Por Amaury Sánchez G.
Hay quienes ocupan un escaño para figurar en la foto. Otros para levantar la mano cuando se lo piden. Y hay —pocos— quienes entienden que legislar no es un acto simbólico sino una deuda, una responsabilidad que se paga con trabajo diario, no en la tribuna sino en la tierra que los eligió. Mery Pozos pertenece a esa minoría.
Cuando se sube a la tribuna no lo hace para complacer a su partido ni para gritar slogans vacíos. Lo hace porque detrás de ella, en su distrito, hay niñas con uniforme de primaria que ya no sueñan con ser princesas, sino diputadas. Y eso no es metáfora. Ella misma lo dice, con la convicción de quien ha recorrido calles de tierra, escuelas con techos de lámina y hospitales con carencias:
“Las niñas ya sueñan con llegar a espacios de poder en la vida pública para hacer la diferencia; las niñas pueden ser lo que quieran y eso antes no estaba en sus expectativas.”
Ese cambio en la mirada de una niña no es producto del azar. Es fruto de una siembra política que exige constancia, ternura, terquedad. Y de referentes. Referentes como Mery Pozos, y como la mujer que hoy ocupa la Presidencia de la República. Porque sí: hay símbolos que se convierten en motores. La historia mexicana lo sabe.
En la comisión legislativa que preside, Mery Pozos no ha sido una figura decorativa ni una dama de compañía institucional. Ha empujado reformas, ha exigido transparencia, ha defendido causas con nombre y apellido. Y cuando no está en el Congreso, está caminando su distrito. No para tomarse selfies, sino para escuchar. Porque el poder, bien entendido, no se impone: se construye desde el oído.
Los vecinos la reconocen. No por la propaganda, sino por la presencia. Ha regresado a los mismos lugares donde pidió el voto, y ha vuelto sin guaruras ni faramalla. A veces con un folder de gestiones; a veces con una libreta llena de peticiones. Siempre con el respeto de quien sabe que representa a gente, no a estructuras.
¿Ha cambiado la política? Tal vez no del todo. Pero hay señales. Como esta diputada que no se olvida de las calles de su distrito, ni de las niñas que la miran desde abajo con la certeza de que un día estarán arriba.
A eso se refería cuando dijo:
“Se lo debemos a muchas mujeres que nos han abierto brecha y a que hoy tenemos a la mejor mandataria como PresidentA 💜”
Esa “A” mayúscula no es un error tipográfico. Es un gesto político. Una declaración de guerra al machismo burocrático y al olvido sistemático. Es la letra con la que firmamos, poco a poco, una nueva página de nuestra historia.
Y en esa página, el nombre de Mery Pozos ya está escrito con tinta firme.
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