
Horacio Villaseñor
Ha quedado claro que el gobierno municipal es, en estos tiempos, solo un “cuento chino”, declara y da noticias espectaculares para que la gente se crea la mentira de que ahora sí todo cambiará, estará mejor o la ciudad te cuidará, pero ¡nada más falso que eso! Me explico: Los servidores públicos, todos, ni son buenos ni malos, igual que todo ser humano son como les convenga. El recolector de basura levantará las bolsas de residuos sólidos domésticos que la gente saque a la banqueta, para evitar reclamaciones, pero lo hará cuando pueda, dará preferencia a los giros comerciales o condominios donde alguien saltó a su paso y les ofreció dinero, se dice entonces, donde “saltó la liebre”. La cuadrilla de bacheo atenderá los reportes de hoyos que lleguen a la dependencia,también cuando puedan, porque taparán primero aquellos que la gente les pida atender en sus estacionamientos particulares o banquetas a cambio de una “lana” ofrecida a su paso, igual “saltó la liebre”. Si ofreces “propina” al líder de un grupo de trabajadores que están podando un árbol para que lo recorten más de lo que el dictamen que traen dice, con gusto lo harán, ¡el que paga manda! “Saltó la liebre”, en este caso también. Haz un trámite gubernamental y si “salta la liebre”, esto es ofreces dinero para agilizarlo, tu trámite durará días, no semanas o meses como es costumbre. Toda organización es ambigua y compleja pero la pública, lo, es más, porque sus recursos económicos son de todos y de nadie en particular, a la vez. Por lo general, la gente cree que es más importante cuidar el dinero propio que el ajeno y en la esfera privada puede ser que sí sea así, das un servicio para cobrarlo, inviertes tu dinero para quitarle más al otro. En la esfera pública es distinto, los impuestos, el dinero de nadie en particular, es recurso para garantizar la seguridad y la salud de toda la gente que habita un territorio determinado, dinero que se le encarga, por periodos cortos, a órganos colegiadosintegrados por personas electas democráticamente, en el caso de los municipios, a los ayuntamientos. Todos juntos, “ayuntados” por tres años, en teoría, deben cuidar la hacienda y garantizar que durante el periodo de su encargo los servicios públicos se presten en inmejorables condiciones, esto es, que las acciones gubernamentales sean generales, uniformes, continuas, reguladas y obligatorias. Por cierto, en Guadalajara no hay un solo servicio público que cumpla con dichas características; 1) ninguno es accesible a todos los habitantes del territorio; 2) ninguno se presta equitativamente y sin privilegios; 3) ninguno no se interrumpe algún día; 4) no todos están reglamentados, y 5) aunque el ayuntamiento está obligado a otorgarlos en inmejorables condiciones, no lo hace y no pasa nada. Los funcionarios deben cuidar el dinero público, el de la hacienda, mejor que el de ellos, en la esfera pública no deben caber los “gustitos”. Si la “liebre” salta, hay que dejarla pasar, pero no sucede así porque los encargados, los “funcionarios”, esos que solo saben ganar elecciones y no entienden la administración gubernamental, nunca cambian su modo de político a administrador, modos totalmente diferentes. En el modo administrador, están obligados, por ley de responsabilidades, a asegurarse de que todos los empleados bajo su dirección cumplan con sus responsabilidades claramente impuestas en norma. El ciudadano que ofrece dinero no es corrupto porque él puede hacer lo que se le antoje con él, en cambio el empleado público sí lo es porque lo tiene prohibido, utiliza tiempo y equipo destinado para la función pública en su beneficio, entonces, no es cierto que la corrupción es de dos; la ciudadanía ofrece porque el servidor público recibe. Los empleados hacen lo que les conviene, ganan más con las dádivas, aprovechan los recursos públicos a su disposición para beneficio personal porque pueden y no pasa nada. Los directivos públicos no vigilan a los empleados bajo su cargo y tampoco pasa nada. Lo que antes era inesperado que sucediera porque había algunos controles, ahora, con tanta ineptitud directiva,es cosa de todos los días. Las “liebres” se convirtieron en una plaga. Ni hablar.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







