los EE. UU. (durante su gobierno) están listos para liderar el mundo”. Washington pasará del aislacionismo de Trump al hegemonismo de Biden.

En este contexto, el principal desafío que plantea Biden a México será dar el paso de la diplomacia neoliberal de Salinas de Gortari y las obligaciones geopolíticas del Tratado a una política exterior dinámica, de seguridad nacional hacia el exterior y basada en un replanteamiento de todos los acuerdos de cooperación firmados de 1970 a la fecha porque todos ellos cedieron la soberanía mexicana a los intereses, enfoques y principios estadounidenses. Y el primer paso sería limitar el intervencionismo de la Casa Blanca de Biden en asuntos mexicanos.

 

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Política para dummies: La política es un acto soberano frente a los demás.

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