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Por Carlos Ramírez
La recesión económica internacional se ha convertido en una realidad. El optimismo de una reactivación de la economía para 2020 que se tenía a mediados de enero, comienza a ser recortado de 3.4% a 1% por el efecto desacelerador de la producción que ha provocado la decisión de países europeos y los EE. UU. de cerrar países, vaciar calles y disminuir la actividad productiva en casa a lo más indispensable.

 México ha quedado atrapado en la dependencia de la globalización productiva. Sin embargo, los primeros indicios de la recesión salieron de decisiones locales anteriores al coronavirus: la estabilidad macroeconomía sin impulsos productivos se percibió desde el diseño del presupuesto federal para 2020 con prioridad a la economía de los subsidios sociales sin multiplicadores económicos.

A este escenario se unieron otras dos decisiones clave de la política económica: centrar los recursos en obras del compromiso presidencial sin efecto multiplicador en la economía y mantener el eje central de la estabilidad macroeconómica en el control de la inflación por el lado de la demanda. A pesar de salir del PIB bajo de -0.1% de 2019, la meta de 2% para 2020; y el objetivo original de PIB de 2% en 2019 y 2% en 2020, para un promedio de 2% en el primer tercio del sexenio, no será alcanzado.

En los Criterios Generales de Política Económica para 2020 la meta de 2% y la cifra de -0.1% de 2019 iban a hacer un promedio anual de 0.9% anual, menos de la mitad prometida de 2% para conseguir, a la vuelta de los dos tercios del sexenio, una cifra anual promedio de 4% del PIB.

La cifra de PIB real estimada por algunos analistas para 2020 era de 0.7% antes de la crisis del coronavirus, menos de la mitad del 2% fijado en los Criterios. Por los primeros efectos del virus antes de cualquier decisión de emergencia tipo Europa que cierre el país y vacíe las calles, el PIB comenzó a ser estimado en 0.%. Y si por razones de emergencia para evitar mayores infecciones y muertes se cierran actividades productivas, entonces el PIB podría bajar a cifras negativas de -2% a -4%.

Antes del coronavirus, México había entrado en diciembre en la zona de recesión. El PIB en cada uno de los trimestres de 2019 fue de -0.1%, sin expectativas de reactivación hacia el primer trimestre de 2020 en curso. Las cifras de demanda efectiva y de inversión privada para los primeros meses de 2020 seguirían decayendo porque no hay estimaciones de inversiones públicas multiplicadoras de la actividad económica ni existen condiciones de repunte de la demanda efectiva.

La estrategia económica del gobierno federal se sustenta en disminución del gasto productivo, aumento del gasto social en los siete programas sociales de interés presidencial y en la falta de incentivos a la inversión privada. Oficialmente México entró en el segundo semestre del año pasado en una zona de atonía económica o estancamiento por decisión empresarial de disminuir sus inversiones productivas. Una nota reveló que empresarios mexicanos han invertido 10 mil millones de dólares en el extranjero en 2019 en áreas productivas, contra el estancamiento en sus inversiones en México.

La recesión mexicana está motivada por desacuerdos entre el gobierno federal y los inversionistas nacionales. Los espacios de inversión para los empresarios son marginales a los grandes negocios que dejó para sí el gobierno, alejando a privados del sector energético, de la gran obra pública y de la construcción. A pesar de constituir el 85% de la inversión productiva total, los empresarios dependen de contratos y participaciones en el 15% de la obra pública anual.

Las desavenencias actuales entre el gobierno federal y los empresarios no son las primeras en la historia centenaria del sistema político vigente: con Cárdenas, Echeverría y López Portillo hubo un choque entre el enfoque empresarial y el enfoque populista gubernamental. El regreso del PRI con Peña Nieto en 2012 con el anzuelo de las reformas estructurales estimuló la inversión privada no pudo romper con el dique de 2.5% de PIB anual y el promedio sexenal fue de 2.4%. Sobre las cabezas de los gobiernos de Salinas a Peña siempre se colocó el promedio anual sexenal de 6% del PIB de 1934 a 1982.

El Tratado de Comercio Libre tampoco pudo estimular al PIB porque se trató de un modelo de apertura comercial y no de reorganización de la planta productiva. El dato mayor que exhibe el fracaso de la planta productiva nacional fue la caída del valor agregado nacional a los artículos de exportación de 45% en 2001 a 38% en 2018. Es decir, el Tratado había producido un proceso creciente y constante de desindustrialización, a reserva de la meta teórica de que la globalización de mercado habría de escalar la capacidad productiva de las empresas. El TCL había impuesto un modelo de maquilización.

De ahí que México ya se encontraba en recesión antes de la crisis del coronavirus y que ese proceso se iba a profundizar en el 2020. Las estimaciones de analistas revelaron que el PIB oficial de 2020 de 2% anual no se iba a lograr y, por el contrario, se localizaría en 0.5% máximo; dependiendo del grado de estado de emergencia que se instale en México cuando las cifras de infectados/fallecidos aumente a ritmo geométrico por las fallas en las medidas de contención de la pandemia, el PIB será negativo.

Y si en las expectativas oficiales se desdeña el referencial PIB, de todos modos en los análisis económicos el punto indicativo de la actividad económica es el PIB y a partir de él se ajustan las cifras de otros indicadores no sólo económicos, sino también sociales. Dos años de crecimiento económico negativo hundirán a la economía y a la sociedad en una recesión de largo plazo que requerirá de un programa severo de reactivación y de una estrategia de desarrollo generalizada y no sólo de los programas de interés presidencial.

Lo único cierto es que el coronavirus encontrará una economía mexicana en recesión y sólo quedará saber qué tan profunda y larga va a ser. Y toda recesión afecta el bienestar de los mexicanos, sobre todo de los marginados que están siendo sacrificados con los recortes a los presupuestos sociales generales.

Política para dummies: La política es estar preparado, incluso para una pandemia.

indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- 4T: revolución, no reforma, pero sólo para poco gasto social (1/5)

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Carlos Ramírez

En una charla con su fan Epigmenio Ibarra, el presidente López Obrador aceptó que su propuesta de Cuarta Transformación no es una reforma y es una revolución. Y de nueva cuenta centró el eje de la 4T en la lucha contra la corrupción, cuando toda revolución, quiérase o no, es producto de lucha de clases.

El tema de la 4T será vital en el segundo semestre del año porque requiere, cuando menos en su dimensión revolucionaria, de decisiones estratégicas que cambien la dinámica de la producción y la distribución de la riqueza. Algunos de sus primeros puntos son los siguientes:

1.- La verdadera 4T fue la contrarreforma neoliberal de Carlos Salinas de Gortari en el periodo 1979-1994, partiendo de su llegada a la Secretaría de Programación y Presupuesto para redactar el Plan Global de Desarrollo 1982-1984 hasta la puesta en marcha del Tratado de Comercios Libre globalizador.

2.- El PGD, los planes nacionales de De la Madrid y el propio Salinas y los dos sexenios de sus respectivas reformas constitucionales constituyeron el cambio del proyecto nacional de desarrollo, reformaron de estructura el Estado de la Revolución Mexicana y dieron el giro de una economía de Estado a una economía de mercado. En la segunda mitad del sexenio de López Portillo y los de De la Madrid y Salinas se liquidó la Revolución Mexicana y se sentaron las bases de una economía de mercado con un Estado autónomo de las definiciones de las clases.

3.- El dilema había sido planteado en 1981 por Carlos Tello y Rolando Cordera en su libro La disputa por la nación. Perspectivas y opciones del desarrollo. Los dos proyectos de nación estaban en disputa: el neoliberal del FMI y los empresarios y el popular de los nacionalistas revolucionarios del PRI y sobre todo el en ese entonces activo Congreso del Trabajo; es decir, la lucha de clases.

4.- Salinas fue el estratega de 1979 a 1994 del cambio total del modelo de desarrollo/política económica/Estado. Su proyecto fue el de una cuarta transformación –lo hizo sin balas– después de la tercera de la Revolución. La clave fue la reforma del Estado: de la mano de las ideas de Theda Skocpol, el proyecto de Salinas fue sacar al Estado de la disputa entre las clases, romper con cualquier representación social y asumirlo como un Estado autónomo. Todas las reformas constitucionales de De la Madrid y Salinas tendieron para reformar el Estado de la revolución y del PRI.

5.- Se trató, pues, de una contrarrevolución neoliberal porque pasó al Estado del compromiso social al del sólo administrador de los recursos. Fue, en términos estrictos, una revolución conservadora. El saldo está a la vista: de 1983 a 2918, seis sexenios, el neoliberalismo fue el Estado.

6.- En este sentido, la 4T de López Obrador sería en realidad la 5T: aniquilar el modelo neoliberal de Salinas de Gortari con, se supone, un nuevo modelo de desarrollo/política económica/Estado. El problema es sólo de caracterización de la periodización histórica del siglo XX mexicano. En efecto, el modelo neoliberal de Salinas no fue una desviación de la 3T/Revolución Mexicana, sino que fue una nueva revolución conservadora.

7.- Para que la propuesta de López Obrador sea una nueva Transformación –la Quinta–, necesita, en efecto, de una revolución que destruya la totalidad del viejo régimen salinista-neoliberal y funde uno nuevo. Las revoluciones suelen autoliquidarse cuando compatibilizan con la anterior, como le ocurrió la revolución de Madero que se contentó con su elección y no reconstruyó al Estado y a sus clases; al contrario, quedó atrapado en las élites del viejo régimen porfirista.

8.- En la charla con su amigo Ibarra, el presidente deja claro que su transformación es una revolución, aunque en sus primeros dieciocho meses sólo se haya concretado el apoyo económico a sector vulnerables y sus tres proyectos icónicos, pero sin transformar las estructuras productivas del Estado.

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Derrota. Una nueva derrota sufrió el senador canadiense-mexicano-morenista Napoleón Gómez Urrutia porque sus manobras no impidieron la reactivación del sector minero que dice representar. Unión Nacional de Sindicatos Minero-Metalúrgicos y Metal-Mecánicos de México (UNASIM), que agrupa a 100 mil obreros de esos rubro, concilió con autoridades federales y estatales y empresarios el reinicio esta semana de las labores e las minas que generan 2.6 millones de empleos. Napito representa más los intereses de mineros de los EE. UU. y Canadá y no de México.

Política para dummies: La política es lo que no es y no es lo que sí es.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Advertencias y críticas de Banxico, doble recesión y enojos en Palacio

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Carlos Ramírez*
Las evaluaciones del Banco de México son como las llamadas a misa: las atienden quienes se interesan en ir a la iglesia. Sin embargo, todos debieran estar atentos a las campanadas y preguntarle al vecino qué se dijo en la misa.

La reunión de la junta de gobierno del Banxico se realizó el 14 de mayo, pero sus resultados fueron circulados hacia el 28 de mayo, luego de pasar filtros y de enviar resultados a… donde tienen que enviarse para que algunos interesados no se digan sorprendidos.

Y no fue para menos el enojo en Palacio Nacional. De la minuta del banco central sobresalen otros datos reveladores:

–“Algunos (de los miembros de la Junta) notaron que la confianza de los agentes económicos disminuyó”.

–Algunos dijeron que se viene para México “una fuerte contracción económica”. Y será más fuerte en el segundo trimestre del año.

–La posible recuperación de la actividad económica en el segundo semestre tiene “riesgos considerables”: la incertidumbre sobre la duración, la severidad de los efectos del confinamiento, el tiempo para la reactivación y la posibilidad de nuevos brotes de contagio.

–“Uno (de los miembros de la Junta) destacó el peligro de una doble recesión”, que en economía se identifica con una W: de punto alto baja y luego repunta para volver a bajar y subir por tercera ocasión. Ahora México se encuentra en el punto inicial de la W y vendría algo así como una montaña rusa a gran velocidad.

–El problema de la pandemia fue que atrapó a México en una debilidad productiva antes del virus. El primer trimestre el PIB fue de -1.55%. Y se estima PIB mensual de -4.5% en marzo y -9.5% en abril. La reactivación comenzaría hasta el tercer trimestre, en octubre.

–En el debate sobre el PIB –en lo que sale el nuevo índice prometido–, para 2020 los funcionarios del Banxico coincidieron en que se revisa a la baja. Entre -6.7% y -7.5%, con una “modesta recuperación” en 2021. Y una encuesta de expectativas arrojó la previsión de un PIB de -8% a -9%.

–“Otro” miembro de la junta adelantó que se prevé la pérdida de 1 millón de empleos en el sector formal en todo el año, aunque nadie incluyó el dato adicional: este año habrá 1.4 millones de personas que se incorporarán por primera vez al mercado de trabajo y no encontrarán empleo.

–Banxico registró el daño de la pandemia: las micro, pequeñas y medianas empresas y el sector informal de la economía (57% de la población económicamente activa) saldrán perjudicadas en términos de ingreso y oportunidades laborales.

–Por si fuera poco, el peor efecto de la pandemia, frenón económico y recesión apenas viene: “se anticipa una mayor pobreza en todas sus dimensiones”.

–El indicio más grave es el de la incertidumbre, concluyó la mayoría de la Junta de Gobierno, porque se desconoce duración y profundidad de los efectos de la pandemia. Se prevén “daños permanentes a la planta productiva y el empleo”.

–Y el párrafo que sacudió los cimientos de Palacio Nacional: “la falta de incentivos adecuados para la inversión privada, situación que se ha acrecentado recientemente ante los ajustes al maco regulatorio para su participación en el sector eléctrico. Otro enfatizó que ello está agravado por un ambiente de incertidumbre jurídica para la inversión privada”.

–Al final, Banxico ve tres riesgos: prolongación de las afectaciones a la producción por el cierre de actividades y la falta de suministros, un aumento de contagios o segundo brote que ocasionaría problemas financieros y de solvencia y menores ingresos de empresas. Y de paso, funcionarios de Banxico señalaron que “la ausencia de un enfoque integral de apoyo, particularmente en virtud de una modesta respuesta fiscal, puede resultad en una recuperación más lenta”.

Así cualquiera se enoja.

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Minería, lista. Como en ningún otro sector, la minería revisa con minuciosidad las condiciones para la reactivación productiva. El subsecretario de Minería, Francisco Quiroga, recorre minas acompañado de empresarios, sobre todo de trabajadores sindicalizados y de gobernadores y funcionarios estatales. El papel de los sindicatos ha sido vital porque los trabajadores son los más expuestos al contagio.

Política para dummies: La política es la astucia del zorro para prever conflictos.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Aquí no ha pasado nada; ¿nada? Sí. ¡Nada! A seguir destruyendo el planeta

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Frente a una población mundial superior a 7.7 mil millones de personas, el saldo hasta ahora de afectados por el coronavirus es poco: 5.5 millones de infectados y 350 mil muertos…, y contando, más se han perdido en las guerras de devastación. La economía mundial podría quedar en -2.5% y la iberoamericana se hundiría a -6%… o más.

Poco antes del virus se había generado en el planeta un cargo de conciencia por la destrucción del medio ambiente. Hace poco se había lanzado la advertencia de que íbamos a la catástrofe como raza y algunos sacaron la bandera del un nuevo acuerdo verde mundial —global green new deal— que sonaba bonito, audaz, con cargos de conciencia.

Había que modificar patrones de producción, uso de energías limpias, modelos de consumo, esquemas más justos de distribución de la riqueza, una toma de conciencia de la realidad desde un nuevo enfoque educativo; sí, claro, por qué no. El planeta es de todos, hay que cuidarlo, se tienen que hacer sacrificios.

La pandemia nos enfrentó a la realidad: el primer paso se dio: encerrarse en casa, abjurar del confort que ha ido destruyendo el planeta, comenzar a cambiar la conciencia ecológica, sí, todos cooperaremos, encerrados para leer. Y vino el encierro. Y en México ocurrió lo impensable: primero la negación, luego salir a la calles a como dé lugar a enfrentar la adversidad, el sentido mexicano que se juega la vida en un volado –moneda al aire, a cara o cruz, o, más bien, a águila o sol, águila guerrera o pirámide del sol, las doscaras de las monedas mexicanas de mediados del siglo pasado– y terminar con el grito pidiendo la última cerveza del estadio porque por ley se prohibió la venta de bebidas alcohólicas como previsión a la violencia intrafamiliar por el confinamiento. La suerte en una moneda que dice Ricardo López Méndez en su poema México, creo en ti:

México, creo en ti,

Porque escribes tu nombre con la X

Que algo tiene de cruz y de calvario:

Porque el águila brava de tu escudo

Se divierte jugando a los volados:

Con la vida y, a veces, con la muerte.

Ahora se trata de salir de la prisión oficial, de las ciudades-cárcel, del confinamiento obligatorio para vérselas con uno mismo, del conocimiento de la soledad, lejos de aquel verso de Lope de Vega de que “para andar conmigo me bastan mis pensamientos”, no, la verdad es que necesitamos el bar, la cantina, la playa donde ir a embriagarse, a recuperar el equilibrio del cuerpo al que le hace falta el vaso de licor que encontrar el punto medio en medio de la rotación de la Tierra.

Y de nueva cuenta el planeta comienza a ser ocupado, a ser destruido, sin ningún prurito de arrepentimiento, lo estamos viendo en las playas atiborradas de gente, espacios de arena vuelta a aplanar por la inconciencia de la aglomeración. De regreso a usar los combustibles que sean, fósiles o nuevo, al fin y al cabo que lo que necesitamos es movernos en manada sin sentido de la conservación.

No hay maldiciones divinas, pero el planeta como organismo vivo siempre ha mandado mensajes a los habitantes. Cuando el mundo ha avanzado no sólo en el control de plagas, sino en la construcción de amas químicas, el planeta encuentra formas de advertir que las cosas no andan bien. Nadie quiere hoy saber qué ocurrió o qué puede volver a ocurrir, sino que desea romper el confinamiento y preparar formas de control de enfermedades que no vuelvan a encerrar a las personas en sus cuevas primitivas con aire acondicionado, redes sociales y conexiones infinitas de cadenas de televisión y cientos de libros que nadie quiso realmente leer.

El ser humano es un superviviente que no tiene conciencia de su buena suerte. Los que volvieron a salir corrieron el riesgo de un nuevo flujo de infecciones, pero, como decimos en México, lo bailado nadie se lo quita. Una cerveza en una terraza es como la última gota de agua en un desierto: la vida. Y ya con velocidad, lo que quedó atrás a nadie le importa. Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas; lo que pasa en el planeta Tierra se queda en el planeta Tierra.

Y aquí estamos de regreso a nuestra normalidad, no “la” normalidad, de nuevo en la realidad que dejamos pendientes para ir a encerrarnos en nuestras casas mientras el virus de una décima de una milésima de milímetro pasaba de frente y no nos veía en su camino de destrucción. Y nuestra normalidad es el sometimiento del planeta a nuestras comodidades, a nuestras necesidades destructivas del equilibrio ecológico.

Costará trabajo retomar las banderas de la ecología, de los acuerdos verdes, de los cargos de conciencia tecnológica. El virus, señala la versión más manejada, aunque no necesariamente la real, no fue producto de la modernidad, sino, oh sorpresa, de las prácticas antiguas, de la forma de sobrevivencia en la muerte de animales para nuestra alimentación: el cruce de alguna forma entre un murciélago y un cerdo, como se alimentaban nuestros ancestros cuando no había siquiera fuego.

Y si se prueba que el virus salió de un laboratorio, entonces habrá que enlistar el coronavirus o COVID-19 como algo que bien podría ser el adelanto descontrolado de un arma de destrucción masiva para las guerras que vienen y que con la pandemia nos dieron una demostración de su capacidad dañina.

En fin, ya estamos de regreso a nuestra tarea de destruir el planeta. Bienvenidos de regreso a nuestra pesadilla.

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