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Carlos Ramírez

No ha sido culpa, en realidad, de la pandemia del COVID-19. Los países de Iberoamérica nacieron de una expedición de conquista en busca de riquezas y creyentes para la España monárquica de finales del siglo XV y nunca despuntaron altos niveles de desarrollo. Y el intento de principio del siglo XIX de crear el Reino de la Nueva España tampoco explicarse ni entenderse en Madrid por culpa de Bayona.

Los países de Iberoamérica conquistaron su independencia de España en el siglo XIX, pero para caer en las garras de la dependencia estadunidense, soviética y ahora árabe. Los intentos de España de construir una alianza en el escenario de las cumbres iberoamericanas del último cuarto del siglo XX se hundieron con las crisis propias en la Moncloa.

Hoy Iberoamérica entra en una fase de crisis como nunca había vivido, ni siquiera en la del crack de la bolsa de Nueva york de 1929-1932. Enfermedades, pobreza, marginación, hambruna, guerras internas, polarización social y falta de un escenario de prosperidad dibujan el panorama agudizado de crisis del continente americano que fue conquistado por España a finales del siglo XV.

Con el descubrimiento de América, España añadió en su momento 100 millones de creyentes católicos y muchas riquezas naturales. Lo único que ha sobrevivido de aquella conquista es la cultura y la lengua, suficientes para construir alianzas estratégicas. España creó una cultura criolla que aún le debe mucho a la tradición indígena, pero más a la modernidad castellana.

Hoy el continente iberoamericano entra en una zona de crisis profunda. Las expectativas de la Comisión Económica para América Latina ubican el PIB en un promedio de -9% hasta ahora, con cifras de -15% para México. Los cálculos revelan que el continente iberoamericano tardará más de una década en recuperar lo perdido. Pero lo grave es que ha carecido de una verdadera ruta de desarrollo sostenido, con riqueza distribuible y ascenso cultural.

España se la jugó con Europa a mediados de los setenta, pero tiene una deuda moral histórica con Iberoamérica. Es cierto que los escenarios económicos apenas le alcanzan a España para mantenerse en la zona de desarrollo de Europa, pero bien pudiera pactar con Iberoamérica acuerdos que ayuden a esas naciones empobrecidas y de paso fortalezcan la posición española en el nivel europeo.

Nada se ve, sin embargo, en el corto plazo español. Y en Iberoamérica hace tiempo que dejaron de mirar hacia España. La identidad cultural y de la lengua sirve de poco ante el pragmatismo tecnocrático de gobiernos de esos dos bloques de reminiscencias históricas. Iberoamérica bien puede ser un puerto de entrada de España en América –la peninsular y la estadunidense–, pero los estrategas de la geopolítica sólo entienden de disuasiones nucleares, de bloques ideológicos y de intereses religiosos radicales.

El problema de España es que ha visto a Iberoamérica como un inmenso negocio, con 600 millones personas de mercado. Ya ni siquiera la religión interesa. El vicecanciller Alejandro Borgia alentó la expedición de Colon a América en busca de creyentes porque los europeos, orientales y africanos ya estaban escriturados y como papa Alejandro VI consolidó el interés en América. El papa actual de origen argentino ha quedado atrapado en la red de intereses estratégicos de la curia romana y del papel estabilizador del Vaticano en los intereses geopolíticos estadunidenses.

La zona iberoamericana se está hundiendo en un mar de pobreza, marginación y deterioro social por el coronavirus. La crisis de esa zona no interesa ni siquiera al capitalismo estadunidense, ahora en fase de ultranacionalismo racista. México, Brasil y Argentina, las tres economías más grandes y con autonomía relativa en desarrollo, quedaron muy lastimadas con la pandemia y el frenón económico y productivo asumido sin estrategia económica.

Las cifras de la CEPAL son contundentes: no es sólo el PIB, sino la desarticulación de plantas productivas y de cadenas de producción. Nadie le está prestando atención al colapso de Venezuela –su PIB en 2020 sería de -20%–, a pesar de que por su petróleo puede provocar efectos económicos negativos en el mundo. El dato mayor de ese organismo internacional indica que el PIB per capita de la región iberoamericana de 2020 será igual al de 2010, con lo que se confirmaría una década perdida, pero otros datos revelan que tendrán que pasar otros diez años para estabilidad lo perdido y entonces sumarían veinte años tirados a la basura.

Pobreza alimentaria, pobreza salarial, pobreza laboral, pobreza de expectativas formarían los principales escenarios de Iberoamérica para los próximos diez a veinte años. Sólo un gran pacto internacional para el desarrollo de la región iberoamericana podría no recuperar lo perdido, pero sí acortar los tiempos de reactivación. Y no se trata sólo de subsidios a la pobreza, sino de un gran proyecto de modernización productiva –campo, industria y servicios– que los países iberoamericanos no pueden instrumentar por sí mismos.

Europa podría iniciar un gran plan económico para Iberoamérica, así como fue el Plan Marshall de los EE UU para Europa en la posguerra. La economía privada tiene la capacidad para expandirse y aprovechar, inclusive, la existencia de un mercado de 600 millones de personas. Pero para ello se necesita de un enfoque estratégico, geopolítico y hasta de previsión de conflictos porque la pobreza iberoamericana no tardará de nueva cuenta en estallar en violencia política, golpes de Estado y guerrillas.

Por eso la pregunta pertinente: ¿quién en Europa está visualizando la gran crisis en Iberoamérica?

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- El fraude de 86 en Chihuahua contado por AMLO es la versión de Krauze

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Carlos Ramírez*

El “fraude patriótico” en las elecciones de gobernador en Chihuahua en 1986 que contó y desglosó el presidente López Obrador en una reciente conferencia matutina fue centralizado en la historia negra del sistema político priísta por Enrique Krauze en 1997 en su libro La presidencia imperial. Auge y caída del sistema político mexicano (1940-1996), hasta ahora la narrativa más completa del sistema-PRI.

En medio de la polémica por las revelaciones presidenciales sobre la publicidad gubernamental en las revistas Nexos y Letras Libres, el propio presidente rescató el papel de Krauze como historiador de la debacle del PRI. El fraude en Chihuahua, operado por Manuel Bartlett Díaz como secretario de Gobernación y por la maestra Elba Esther Gordillo como lideresa del SNTE precipitó, fue, en efecto, el principio de la caída del PRI-sistema porque fue un elemento que impulsó la creación de la Corriente Democrática del PRI de Cuauhtémoc Cárdenas a las que se sumaron Porfirio Muñoz Ledo y el propio López Obrador.

El fraude en Chihuahua en 1986 fue el hundimiento de la promesa aperturista del presidente Miguel de la Madrid e involucro la sucesión presidencial de 1988 que se resolvió en 1987: Bartlett operó el fraude para De la Madrid y su candidato Salinas de Gortari y prefiguró el fraude electoral también operado por Bartlett de 1988 contra la candidatura presidencial de Cárdenas y en ese año también contra la elección local de gobernador en Tabasco contra López Obrador, candidato cardenista del Frente Democrático Nacional.

Una crisis local poselectoral logró la construcción de un bloque crítico que hizo el milagro de la confluencia en un desplegado de intelectuales de todos los grupos para exigir la anulación de las elecciones. Pero Bartlett, a pesar de reconocer que había habido un fraude, se negó a aceptar anulación por el significado histórico de Chihuahua para el PRI.

En una cena con intelectuales firmantes, entre ellos, Krauze y Aguilar Camín, Bartlett explicó las razones noelectorales por las cuales el PRI no podía “soltar” la gubernatura de Chihuahua: el simbolismo de esa entidad en la historia priísta de la Revolución Mexicana y porque el triunfo del PAN “abría las puertas a tres enemigos históricos de México: la iglesia, los Estados Unidos y los empresarios”.

Krauze termina así la parte de Chihuahua:

“Bartlett –que en su juventud había sido un colaborador y ardiente partidario de Carlos Madrazo– escuchó los argumentos y no movió un ápice su posición. Al final de la cena sugirió que se había cometido un fraude, pero era un fraude patriótico. Cualquier disturbio, advirtió, se toparía con la fuerza pública”.

Presente en la conferencia presidencial donde López Obrador recordó hace días ese fraude chihuahuense, Bartlett guardó silencio. El final histórico fue diferente: el Salinas beneficiario del fraude patriótico en 1986 cedió como presidente de la república la gubernatura al PAN en 1992, año en que Bartlett esperaba que el PRI, vía la operación política del superasesor salinista Joseph-Marie Córdoba Montoya, lo hiciera gobernador de Puebla, como pago de lealtades.

En este sentido, en el análisis de Krauze, el “fraude patriótico” de Bartlett a favor del viejo PRI fue el detonadorde la ofensiva de Cárdenas en el PRI para exigir una elección interna del candidato presidencial, impulso la creación de la Corriente Democrática del PRI que fue aplastada por Salinas y Bartlett en la XIII asamblea nacional de 1987 y lanzó el ciclo salinista neoliberal en 1988.

El “fraude patriótico” de Bartlett a favor del PRI fue el principio de la debacle priísta que terminó en julio de 2018 con la victoria de López Obrador, pero con el dato sobresaliente de que el responsable de ese fraude –y otros simbólicos para el PRI– hoy es miembro del gabinete presidencial ampliado del presidente López Obrador.

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 Política para dummies: La memoria es el veneno de los políticos.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Grupos intelectuales: Revueltas o Benítez/ Fuentes/Monsiváis/Camín o Paz/Zaid/Krauze

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Carlos Ramírez*

Aunque con el debate de los intelectuales y la política va a ocurrir con lo que otros temas que llegan, estallan en escándalo y se van sin resolver conflictos, se trata de uno de los asuntos de cultura política prioritaria de la sociedad.

Los intelectuales legitimaron al régimen priísta hasta 1958, luego pasaron a una crítica al sistema hasta 1968, llegó Echeverría y los regresó al redil y dejaron de ser útiles desde 1978.

A la fecha siguen existiendo tres modelos intelectuales en sus relaciones con el poder/política/Estado/PRI: el sistémico de Fernando Benítez, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis y Héctor Aguilar Camín de formar parte del aparato ideológico del régimen; el autónomo de Octavio Paz, Gabriel Zaid y Enrique Krauze, cuyas coordenadas se pueden localizar dentro del régimen pero con autonomía crítica severa, sin depender de los recursos públicos y en la línea de defensa de la libertad ante el Estado; y el disidente de José Revueltas, quizá el único con talla creativa y voz tronante, desde la perspectiva marxista.

Los posicionamientos se presentan en sus principales textos: los primeros, los sistémicos, se asentaron en el enfoque del nacionalismo revolucionario o “izquierda priísta”, cualquier cosa que esto pudiera ser, abrevado en el cada vez ojo de agua seco del cardenismo al que Revueltas calificó como “iglesia sin papa”. Se autodenominaron “progresistas” como coartada, defendiendo las posiciones populistas del régimen tricolor. Colaboran con Echeverría y con Carlos Salinas de Gortari para darle base cultural a los proyectos presidencialistas, el populista progresista y el populista neoliberal.

Los segundos, los autonomistas, definieron sus posiciones primero respecto al comunismo represor ruso-chino-coreano-cubano y en lo interno han defendido la democracia liberal basada en la libertad de optar y contra el autoritarismo sistémico del Estado priísta. En 1985 Paz y Zaid, en la revista Vuelta, prefiguraron el fin del PRI y fueron atacados por los fascios priístas y comunistas. Nunca dependieron de recursos públicos y fueron cuestionados por recibir publicidad y apoyos privados abiertos.

De los terceros sólo destacó la figura de Revueltas, aunque su objetivo crítico primario fue la estructura comunista partidaria en México. Su ensayo México: una democracia bárbara de 1958 fue el primer ensayo del sistema priísta desde el marxismo. Su tesis principal fue que el enfoque nacionalista revolucionario del PRI se metió como virus en el cuerpo orgánico de la izquierda marxista y lo infectó. Y la historia le dio la razón: en 1989 el Partido Comunista Mexicano, como PSUM-PMS, le cedió su registro legal como partido marxista a los priístas cardenistas de la Corriente Democrática del PRI y su mutación hasta Morena, desapareciendo el pensamiento crítico marxista. Eso sí, Revueltas murió comunista.

Los tres grupos siguen vigentes: los sistémicos se reaglutinaron en Nexos y siguen a la espera del regreso del PRI al poder para recuperar su esencia; los autonomistas perdieron Plural y Vuelta, tienen Letras Libres, padecen del fanatismo populista excluyente, su mercado de lectores se ha reducido por la falta de interés ideológico de los jóvenes y han reinsertado el interés por los textos de análisis político de Octavio Paz; y Revueltas parece haber sido olvidado por sus camaradas, pero a veces se aparece como el fantasma marxista que recorre las conciencias para sacudirlas de su modorra y para decirles en sus peores pesadillas que hace falta un partido socialista, ideológico, dialectico, histórico, y no las caricaturas que andan buscando una izquierda liberal inexistente.

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Política para dummies: La política es el mejor diccionario de la realidad.

NOTA: mañana 16 de septiembre, por ser día de descanso obligatorio, no habrá Indicador Político. Nos leemos jueves.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- EE. UU. 2020: no democracia, sino disputa por conducción del imperio

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Carlos Ramírez*

 

Las elecciones presidenciales en los EE. UU. no muestran una lucha entre los dictadores que siguen a Trump y los democráticos que quieren a Biden-Obama. Al final del día, los dos representan dos corrientes del mismo imperio estadunidense que anda en busca de reorganizar su dominación interna: la derechista de los demócratas y la puritana de los republicanos.

Muchos analistas mexicanos han caído en la trampa retórica de suponer que Trump es un enemigo de la democracia y que quiere imponer una dictadura en una nación controlada por los intereses financieros, mediáticos, militares y corporativos y que la pareja Biden-Obama es la salvadora de la democracia idealizada por el vizconde de Tocqueville. Las gestiones de Reagan y Obama demostraron que la Casa Blanca es el trono de un imperio mundial, el único hasta ahora.

La dominación de los intereses hegemónicos sobre las élites se puede permitir el lujo de impulsar corrientes “socialistas” como las de Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez que no pasan de ser populistas tercermundistas y estatistas. El triángulo del poder en los EE. UU. tiene sus tres vértices: el Pentágono, WallStreet y los ricos y corporaciones de Forbes y Fortune.

El error de Trump ha estado en su negativa a someterse a los dictados de ese Estado profundo del establishment demócrata-republicano y gobernar a partir de sus caprichos que, por lo demás, responden a los sentimientos antiautoridad del Estado por parte de los granjeros y trabajadores que no disfrutan de las mieles de la riqueza y el confort. La brutalidad policiaca contra los afroamericanos responde a la lógica del establishment demócrata-republicano y no a las huestes de Trump. Al buscar un modelo económico que genere más empleo, salarios y bienestar, Trump aparecería más populista, aunque lo repudian por su estilo atrabancado de referirse a mujeres y a los migrantes.

El discurso del miedo que ha desarrollado la candidatura Biden-Obama contra Trump en el sentido de que va a cometer fraude, suspendería las elecciones o de plano se negaría a dejar la Casa Blanca si pierde estaría en la argumentación de campaña. Como todos los presidentes en ejercicio, Trump ha hecho uso de todas las estratagemas e instrumentos de poder de la Casa Blanca para ganar, como antes lo hicieron todos, incluyendo al John F. Kennedy que pactó con la mafia cubana operaciones de fraude electoral.

La victoria de Trump en el 2016 atrapó distraído al establishment, quienes creyeron las encuestas de la estructura de sondeos de los grandes diarios que pertenecen a esa organización de poder ya no tan secreto. Trump en la Casa Blanca desplazó a los personeros del Estado-establishment y gobernó a capricho porque era la única forma de administrar el poder. Pero en estos casi cuatro años, Trump no se salió de la agenda imperial estadunidense. En cambio, con tal de construir una opción, la pareja Biden-Obama está comprometiendo una agenda progresista contraria a los intereses dominantes del complejo militar-industrial-mediático.

Lo que hay que entender es que los EE. UU. no votarán entre democracia o dictadura, sino por un administrador del mismo imperio. A Trump le critican sus frases hirientes contra migrantes, pero Obama en sus dos periodos deportó a más de tres millones de indocumentados hispanos y se ganó a pulso el título de Deportador en Jefe.

La imagen nada democrática de falta de respeto a las instituciones democráticas la dio la demócrata Nancy Pelosi en el último informe de gobierno de Trump cuando delante de la asamblea rompió en pedazos su copia del informe gritando ¡mentiras!, un acto de repudio a las instituciones.

De la ahí la importancia de fijar las elecciones estadunidenses en sus verdaderos parámetros: hay dos candidatos –Trump y Biden/Obama– que representan al mismo imperio explotador, invasor y racista.

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Política para dummies: La política consiste en saber identificar los demonios.

 

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