
Por Manuel Gutiérrez
Rusia dio un gran paso con el apoyo de Trump en su financiación pública y economía de guerra con el regreso del permiso de exportación de petróleo por lo menos hasta mayo, lo que representa que Putin se embolsará 10 mil millones de dólares por ese concepto.
Gazprom, la estatal de petróleo de Rusia —que sí cumple sus metas de producción, que sí tiene buen mantenimiento y que es el punto de apoyo del desarrollo de Rusia— está de plácemes por tal motivo.
Otra diferencia es que la manejan expertos, no improvisados de 90 por ciento lealtad y 10% de capacidad; todos saben manejar el petróleo.
¿México? Tiene a Pemex. Pero ante la jugada, Ucrania sacó un as de la manga.
Este consistió en la reparación y rehabilitación de la refinería de Druzhba, que permite que el gas y petróleo de Kazajistán y otros países asiáticos de la extinta URSS, hoy independientes y de alguna forma codiciados por Moscú, (Druzhba) fue atacado por los rusos con drones, lo que canceló el envío de combustible hacia Hungría —que acaba de cambiar de Presidente con Péter Magyar— y hacia Eslovaquia.
La reanudación, pese a las amenazas de Moscú, permite a Ucrania que se liberen para su servicio 90 mil millones de euros que demandaba por la guerra de invasión que lleva a cuestas.
Pero el apoyo llega: la UE concede un préstamo por 105 mil millones de dólares en un crédito que ayudará a Ucrania a sostenerse por otro año más con un gobierno funcional, un ejército operativo y servicios de salud; rescate ante siniestros que llegan día y noche en forma de drones, bombas y misiles de Rusia a las ciudades; educación que no se detiene e incluso educación superior que se ha orientado para que los alumnos resuelvan problemas prácticos de dinámica, de asuntos de física y química, y que le han dado a Ucrania cierta autosuficiencia en su lucha por sobrevivir.
MOL de Hungría indicó que ya llega el preciado combustible en estos tiempos del bloqueo doble al estrecho de Ormuz, en que iraníes con botes rápidos y la flota estadounidense no dejan a los barcos pasar en un enredo de una guerra innecesaria que cada vez se comprende menos.
Irán bloqueó para su beneficio y como efecto de la guerra; Estados Unidos bloqueó para poder controlar ese paso decisivo, pero la amenaza de comprometer incluso el mar Rojo con los hutíes de Yemen sigue latente.
Druzhba representa 1.2 millones de barriles de petróleo, pero quieren aumentar su capacidad a 2 millones de barriles por día.
Rusia, por su parte, quiere bloquear el petróleo kazajo por medio de Druzhba que debe llegar a Alemania, a la central Schwedt (una de las mayores), pero todavía faltan negociaciones y la iniciativa de Ucrania; Alemania necesita combustible y este va por Druzhba.
Precisamente preparándose para un creciente mercado petrolero, Ucrania recibió barcos modernos dragaminas de Bélgica y Países Bajos (Holanda para nosotros); los barcos se encuentran en puertos de Inglaterra y serán transferidos a más tardar en el mes de junio para que Ucrania pueda establecer una ruta crucial limpiando la zona del mar Negro de minas rusas y de otros objetos peligrosos para la navegación, porque con la crisis de Ormuz, ahora el petróleo debe llegar por otros mares.
Los marinos ucranianos fueron certificados y de hecho ya rebautizaron los barcos con nombres propios; incluso uno llevará el nombre de Mariúpol, en referencia a la heroica ciudad, participando en los ejercicios navales Sea Breeze en sus ediciones del 2023 al 2025; en total son 5 barcos, el de Países Bajos cedido es el Genicheck, que tendrá otro nombre.
De hecho, muchos de los barcos de Ucrania se quedaron en los puertos de Inglaterra por los riesgos que implicaba el mar Negro, pero actualmente lo domina totalmente Ucrania y esperan establecer una vía naval para grano, petróleo y otros productos saliendo por Turquía, lo que es de gran interés para Europa.
Pero la ayuda sigue fluyendo: Francia propuso a Grecia renovar con facilidades su flota aérea con el nuevo Rafale más reciente a cambio de ceder sus 43 Mirages a Ucrania, que los está utilizando con intensidad en la guerra, lo mismo que los ubicuos F-16 donados por Países Bajos, Dinamarca y Bélgica.
MÁS GUERRA QUE NUNCA
Por otra parte, la guerra no ha perdido intensidad, sino que se ha agravado en todos los frentes.
Hubo 231 ataques como resultado de operaciones militares de Rusia, lo que muestra que han retomado la ofensiva para intentar recuperarse de la pérdida de territorio que, por más de 400 kilómetros cuadrados, logró conquistar Ucrania.
La iniciativa de Rusia va en grande con una oleada a gran escala de su fuerza aérea, que ejecutó 78 ataques lanzando 287 bombas guiadas, con 2810 bombardeos contra las zonas militares y zonas pobladas, de forma indistinta.
Las ciudades y frentes de Kostiantynivka, así como Pokrovsk, están entre los objetivos principales en una nueva escala de guerra que destaca por su ferocidad.
Donetsk, Járkov, Sumy, Dnipropetrovsk y varios puntos de Zaporiyia son ya zonas de contacto.
Ante el despliegue, Ucrania castigó 7 zonas de concentración de tropas para evitar que lleguen al frente, así como un centro de mando de drones enemigos.
En Kursk hubo 94 bombardeos contra posiciones de Ucrania y localidades; incluso Rusia volvió a lanzar sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes, las clásicas Katiuskas.
Sin embargo, no se reportan avances territoriales de los rusos, que han encontrado sólidas defensas y una defensa escalonada, lo que se apreció en Vovchansk, sin que lograran avances definitivos.
En Kupiansk hubo 5 ataques de fuerzas rusas, lo que subió la presión.
Lyman registró 10 ataques; sigue siendo escenario de combates continuos al norte de Donetsk.
El plan de Rusia nuevamente es forzar puntos débiles del frente que no han logrado detectar, ampliando el desgaste de hombres y materiales para Ucrania, que de pronto encuentra que todo el frente está bajo ataque, como en Kramatorsk y Chasiv Yar.
La zona del Dombás también está muy “caliente”, con exigencia máxima y con varias poblaciones bajo ataque; prácticamente todo el frente está bajo fuego.
La apuesta es quién cederá: si los defensores o la incesante ofensiva de los rusos, que vuelven a apostar a su táctica desgastante.
El uso de recursos, la logística y el buen manejo de tropas mostrará qué mando resulta más competente.
Rusia abusa, como siempre, de su abundancia de material humano que usa con criterio desechable, pero la guerra en su quinto año ha colocado a ambos contendientes en el extremo de su capacidad.
En tanto, Inglaterra aseguró un petrolero de la “flota fantasma”.
PERDER EN HUNGRÍA, PERO GANAR EN BULGARIA
Por su parte, el tablero político es también parte de la guerra.
Luego de la caída de Viktor Orbán, un gran aliado prorruso, el general Rumen Radev —del partido Bulgaria Progresista y que aparentemente es simpatizante de Rusia— toma el poder en Bulgaria.
Moscú espera que Bulgaria actúe bloqueando el apoyo a Ucrania, rompa los acuerdos que se han establecido con Europa en materia de defensa e incluso rechace la moneda euro, a la que se acaba de unir Bulgaria pero que es rechazada por Radev.
Radev es comandante de la fuerza aérea de Bulgaria; aboga en campaña por un acercamiento mayor con Rusia, pero el cambio de moneda recomendado por los especialistas en finanzas no ha sido comprendido del todo por la población.
Luego de 19 años de aislamiento, Bulgaria entró al seno europeo, pero ahora con Radev se estima que todo eso puede cambiar… o no.
Radev no simpatiza con Ucrania, sino con Rusia, pero ahora en la realidad del poder y del entorno geopolítico muchas cosas pueden cambiar.
Con 42% de votación favorable podrá decidir el rumbo, pero llega después de que Bulgaria probó lo que significa ser parte de Europa.
Moscú espera con los brazos abiertos a este nuevo aliado, pero no necesariamente sucederá de esa manera.
Radev se ganó el derecho a decidir el destino del país, pero son tantos los factores que antes no importaban —como la libre circulación con toda Europa y programas de apoyo para su economía en el contexto de formar parte de la UE—, incluso contemplada en programas de desarrollo industrial y militar bajo el prisma europeo.
Los próximos días se sabrá qué rumbo seguirá Bulgaria, que puede volver a un gobierno muy autoritario, pero que al parecer es el modo más cierto en que los búlgaros comprenden su vida; no tanto en la democracia, pues el miedo a cambiar les pasó la factura y la crisis económica.
Radev deberá resolver el dilema, pero recibe un país con severos problemas económicos y Rusia como aliado demanda apoyos, pero no está en posición de ser mecenas por la situación de guerra.
Aliarse a Rusia significa arriesgarse a la suerte de la guerra en Ucrania.
Las reformas económicas recomendadas no tuvieron el tiempo necesario para aclararles el camino y, ante las dudas, el regreso del caudillo parece la solución fácil en apariencia, pero que anquilosa la sociedad y su crecimiento; pero así sucede: se prefiere tener al hombre fuerte, al caudillo que piense por los demás, que una democracia funcional en que se evite que el poder degenere en dictadura.
Radev es la incógnita. Rusia espera un aliado y Europa espera que siga con ellos, pero los búlgaros reaccionaron de manera muy tradicional a los tiempos pasados del soviet y al liderazgo del hombre que promete resolverlo todo; tal vez otro episodio de populismo o de un enérgico planteamiento económico para seguir como parte de Europa.
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