
Por Iván García Medina
Por más discursos de retiro político, homenajes de despedida o poses académicas, en Jalisco hay personajes que simplemente no saben vivir fuera del poder. Uno de ellos es Juan Enrique Ibarra Pedroza, quien hace apenas unas semanas pretendía vender la narrativa de su salida definitiva de la vida pública, mientras en los hechos continúa operando, reuniendo actores políticos y moviendo piezas rumbo al proceso electoral de 2027.
El evento convocado a través del Colegio de Jalisco A.C., organismo que hoy preside, dejó más dudas que certezas. Oficialmente, el encuentro tenía como eje la conferencia “Participación Ciudadana en Jalisco: ¿Dónde estamos y hacia dónde queremos ir?”, impartida por Guillermo Cejudo. Pero detrás del discurso académico, lo que realmente se observó fue una reunión de operadores, cuadros y personajes vinculados al poder político estatal.
Porque en Jalisco ya es costumbre disfrazar de reflexión académica lo que en realidad son mesas de operación política.
La presencia de Guillermo Cejudo tampoco fue menor. El hoy comisionado del Coneval arrastra señalamientos públicos documentados desde 2022 por el medio digital Sin Embargo MX, donde se expuso el presunto manejo irregular de recursos públicos durante su paso por el CIDE.

La publicación titulada “Un fantasma del CIDE persigue al actual comisionado de Coneval. Y suena a corrupción” detalla observaciones relacionadas con un proyecto financiado con más de 30 millones de pesos provenientes de recursos públicos, donde incluso Conacyt determinó que debían devolverse recursos a la Tesorería de la Federación por incumplimientos en compromisos y productos establecidos.
Resulta por lo menos contradictorio que un foro sobre participación ciudadana y rendición de cuentas tenga como figura central a un personaje marcado por cuestionamientos precisamente en materia de transparencia.
Pero quizá lo más revelador no fue el invitado, sino el anfitrión.
Juan Enrique Ibarra parece haber encontrado en el Colegio de Jalisco una cómoda trinchera para seguir influyendo en la política estatal sin asumir costos directos. Lejos de retirarse, todo apunta a que busca mantenerse como un operador de bajo perfil, colocando allegados, fortaleciendo relaciones y tratando de conservar cuotas de poder en distintas instituciones públicas.
Los señalamientos sobre su presunta intervención en la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco no son nuevos. Desde hace tiempo circulan versiones sobre su interés en mantener influencia dentro de organismos públicos mediante perfiles cercanos a su grupo político. Y ahora, conforme se aproxima el proceso de 2027, vuelven a surgir versiones sobre una eventual coordinación con sectores de Movimiento Ciudadano para intentar meter mano en futuras decisiones políticas y administrativas.
En otras palabras: el supuesto retiro fue puro teatro.
Porque en la vieja política jalisciense abundan los personajes que nunca se van; simplemente cambian de oficina, de membrete o de escenario. Un día aparecen como académicos, otro como asesores, otro como “promotores del diálogo”. Pero el objetivo sigue siendo el mismo: conservar influencia, presupuesto y capacidad de operación.
Y eso es precisamente lo que dejó ver el evento del Colegio de Jalisco: no una discusión genuina sobre ciudadanía, sino una demostración de que ciertos grupos siguen creyendo que Jalisco puede manejarse desde las sombras, entre élites políticas recicladas y encuentros disfrazados de academia.
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