
Por Jaime García Medina*
Las historias se repiten día a día, las buenas y las malas. Hay quienes intentan dar otro cauce a los esfuerzos y hay quienes se obstinan en repetir los pasos desacertados que siguieron otras personas en su momento y ese es el caso del presidente de Zapopan Pablo Lemus y del gobernador Enrique Alfaro, encontrados hoy por las veleidades recurrentes en la política.
Atrás de ellos, de sus enfrentamientos, hay intereses mezquinos y la ambición ilimitada, por eso es muy oportuno tratar lo que ya perfiló ayer el maestro Gabriel Torres en su columna: ya no se espera si Lemus y Alfaro chocarán porque eso es evidente, sino que la interrogante es saber cuándo lo harán.
Pablo Lemus cometió errores muy graves, desplegando una administración premoderna; pero quiso modernizar estilos y costumbres en la política; quiso innovar lo cual no es malo, pero sin reparar en ejemplos existentes.
Más bien apostó al escenario catastrófico que llevó desde Zapopan a Carlos Rivera Aceves a la gubernatura, pero previo paso por el Congreso del Estado.
Rivera Aceves contó entonces conque era muy querido en el Cosiato -lo que mo ocurre con Lemus- y tenía mucha cercanía en el Centro,
Lemus no. Ni lo quieren en el alfarato, ni lo ubican en el Centro.
Rivera Aceves no contendía contra el gobernador Cosío y Lemus sí contiende contra Alfaro. Lo hace desde que contra toda lógica, dijo que quería ser su remplazo, desde el primer año de mandato de aquel lo cual se ve mal y se oye peor.
Finalmente, Lemus apostó todo su capital político en impulsar a Juan José Frangie como sucesor, y al menos ya tiene la candidatura en la bolsa, pero Frangie ni es favorito en la contienda, ni le garantiza nada.
Eso pasó con Héctor Vielma, quien se confrontó con el gobernador Aristóteles Sandoval exigiendo para Héctor Robles Peiro la candidatura, a costa de su sacrificio personal. Hoy Vielma no es un actor político porque en el tiempo que lo fue, optó por la independencia.
Y esos pasos ha seguido Pablo Lemus.
Por su parte, Enrique Alfaro va tras las huellas de Aristóteles Sandoval. Quiere crear una nueva clase política para alcanzar su anhelo transexenal. No ha logrado, como no pudo su antecesor, ni lo uno, ni lo otro.
Su visión es estrecha, su liderazgo se desplomó y ya perdió el respeto de sus adversarios. Queda el miedo y eso es terrible para cualquiera que aspira a vivir en paz y bien, como lo hacen otros que ocuparon antes la silla principal de Palacio de Gobierno: Alberto Cárdenas Jiménez, Francisco Ramírez Acuña y hasta Carlos Rivera Aceves.
Historias que se repiten.
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