
Por Manuel Gutiérrez
Las cifras: 200 tráileres quemados, camiones urbanos y de transporte foráneo; un total de 500 vehículos incendiados en Jalisco, sin sumar los incidentes similares en 20 entidades del país que sufrieron bloqueos, balazos, incendios, homicidios y ponchallantas. La parálisis de México en su estado motor, Jalisco, seguido por Michoacán, con dos carros bomba que cobraron la vida de guardias nacionales que suman 48 bajas, según Aristegui.
¿Cómo le llamaría usted a esta reacción del CJNG en todo el país? La respuesta es obvia: TERRORISMO.
¿Qué piensa usted de que la “prasidenta” —con A— diga que no lo fue? ¿Juegos florales, combates de versos, intercambios de afectos? Para ella, eso no es.
Su idioma español es diferente; por ello, insisto en sus raíces judío-búlgaras y en una mentalidad proclive a la dictadura. Porque, con el pretexto de combatir la delincuencia con la Reforma Política, argumenta que es para evitar que el delito se infiltre en las elecciones… y busca la hegemonía de su partido: unas pálidas elecciones sin PREP, una reducción presupuestal y muchas restricciones a los apoyos directos que correspondería investigar a la autoridad en el caso de donaciones en efectivo.
Buena broma, luego de que Julio Scherer revelara en Ni perdón, Ni venganza, que el huachicol y el crimen organizado financiaron campañas: la de Arturo Durazo en Sonora; la de Sinaloa con Rocha Moya —quien ya debería haber sido bajado de la nube y del fuero por el bien de Morena, que irremisiblemente perdió ese estado, que incluso ahora se le regala al Verde, al PT o al PRI, para quien lo desee—. Y falta la campaña de Clara Brugada, que en el Estado de México también tuvo impulso del huachicol, y así por ocho entidades en total.
Definitivamente, la “prasidenta” padece de una bipolaridad: de una moral doble. De un trastorno del lenguaje: para ella, un descarrilamiento no es la salida de las vías de un tren —caso del Istmo con 14 muertos y 40 heridos—; es otro eufemismo. Para ella, todo lo sucedido en la ola de violencia de represalia del cártel de las cuatro letras no es otra cosa que “incidentes que ya pasaron”, que no pasó nada y todo quedó listo para el Mundial y para recibir a los miles de esperados turistas del futbol.
Sería bueno que se lo explique al General Ricardo Trevilla Trejo, quien se quebró por la pérdida de vidas de sus compañeros militares de la Guardia Nacional.
Y elijan: Jalisco reportó 9 bajas de la GN, pero Omar García Harfuch —que no es muy dado a hacer composiciones mentirosas— reveló en plena mañanera 25 bajas dolorosas que oficialmente subieron a 28. Pero Aristegui Noticias y su experta, María Idalia Gómez, revelaron que las bajas fueron 48. Es una cifra importante y dolorosa.
En realidad, la cifra importa porque se trata de un padre de familia que no llegó, una nueva viuda, hijos en la orfandad, dolor de padres, familiares y amigos; ausencias y cambios de planes de vida. En el intercambio de la guerra, el cártel sufrió la baja de dos jefes —incluso el operativo “Luli”, que coordinaba las acciones terroristas—; se habla de 30 bajas y de más de un centenar de detenidos, pero la realidad es que la respuesta dejó poblaciones como Puerto Vallarta, Jalisco, y la llamada Costa Alegre a merced de los desatados sicarios.
Ahora bien: las pérdidas para la sociedad fueron enormes. El Mercado de Abastos de Jalisco perdió 1,600 millones de pesos en dos días por alimentos perecederos. Costco sufrió el incendio de la sucursal de Puerto Vallarta. Incluso Puerto Vallarta, aun con la visita de Pablo Lemus, no pudo tener las fuerzas que demandaban las crisis. Como gobernador, Lemus refleja una situación de fragilidad ante las reacciones de violencia y la pasividad de las guarniciones militares del lugar, incluso con la Marina incluida o excluida.
Los esqueletos de camiones humeantes reflejan el bloqueo y la pérdida de recursos irremplazables. Incluso corre la versión de que es mejor reportar el vehículo como robado que como parte de un siniestro terrorista, porque en la segunda opción la indemnización está excluida.
La “prasidenta”, en el colmo, reveló cómo gastará los 10 mil millones que el “Tío Richi” le pagó como adelanto fiscal. Mejor se los hubieran dejado o los hubiera aplicado a los que sufrieron graves pérdidas patrimoniales, pero la dama Sheinbaum no se conmueve con la desgracia ajena, solo con la de Cuba.
La señora de la mañanera dijo que serían para becas de las “universidades patito” de la 4T para los jóvenes, pero el “Tío Richi” dijo de forma directa que se usará ese recurso para pagarle a Shakira por el concierto popular que ofrecerá en el Zócalo. No parece una forma alentadora de ver resultados de nuestros impuestos, porque no generan fuentes de trabajo estables.
Ese afán de no hablar y no comprender los términos del español me preocupa de la “prasidenta”, porque refleja una tendencia a la dictadura. Su reforma política pretende abaratar el concepto de las elecciones y los subsidios a los partidos en aras de un ahorro, en tanto se empobrece la democracia y los recursos en equidad para los participantes. Los plurinominales ahora no son queridos.
Pero más del dinero del “Tío Richi” fue a parar al PT, que como incentivo recibió dos millones por cada centro CENDI que administre. Esto es una forma de soborno. ¿Qué le regalarán al Verde?
La verdad, la base del diálogo empieza con el empleo de un lenguaje preciso, no con pretextos para desviar los hechos, y con la participación de voces diferentes. De lo contrario, no hay diálogo posible desde el inicio.
Tampoco se observa voluntad política por conservar una oposición viable y existente, sino un monolítico control del “partidazo” Morena, que asume el corporativismo del antiguo PRI, con su dosis de presidencialismo, de culto a la personalidad y de infalibilidad en sus decisiones; al menos en su narrativa.
Definitivamente, algo anda mal en las conexiones sinápticas de la “prasidenta”. Porque no es posible que no escuche o lea a Héctor de Mauleón o al equipo de expertos en seguridad de Aristegui, como Gerardo Rodríguez, Samuel González, la célebre Anabel Hernández o la ya citada María Idalia Gómez.
Ciertamente, los mexicanos somos adictos a fabricar versiones denominadas “mitotes”: que el Mencho vive, que no lo mataron, que no mostraron el cadáver, que fueron los gringos, que Omar García (Batman) está castigado y peleado con el General Trevilla, que Nemesio es un inmortal que seguirá como zombi… que se retiró a vivir a todo lujo y añádale la que le guste; hasta los extraterrestres valen.
Pero de ahí a que la propia primera mandataria quiera cambiar el nombre a los sustantivos y a los adjetivos, hay una distancia enorme de poca salud democrática y mental.
La reacción criminal, según el caso, puso de cabeza al Estado mexicano, y algunos incluso consideran que el cártel tiene más soldados que el mismo Ejército Mexicano, con leves diferencias en potencia de fuego.
Ciertamente, en la mayoría de los choques salió avante el Ejército, sobre el cual dijo el General Trevilla: “El Estado ha recuperado su potestad”. Sí: la de la fuerza, la de la legalidad, la de la justicia, la de imponer el orden y salvaguardar las instituciones; no la de hacer “abrazos, no balazos”, cuando se asume una política de facto diferente que genera un estado de guerra que nunca llegó a alcanzar el calderonismo.
Duele que sus caricaturistas de La Jornada hayan dibujado a Claudia con el holgado traje militar, como un nuevo Calderón. Señal de la rebeldía morenista que se empeña en no comprender. No entiende que ella ya quemó sus naves, pese a sus discursos florales para AMLO, con el fin de la política de la tolerancia, el miedo y el contubernio.
Porque el problema está en el Estado, porque no se ha aclarado la grabación del difunto héroe de la Marina, el Contraalmirante Fernando Guerrero, con el secretario Rafael Ojeda, que propició su red de huachicol con sus sobrinos Farías y otros capitanes que hicieron el trabajo sucio, como el Capitán Clímaco y el Capitán Sol, célebres. Pero insiste en que no hay nada que investigar con el exsecretario de Marina, Rafael Ojeda… esa pasividad es complicidad.
Si el problema de la violencia no le llega, menos entenderá el narcoestado vigente que tiene gente en el primer círculo y personalidades muy cercanas. Adán Augusto, “La Barredora”, los marinos que denunció la columna de Riva Palacio… están ahí.
Por último, le digo “dictadora”, porque vean cómo planteó su discurso ante Elon Musk. Ciertamente, el influencer e industrial mundial, que hace ver su suerte a gente como Putin o Trump, le dijo que el narcoestado existe porque Claudia solo obedece a los jefes de los cárteles. Y luego se burló de ella al señalar que violaba sus derechos humanos por videos públicos en redes.
“Estamos considerando si hacemos un asunto legal, pero a mí me importa lo que dice el pueblo —dijo Claudia—, reconocen el trabajo de las fuerzas armadas… y otros esfuerzos”, sumados al más puro estilo propagandístico.
Lo cierto es que los cárteles aprovecharon la enorme facilidad del sexenio anterior, en el que el presidente prefirió, en dos “culiacanazos”, parar a las fuerzas armadas para evitar la represalia que se vivió en el país con la muerte de Nemesio Oseguera. Eso solamente reservó una eclosión peor que llegó con toda la fuerza y para la cual, al parecer, no estaban preparados el gobierno ni las fuerzas armadas, que por el secreto de la operación no notificaron a muchas instituciones interesadas.
Las palabras deben ser precisas y la responsabilidad de informar era de la presidenta, que no apareció hasta un día después en su mañanera. Y no fue sensible, como su antecesor, con las bajas de los militares; de hecho, se nota su indiferencia.
Su objetivo hoy es su reforma política, encubrir a los políticos que
forman el narcoestado a alto nivel, seguir con el mito de su antecesor y, de paso, continuar con la celebración del Mundial de fútbol.
Ante ellos, las bajas que sufrió el verdadero pueblo trabajador no importan; son solo “daño colateral”, mala suerte. No reconoce la indefensión que todos esos ciudadanos sufrieron, siendo víctimas de delitos y peligro de muerte pese a que existen tres órdenes de gobierno y fuerzas armadas que vieron cómo les fue imposible estar en todas partes.
Si bien hubo profesionalismo de las fuerzas armadas, parece que la acción está limitada a detener a los peones del tablero. Es un ajedrez que no toca las piezas grandes y que está derrotado anticipadamente; solo en esta ocasión se lanzaron a capturar al rey contrario con éxito, pero con repercusiones que deben estudiar y prevenir. Se pagó un costo de vidas y social muy alto, y aprendimos a sentir… miedo. El efecto del terror es un elemento que ahora forma parte de nuestra realidad.
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