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Carlos Ramírez

 

La creación de una empresa estatal comercializadora de medicinas para la salud pública y el uso pagado de las televisoras privadas para la transmisión de clases públicas de emergencia reabren la vieja agenda de la izquierda socialista: la nacionalización de la industria químico-farmacéutica y la expropiación de Televisa por ser instancias claves en la configuración del social del ciudadano.

Esas dos demandas estuvieron en las últimas propuestas del Partido Comunista Mexicano antes de solicitar su legalización en 1978 y, de hecho, quedaron como banderas en la oposición populista. Sin embargo, de manera paulatina fueron arriadas cuando el PCM cedió su registro legal a los priístas de la Corriente Crítica de Cuauhtémoc Cárdenas para fundar el PRD con las metas del neo/pos cardenismo y no del socialismo de izquierda.

Inclusive, las dos demandas expropiatorias fueron propuesta de la primera campaña legal del PCM con registro legal en 1979 y la primera presidencial como PSUM en 1982. El funcionamiento privado de la producción y comercialización de medicinas y de las televisoras como forjadoras del pensamiento social habían sido, inclusive, cuestionadas por grupos priístas progresistas o por funcionarios del gobierno.

Lo que pueda hacer la nueva empresa estatal comercializadora de la 4-T tendrá que someterse a los dictados del oligopolio de las medicinas y el Estado sólo usará pagando el espacio público concesionado a las televisoras privadas para uso comercial. La emergencia medicinal por el coronavirus y la necesidad de mantener funcionando el sistema educativo sin presencia en las escuelas ha vuelto a poner en la mesa de debates el funcionamiento privado o utilitario de funciones privadas concesionadas por el Estado.

En el sexenio de Echeverría hubo iniciativas para aumentar el control público sobre los negocios privados que tenían que ver con la salud pública –física y mental– de los mexicanos. Echeverría se quejó que la televisión destruía por las noches el esfuerzo educativo de las mañanas. Y el poder de las farmacéuticas impedíaregulaciones que bajaran los precios y que aumentaran las disponibilidades de medicinas indispensables para la salud pública.

A lo largo de veinte meses el actual gobierno federal no ha podido romper el bloque de poder y sus influencias políticas de la industria farmacéutica, sobre todo porque muchos políticos del PRI se convirtieron en empresarios del sector y con ello fortalecieron su fuerza contra instituciones políticas donde todavía hay una representación del PRI. La Secretaría de Salud está dirigida por funcionarios que ignoran las funciones vitales del Estado con la salud de los mexicanos y sólo miden la comercialización social der las medicinas en función de presupuestosviables de corto plazo.

La televisión ha sido cuestionada por la 4-T, pero a la hora de las decisiones siempre se atraviesan las complicidades del poder o la debilidad de clase del nuevo grupo gobernante. Sin embargo, el gobierno actual noha podido construir una televisión pública con penetración social como para marginar los recursos de la televisión privada, ni una industria de las medicinas.

Uno de los principales redactores y promotores de la agenda presidencial del Partido Comunista en 1978-1981 fue el dirigente de la Juventud Comunista del PCM y pivote del partido, Pablo Gómez Álvarez, quien ha hecho carrera legislativa representando al PCM, al PRD y ahora a Morena. Y con él una corriente del viejo PCM ha tratado de ir imponiendo algunos puntos de la agenda, aunque casi sin éxito porque el PRD era de expriístas y ahora Morena también y además carece de una propuesta programática de la izquierda ideológica.

Las condiciones para la nacionalización de la industria químico-farmacéutica y la expropiación de Televisa nuncahan estado en la agenda del PRD o Morena, pero en los sobrevivientes del viejo PCM que andan pululando en las goteras de la política populista. La crisis en el abasto social de medicinas y la dependencia del régimen de la condescendencia de Televisa, TV Azteca y los nuevos oligopolios mediáticos cuando menos exigiría una reforma para obligarlos a apoyar labores sociales del Estado.

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Ciclo La columna y el poder”. Recuerde: de lunes a viernes de la semana próxima por Zoom habrá un ciclo de conferencias sobre la columna política y el poder para celebrar los treinta años de existencia de Indicador Político. Registros en http://indicadorpolitico.mx y anakarinasl@hotmail.com

Política para dummies: La política es el monopolio legítimo de poder del Estado.

 

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@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Porfirio y Gibrán, la política de los antiguos comparada con los modernos

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Carlos Ramírez*

Con seguridad la referencia no le va a gustar a Porfirio Muñoz Ledo, pero al final de cuentas su carrera política parece reproducirse en la de Gibrán Ramírez Reyes: de la consejería política del Príncipe a posiciones de operación política en los partidos en el poder.

Los dos comenzaron en el área de la seguridad social: Muñoz Ledo a los 34 años como secretario general del Instituto Mexicano del Seguro Social y Gibrán a los 31 como secretario general de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social; los dos fueron asignados a oficinas alejadas de sus respectivos partidos, pero con canales de comunicación intelectual directos con los presidentes de la república, Muñoz Ledo con Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Alvarez y Gibrán con López Obrador.

Los dos estudiaron en la UNAM, Muñoz Ledo en derecho y Gibrán en ciencia política y administración pública, los dos pasaron por El Colegio de México y los dos realizaron el doctorado en la UNAM. Los dos, por lo tanto, se forjaron en centros de estudio creados para cincelar los cuadros intelectuales del Estado priísta.

Los dos han cumplido tareas de consejeros del Príncipe en materia política, desde su formación de politólogos. Y han sido usados para acudir a debates sobre sus respectivos partidos o formaciones políticas. Muñoz Ledo pasó del IMSS a la Subsecretaría de la Presidencia con Echeverría, luego secretario del Trabajo, más tarde presidente del PRI y luego una larga carrera que ha atravesado por todos los partidos registrados; es decir, con una ideología política maleable al poder, no a alguna filosofía en especial, incluyendo los extremos del PRI echeverrista y del PAN foxista. Gibrán, hasta ahora, sólo ha estado en el PRD-Morena y luego en Morena y su labor ideológica didáctica ha estado en sus artículos semanales en el periódico Milenio. En los hechos, los dos han defendido con pasión a sus jefes políticos: Muñoz Ledo hizo historia con dos discursos de elogios a Díaz Ordaz después de Tatelolco-2 de octubre y Gibrán es el único que ha razonado desde la politología el modelo de gobierno de López Obrador.

Muñoz Ledo llegó a la presidencia del PRI en septiembre de 1975 como premio de consolación por haber perdido la candidatura presidencial que –contó a los investigadores estadunidenses Edna y James Wilkie– sintió en la bolsa cuando Echeverría fue a su casa, miró el patio y dijo: “es muy chica para recibir comisiones”. Pero mientras Echeverría tenía a los precandidatos encerrados en una reunión en Casa del Obrero Mundial –área de la Secretaría del Trabajo–, la cargada de la CTM obrera –área de la Secretaría del Trabajo– destapaba a López Portillo. Hasta ahora Gibrán nunca ha dicho si desde su juventud tiene en la mira, algún día, la presidencia de la república.

Muñoz Ledo llegó a la presidencia del PRI en 1975 a los 42 años y aspira a dirigir Morena a los 87 años, Gibrán está inscrito para dirigir Morena con apenas 31 años, diez años menos de los que tenía Muñoz Ledo en 1975. Y Muñoz Ledo quiere llegar a Morena después de haber pasado por alianzas y militancias en todos los partidos para convertir al partido lopezobradorista en otro PRI, en tanto que Gibrán nació en 1989 en que desapareció el Partido Comunista Mexicano para dar a luz al PRD neocardenista o poscardenista y el año de la desaparición del imperio soviético, del fin de la historia y del nacimiento de una nueva era ideológica.

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 EE. UU. 2020. Los EE. UU. entran esta semana en la recta final de su elección presidencial, con escenarios tradicionalistas y distópicos a escoger, aunque con reglas del juego muy claras. Donald Trump es el adversario por vencer por una extraña coalición nacional e internacional del establishment liberal-capitalista-imperial de los intereses militares-financieros-bursátiles-mediáticos que tiene el resguardo de la democracia imperial que ha dominado al mundo desde los 14 puntos de Wilson en 1918 que le dan a la Casa Blanca el poder de dominaciónmundial, sea con demócratas o republicanos.

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 Política para dummies: La política es la misma, lo que cambia son las etiquetas para identificar los contenidos chatarra.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Ni Trump ni Biden; es el destino del planeta Tierra

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Carlos Ramírez*
Sin ponernos distópicos –bueno: sí–, la realidad es que no importa quién gane la presidencia de los EE. UU para el periodo enero de 2021-enero de 2025, si se queda Donald Trump y su estilo salvaje de hacer política o llega Joe Biden y su estilo dormilón de ver la realidad. De la misma manera ya no importa lo que estén haciendo los lideres de Europa y Asia para manipular a sus gobernados y conseguir que los dejen algunos meses más en el poder.

El verdadero efecto del COVID-19 no está en el espacio de la salud, ni de la necropsia, ni de las mascarillas como dilema existencial que agobia a jefes de Estado y de gobierno y algunos monarcas medievales. Hasta ahora no ha habido la reflexión social, política, politológica, filosófica y sociológica del mensaje que está presentando el virus. Ver en pleno siglo XXI las calles atestadas de gente con cubrebocas debe tener algún significado, debe decirnos que algo hicimos mal, que algo no estamos pensando y que la salida no está en la vacuna, porque al final de cuentas ya llegará alguna otra peste maldita a recordarnos nuestra vulnerabilidad humana.

El mundo ahora centra sus ojos en los EE. UU. para saber quién va a ganar la presidencia. Si se analiza con frialdad, se trata de una de las elecciones menos significativas. Trump y Biden no representan nada, ninguna oferta geoestratégica, ningún mensaje de reorganización del planeta, ningún pensamiento trasmilenario. Son dos políticos improvisados, con partidos dominados por grupos mezquinos de poder, en medio del reclamo histórico de los afroamericanos que apenas representan el 16% de la población, pero que han marcado la conciencia moral de la comunidad blanca. Y ninguno encara la violencia brutal de las policías contra ciudadanos, nadie interpreta cuál es el papel de las policías en el control social.

Todos están preocupados por la reactivación económica y productiva y ya hay la decisión macabra de abrir las actividades porque importa más salir a las playas y a los bares que proteger la vida amenazada por las cadenas de contagios. De nueva cuenta el PIB se convierte en el Santo Grial del modernismo capitalista y comunista y las bolsas de valores deben regresar al corazón del universo. Todos atienden más la tasa de crecimiento económico que la tasa de defunciones por el virus.

La gran revelación –la única, en realidad– del último libro del sobrevalorado Bob Woodward radica en la declaración interpretada de Trump de que sabía de la peligrosidad del virus, pero calló por razones de seguridad y para evitar el pánico. Y el debate es que mintió y que por eso no debe reelegirse. Pero no existe gobernante en el mundo actual y en la historia que no haya gobernado con mentiras, cuya dimensión se mide en las justificaciones. Todos los gobernantes del mundo mintieron y callaron lo del virus para evitar, en efecto, el pánico.

En las próximas semanas el mundo girará en torno al dilema Trump-Biden, pero sin entender que los dos representan al mismo imperio expoliador y expansionista. Y todos los gobernantes del mundo han dejado pasar la oportunidad de los gobernantes estadunidenses de 1989 en adelante –fin del gobierno de Reagan, fin del imperio soviético y arranque de la globalización del Consenso de Washington— para reorganizar al mundo y a sus instituciones, después del papelón que hizo la ONU en la guerra de Bush Jr. y Tony Blair contra Irak.

En este contexto, es irrelevante quién gane la presidencia de los EE. UU. Como se ven las cosas, China y Rusia son países sin destino histórico, sin una propuesta geopolítica, sin una propuesta alternativa a los EE. UU. La Unión Europea, vista desde Iberoamérica, es una pequeña Comunidad Económica muy local, sin líderes estratégicos y, lo que es peor, sin una reflexión filosófica del mundo. Los gobernantes de España, Gran Bretaña, Italia y Alemania han regresado al aislacionismo de la mezquindad de sus gobernantes.

América Latina está controlada por el narcotráfico y el crimen organizado transnacional porque así le conviene a la dominación estadunidenses, sea republicana o demócrata. El narcotráfico lo controlan los 30 millones de adictos dependientes de la droga y los 30 millones adicionales de usuarios de la droga sin caer en la adicción. Trump lo acaba de refrendar: el tráfico de drogas es un asunto de seguridad nacional militar. La Casa Blanca quiere controlar a las bandas y sobre todo regular el lavado de dinero para su sistema financiero.

El mundo se descompuso con el fin del imperio soviético y la ausencia de un modelo de transición política del imperio estadunidense. Dos demócratas tuvieron esa responsabilidad y ni siquiera la entendieron en su dimensión geopolítica: Bill Clinton y Barack Obama; los guerreristas Bush llegaron a lo suyo; y Trump hasta ahora no ha entendido el papel de los EE. UU. en el mundo. Y ahora quiere llegar un Biden que tuvo ocho años de entrenamiento estratégico con Obama, pero con datos que tampoco sabe nada de enfoques mundiales. La mediocridad de los dos candidatos revela la pérdida de prestigio de los EE. UU

El desmoronamiento del imperio soviético en 1989-1991 fue un desafío para reconstruir un mundo con mejores posibilidades basadas sobre todo en el equilibrio ecológico, pero más de treinta años después llega el mensaje estremecedor del COVID-19 para obligarnos a caminar por las calles con la boca cubierta. Pronto será, de nueva cuenta, el smog o la polución; y siempre, las enfermedades de la pobreza.

Nadie está reflexionando la crisis mundial actual, la verdadera crisis, la de la existencia humana en un planeta al que estamos destruyendo cada vez más aprisa. Y, siendo distópicos, pronto habrá que llevar a la realidad lo que las películas y la literatura ya adelantaron: misiones al espacio para buscar otro planeta para habitarlo… y destruirlo.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Segundo tercio sexenal, de banderillas, con la agenda de AMLO o de Morena

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Carlos Ramírez*

 Con seguridad en Palacio Nacional están extrañados que nadie haya preguntado, cuando menos en público, quéquiere el presidente López Obrador de Morena para su proyecto sexenal. Y eso que todos ya saben que las definiciones y gestiones de gobierno se deciden en las conferencias de prensa matutinas, no en los espacios tradicionales del poder.

El primer tercio del sexenio se fue en el planteamiento de las estrategias presidenciales, la definición de los nuevos estilos de gobernar y la lidia con una pandemia inesperada. El segundo tercio, el de banderillas en los toros, es el de los jaloneos entre los grupos de poder presidencial por el relevo legislativo, las gubernaturas y los alineamientos para la sucesión presidencial de 2024. Los grandes toreros se hacen cargo de poner en persona las banderillas a los toros para fijar la autoridad que manda en la plaza.

Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto perdieron sus sucesiones y las elecciones de sus sucesores por colapsos en sus partidos, fracturas en sus coaliciones y permisividades democráticas. Y todos ellos salieron fracturados en sus coaliciones y partidos en las elecciones de medio sexenio con el cambio de diputados federales que implica, de suyo, un nuevo reacomodo de grupos de poder con miras al sexenio siguiente.

A favor de la estrategia lopezobradorista corre el hecho de que nunca ha pensado en Morena como un partido tradicional, sino como estructura administradora de cargos públicos. PRI, PAN y PRD han sido partidos de proyectos, el primero de corporaciones, el segundo de creencias y el tercero de tribus. Morena no tiene un proyecto ideológico porque ese proyecto es el presidente López Obrador. Y para evitar que Morena pudiera ser otro PRI corporativo, la estrategia radicará en dividir las posiciones de poder con el PES 2.0, el Partido Verde y el PT, además de los grupos lopezobradoristas –como el de Pedro Haces– que no lograron registro como partidos, pero que van a funcionar como hilos de poder fuera de Morena. En este sentido, las candidaturas se van a gestionar en Palacio Nacional, no en Morena.

La clave para resolver el enigma Morena se localiza en la agenda presidencial. Lo que menos quisiera el presidente sería tener que lidiar con Morena como –para citar un ejemplo histórico sólo en parecidos de coyuntura partidista– Díaz Ordaz tuvo que bregar con Carlos A. Madrazo y su PRI autónomo, militante y equidistante a Los Pinos o como Salinas cuando la sucesión se le salió de control por la fuerza personal de Manuel Camacho Solís operando por la libre.

Morena va a ser el pivote lopezobradorista para consolidar su proyecto, vencer las presiones que quieren tumbarle sus puntos clave –apoyos sociales, obras y nuevas relaciones políticas– y encarar la alianza opositora previsible de partidos y formaciones sociales hoy confrontadas con la presidencia. El bloque de poder lopezobradorista nova a pasar por Morena y menos si llega al partido algún líder político que quiera quitarle liderazgo político al presidente. Hasta ahora han bastado el gabinete y las dos cámaras para ir desinflando apasionamientos y arrinconando a la oposición en una derecha conservadora sin destino histórico.

La tarea fundamental del segundo tercio del sexenio será la de administrar la crisis para impedir confrontaciones innecesarias. La polarización ayuda a decantar posicionamientos, como ahora, por ejemplo, muchos intelectuales han comenzado a replegarse porque no quieren estar en la misma lista con Héctor Aguilar Camín –¿colegas enemigos 2.0?– y sus negocios de poder con Carlos Salinas de Gortari o aliados al Gabriel Lozano desbocado de FRENAAA.

En este sentido, lo peor que le puede pasar al gobierno actual es que Morena se convierta en un dolor de cabeza con un dirigente que busca un Guinness record y no entender el juego de poder presidencial.

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Política para dummies: La política se aprende en clases de hilados y tejidos y no en las cloacas del poder.

 

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