Por Amaury Sánchez G.
Uno no se imaginaba que el fentanilo pudiera oler a tinta de chequera. Pero el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, ese primo incómodo que todo lo revisa, nos vino a recordar que el crimen no sólo mata… también hace transferencias internacionales. Y que algunos de sus cómplices no usan pasamontañas, sino corbata italiana, tarjeta platinum y tienen una banca múltiple con estacionamiento subterráneo.
El pasado martes, mientras la Selección Nacional intentaba meter un gol y el peso intentaba no caerse por las escaleras del tipo de cambio, el Tesoro de Tío Sam lanzó una bomba diplomático-financiera: tres instituciones mexicanas —CIBanco, Intercam y Vector Casa de Bolsa— fueron declaradas de “preocupación principal” por lavado de dinero ligado al tráfico de opioides.
¿Así o más directo? No es cualquier cosa. No se trata de rumores de pasillo ni chismes de sobremesa. Lo dijo FinCEN, ese organismo gringo que tiene más ojos que la Lotería Nacional y más dientes que una piraña fiscal. La cosa es grave: quedan prohibidas algunas transferencias con estas instituciones, y se activa por primera vez la temida “FEND Off Fentanyl Act”. Ley con nombre de película de acción y consecuencias de thriller geopolítico.
Pero el escándalo no sólo es económico. Tiene nombre y apellido de alto perfil: Vector es la joya financiera que alguna vez le brilló en la solapa a Alfonso Romo, empresario regio, ex jefe de la Oficina de la Presidencia con AMLO y eterno amigo de todos los que hoy, súbitamente, no lo conocen.
Ahora resulta que más de uno anda borrando selfies en Polanco, archivando sus WhatsApps y negando las cenas con Romo como si fuera ex con denuncia en TikTok. La clase empresarial, esa que presume contactos como Rolex, ahora se hace la amnésica. Y en Palacio, ni pío: el oficialismo, fiel a su estilo, hace como que la virgen le habla en noruego.
La realidad es que esto no se borra con una mañanera. Las implicaciones son profundas: la reputación financiera del país está en juego, y el que no lo vea, o está ciego o está cobrando en dólares sin declarar.
México enfrenta un dilema: ¿seguirá tolerando que se usen bancos y casas de bolsa como lavanderías VIP? ¿O por fin pondrá la plancha caliente sobre la camisa manchada?
Porque mientras Washington aplica la ley con bisturí, aquí todavía estamos debatiendo si fue error o persecución política. Pero si tres instituciones mexicanas caen por sospechas de lavar dinero del narco, el resto del sistema financiero no puede seguir jugando a las escondidas.
Y no, esto no es un ataque a México. Es un llamado de atención, un jalón de orejas… y un aviso de que si el dinero huele a muerte, no hay perfume fiscal que lo disimule.
Así que atención:
– Señores banqueros, ya no basta con tener compliance de PowerPoint.
– Señores políticos, dejen de jugar a la bolita caliente.
– Y señores reguladores… ¡despierten, que ya les tocaron la puerta con guantes de latex y citatorio diplomático!
Mientras tanto, Alfonso Romo podría estar viendo todo desde su finca, pensando en su caballo, sus acciones y sus amigos… que hoy, curiosamente, ya no lo invitan ni al café.
Sírvase frío, que esto apenas comienza.
Y recuerden: la banca limpia no se lava con blanqueador… se audita con lupa.
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