Por Manuel Gutiérrez
Otra ciudad que te va a enseñar mucho cuando la visites es Innsbruck, parte de Austria, alma del Tirol, con un sabor especial, muy dedicada a los deportes invernales. Quizá el mejor momento para conocerla, porque te va a sorprender. Lo que aprendí ahí fue que el ejército de Napoleón, la Grand Armée, fue en su tiempo el mejor del mundo, y trataré de explicar por qué.
Innsbruck tiene ese sabor vienés que va por toda Austria, simplemente por su manera de decir gracias. En el lenguaje austriaco-alemán, aun con las dificultades para los hispanoamericanos en cuanto al idioma, te percatas de que tienen una disciplina y sentido de organización alemana, pero son, digamos, poseedores de tonalidades diferentes en el trato.
Entre amigos, gracias dicen “Vielen Dank”; lo mismo significa “Danke sehr”, pero es el modo más formal para agradecer. Y por si no fuera suficiente: “Herzlichen Dank”, que significa la intención de gratitud, pero con un sabor de amabilidad… para el estilo europeo directo, frío, concreto, muestra un ánimo diferente.
Por ejemplo, en México dices gracias y es la misma palabra en todo sentido, enfatizada por el gesto y la expresión corporal. En Innsbruck pueden decirlo de tres maneras.
Pero en este caso, esta ciudad, ante el mundo actual, se apuntala como un escenario mundial de deportes invernales; los Juegos Olímpicos de Invierno ya han sido celebrados aquí y es la sede más reciente del campeonato mundial de los deportes en frío.
Esa ciudad tiene una pintura panorámica que, afortunadamente, no se perdió. Era la moda antes de la fotografía, es parte de la idea panóptica, que pretendía que un paisaje fuera circular; en cárceles, una vigilancia desde una torre central que alcanzaba todo.
La pintura estaba almacenada en el Palacio de Schönbrunn, en Viena, totalmente olvidada entre los objetos del emperador Francisco José (marido de Sissi), de quien nos ocupamos hace tiempo.
Innsbruck decidió comprar la pintura, que mide —algunos dicen que son mil metros cuadrados—, pero son 27 paneles unidos en un lienzo circular, en lienzo belga, con excelentes perspectivas, luminoso colorido; incluso los cuchillos de las bayonetas francesas brillan, las explosiones y los disparos… todo resulta impresionante en nuestra era de 3D y grandes efectos especiales.
La pintura presenta momentos históricos de la conquista del Tirol por el ejército de Napoleón, que enfrentó cuatro batallas. La pintura se conoce como “La Batalla de Bergisel” y tuvo lugar en el Tirol, cuando los campesinos y villanos intentaron detener a los franceses.
Bajo un corto plazo, la obra se hizo a toda prisa. Las nubes tienen brillo porque tienen cristal molido, en tanto los recursos del artista se manifiestan por todas partes; puede resultar agotador, pero los detalles se descubren de forma interminable.
Este recinto es nuevo relativamente; se abrió en 2011 y forma parte del museo Kaiserjäger Museum, y una sala especial te lleva a admirar la pintura.
La obra la dirigió y realizó Michael Zeno Diemer, en corto plazo —dicen que tres meses—, porque era para un concurso en Londres. Luego, terminada, pero desplazada por la tecnología fotográfica, casi se perdió.
El héroe del Tirol —fue un Guillermo Tell con su epopeya suiza en el año 1200— fue Andreas Hofer, un vendedor de caballos y cantinero que descubrió sus desconocidos arrestos militares y, con aprovechamiento del terreno, opuso feroz resistencia al mejor ejército del mundo en esa época.
Incluso pude ver fusiles de percusión de esa época, y se logra comprender que estaba ante un avance mortal muy significativo, una enorme ventaja, más los cañones y la disciplina francesa; se suma a ese ingrediente, pero el Tirol no deseaba ser parte del imperio.
Hofer los derrotó de forma increíble en tres ocasiones, pero de cada derrota los franceses aprendían y mejoraban. La cuarta batalla fue pavorosa y resultó en el fin del liderazgo del héroe, que, al estilo del héroe popular de Escocia, Wallace, que se resistió a los ingleses de Eduardo, huyó y se refugió entre casas del pueblo tirolés.
Pero nunca falta una mosca en la sopa. Fue traicionado, al parecer, por un pariente político, hermano de su mujer, por conflictos personales.
Francia de Napoleón terminó imponiendo su imperio durante su periodo por su superioridad tecnológica, militar e industrial. Y Hofer fue asesinado en Mantua en 1810.
Algo parecido sucedió en México, en que ganamos en Puebla, pero perdimos la guerra con los franceses. Pero Puebla, con Porfirio Díaz —cuya fama escamoteó injustamente Benito Juárez— para favorecer a Ignacio Zaragoza, ignorando a su paisano oaxaqueño que incubó ahí la siguiente rebelión del Plan de la Noria.
Juárez luego se inclinó por el general González Ortega y siguió marginando a su paisano, que cuando llegó al poder hizo dos actos cívicos fundamentales: creó el Hemiciclo a Juárez en la ciudad capital y lo honró en todo el país, aunque le quitó el poder, y también creó la ceremonia del Grito, que pasó de la madrugada a la noche, fomentando el culto de Hidalgo, Allende, Aldama y los otros héroes insurgentes, creando un culto y una mitología con su narración incluida.
Benito tuvo, luego de la caída del Segundo Imperio, su dilatado y dictatorial gobierno, en que concentró poderes, facultades y aplicó el término federalista, la Reforma, como un gobernante centralista, una administración muy fuerte y un ejercicio del poder sin titubeos, incluso amordazando a la prensa de época; pero a cambio gobernó con solvencia, honradez, aunque era muy intenso y polarizador. En fin, su obra es inmensa y para estudios magnos a favor y en contra, y su visión no quedó exenta de errores.
En fin, lo que ocasionó el 5 de mayo, una ceremonia de carambola triple, para tres países al mismo tiempo por razones diferentes.
Es de las ceremonias que festejan ambos ejércitos, porque Francia celebra la Legión, la camaradería y el heroísmo de sus tropas en la fecha; México celebra la victoria, única aunque perdió la guerra con los franceses enviados a imponer a Maximiliano.
Única fecha en nuestra dilatada historia en que forzamos a otros partidos bélicos; para decirlo por el año del Mundial, como justa deportiva, luchamos como nunca, pero los goles los hicieron los visitantes.
Estados Unidos festeja el 5 de mayo y algunos en Estados Unidos creen que es la independencia de México, pero en realidad festeja que México se haya resistido a Francia, porque América es para los americanos, aunque ellos dirían norteamericanos.
Entonces eso festejan: que Europa no meta la cuchara en su feudo, y eso excluye ingleses, franceses o españoles, que dejaron su huella en nuestras tierras, con lenguaje, ideas religiosas, incluso la fusión muy valorada.
La Doctrina Monroe, aunque Trump no conoce a los pensadores liberales y conservadores —que son numerosos— de los Estados Unidos, insertados en los dos partidos y con mucha doctrina que pondría orgulloso a Montesquieu. Y dijo que era la doctrina “Donroe” o un disparate parecido. Dios, qué gobernantes tan poco cultos padecemos; qué podemos esperar.
Durante la guerra de secesión civil del norte, tenuemente los franceses simpatizaron con el Sur, contra los federalistas yanquis del Norte. Cuando eso se acabó, los federalistas mexicanos le dieron la vuelta con el apoyo de los Estados Unidos y ya saben que todo terminó en el cerro de Las Campanas y ni las letras de Victor Hugo sirvieron para salvar a Max, llegaron tarde.
Curiosamente, eso vine a encontrar en esa pintura: un reflejo de que finalmente las armas conquistan, pero los pueblos permanecen.
El cuadro tiene un decorado real de objetos de la época, árboles y plantas reales que lo circundan en una especie de foso, pero que le dan gran ambientación y finalmente la valiosa pintura. Y el museo adjunto tiene piezas de gran interés.
La conclusión de la época: el imperialismo más tecnológico, rico y organizado finalmente gana, y en ese momento era Napoleón, que llevó a Francia a lo más alto; pero salvo Roma, porque asimilaba la cultura, respetaba a los locales, incluso dejándolos gobernarse y de alguna manera les aportaba beneficios. Los imperios desaparecen y los dictadores con ellos.
ARQUITECTURA PARA LA NIEVE
Otro tipo de arte existe en Innsbruck. Un teleférico que te sube a 2,355 metros de altura (aunque GDL está a 2,500 metros sobre el nivel del mar), pero es suficiente montaña para descensos invernales de esquí. Su trayectoria puede causar vértigo, y es una vista tan espectacular con el lago congelado y un puente en lo más alto; incluso cerca está la pista de salto gigante para los temerarios que se la juegan en cada vuelo y, sobre todo, al hacer contacto con la nieve. No seré aguafiestas, no me pondré a contar tragedias, pero alguien me dio la estadística mortal de 124 accidentes en Bergisel.
Tanto el teleférico como la pista descendente, que parece una cabeza de serpiente erguida y se ve desde diversos puntos de la ciudad, sumados a un paisaje boscoso y nevado especial, hacen de Innsbruck algo especial.
La autora fue la arquitecta Zaha Hadid, que diseñó la pista sobre un cráter natural en 2002, para la escalofriante prueba de salto largo en esquí, que implica muchos riesgos para los deportistas. Es la pista de Bergisel, de Zaha, sede olímpica y sigue en uso.
Otro arquitecto notable, porque las iglesias y el ayuntamiento son espléndidos, es Dominique Perrault.
Pero locales, destacan Heinz Tesar, que diseñó un edificio modernista; Jorge Streli, con varios edificios públicos; pero sin lugar a dudas, la máxima impresión es el salto de esquí, que es motivo de orgullo.
Innsbruck tiene sabor medieval, barroco, vienés en ratos y ultramoderno. Es una ciudad muy viva, llena de cultura, de sabor deportivo cuando hay justas y una belleza proverbial, con un paisaje que siempre parece de un cuadro inspirado, y también tiene el estilo de las casas del Tirol como parte armoniosa de las montañas y se saborea mejor en frío.
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