Por Laura Gutiérrez Franco
Jalisco suele cocerse aparte. Mientras el panorama nacional se enfrenta a una preocupante atonía económica, con un crecimiento discreto del 0.8% en el PIB 2025, nuestra entidad parece haber encontrado una fórmula de resistencia. Crecer 14 veces más que el promedio nacional no es un dato menor; es el reflejo de un ecosistema que sabe producir, exportar y, sobre todo innovar.
Sin embargo, las cifras macroeconómicas no siempre llenan los bolsillos de quienes están en la “primera línea” de fuego comercial. Por ello, el anuncio de la estrategia “Impulso Económico al Estilo Jalisco 2026”, con una bolsa de 4 mil 662 millones de pesos, llega en un momento crítico y, sobre todo, reactivo ante la emergencia.
Un salvavidas tras el golpe de febrero
Lo más destacable de este plan, que fue presentado por el Gabinete Económico del Gobierno de Jalisco, es la sensibilidad hacia un tema que marcó la agenda el mes pasado: la inseguridad. El compromiso de dar prioridad a las empresas afectadas por los eventos de seguridad ocurridos durante febrero de 2026 es un acto de realismo político y económico.
Es un reconocimiento explícito de que hubo negocios que sufrieron daños patrimoniales, bloqueos o cierres forzados durante esos días de crisis. Que se destinen apoyos de liquidez y protección al empleo específicamente para quienes acrediten este daño es, sencillamente, lo justo para evitar que la violencia se traduzca en quiebras masivas.
Pero aquí es donde debemos poner la lupa. Los programas de apoyo, por más ambiciosos que sean, suelen enfrentarse al “cuello de botella” de la burocracia.
¿Llegará el crédito de PROJAL al pequeño comerciante que perdió su mercancía o equipo en febrero?
¿Serán los 100 mil pesos para MiPyMEs un proceso ágil o un laberinto de trámites que revictimice al empresario?
¿Cómo se garantizará que el recurso llegue a quien realmente sufrió el daño y no a quien mejor sabe llenar formularios?
La instalación de una mesa permanente con sector privado, gobienro, universidades y sindicatos es una buena señal de transparencia, pero la verdadera prueba de fuego será la ejecución inmediata. El daño ocurrió hace apenas unos días; la ayuda no puede llegar el próximo año.
Es de celebrarse que Jalisco no se cruce de brazos ante la desaceleración y la adversidad. No obstante, la esperanza colectiva es que este “Estilo Jalisco” sea también sinónimo de empatía y eficacia.
Esperamos que los mecanismos de validación sean lo suficientemente humanos para entender el trauma de los eventos de febrero y lo suficientemente técnicos para que ni un solo peso se desvíe de su propósito original: levantar a quienes la inseguridad intentó poner de rodillas.
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