
Por Jaime García Medina*
Las marchas incendiarias y las respuestas inconstitucionales del Gobierno de Jalisco ocurridas jueves, viernes y sábado solo son consecuencia de una guerra que inició formalmente el 4 de junio y concluirá en su primera etapa con el proceso electoral 2021. Es la guerra abierta ya a través de los brazos constitucionales creados para ello, para llegar al poder: Morena y Movimiento Ciudadano, respectivamente, de Andrés Manuel López, y de Enrique Alfaro los verdaderos actores del conflicto.
Para que ocurrieran las acciones que padeció Jalisco el pasado fin de semana, se conjuntaron muchas imprudencias, malas decisiones, muchas omisiones, y formas de ejercer el poder entre López Obrador y Alfaro Ramírez. En medio, como siempre, quedó aquello que en los discursos se usa mucho, pero yo me referiré al término y simbolismo constitucional: el pueblo.
Ocurrió todo en un clima propicio para que se usara copiosamente la post verdad, -asumida como versión emotiva de ciertos hechos- pero además de los muchachos y familias víctimas, hay un perdedor evidente porque las violaciones constitucionales fueron graves y si bien su estrategia es que nada salga del estado, le dio todas las armas al gobierno federal para atraer el caso. Por eso creo que va a perder el gobernador Alfaro.
Esgrimir atenuantes, excusas, salidas, de los que encabezan los proyectos que chocaron, el real, el del presidente Andrés Manuel López Obrador y el que busca iniciar Enrique Alfaro, es cosa de manual no escrito de gobierno. Eso de que las marchas fueron planeadas desde los sótanos del poder federales; eso de que atrás de las protestas violentas está el gobierno federal, eso de que la fiscalía tenía 30 días investigando a la policía de Ixtlahuacán de los Membrillos, de que los represores fueron los policías ministeriales por su propia cuenta, o que no, que siempre no, que fueron esfuerzos del crimen organizado para desestabilizar; eso de que no hay detenidos -pero siempre sí había-; eso de que a los detenidos que siempre sí hubo no fueron registrados con esa calidad al ser internados a las mazmorras del Estado, pero asegurar que no estaban desaparecidos; eso de amenazar al presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco para que investigue los sucesos sin llegar a fondo, siendo mucho cierto y obvio pero no comprobable, solo pretende mantener fuera de la investigación lo federal y encontrar culpables ficticios. Le abrieron aquí la puerta al Gobierno Federal diciendo que el crimen organizado quiso desestabilizar y si ejercen la atracción de las investigaciones los van a liquidar.
Como también es ingenuo creer que son aislados estos hechos: que La Jornada -uno de los tres mayores beneficiarios del presupuesto federal para medios, después de las dos televisoras conocidas- dedique sus 8 columnas al caos de Guadalajara por afán periodístico; o que el diputado Mario Delgado use sus redes limpiamente para exigir #justiciaparagiovanni ya que “Giovanni no murió, lo mató la policía”; o que el senador Félix Salgado Macedonio se enojó mucho por los abusos gubernamentales de Jalisco y anuncie desconocer los poderes. No, es evidente que vienen por Alfaro.
Tan juegan la sucesión López Obrador y Alfaro que hay desplegados de prensa en cartas abiertas; que hay señalamientos estatales de que la Federación usó redes sociales para desacreditar a Alfaro; que el gobierno local hizo uso de presupuesto oficial para que al tiempo que golpeaban a manifestantes los bots destaparan a Enrique Alfaro para candidato a presidente de la República.
Ya arrancó la disputa. Pero no nos van a meter a todos en el bando de la 4T o de la Refundación. La polarización ya se arraigó también en Jalisco. Dicho de otro modo, si queremos ver el conflicto en toda su magnitud, dejemos de ver únicamente los árboles de la violencia, las seudo víctimas, las mutuas acusaciones y mejor veamos el esplendoroso bosque del conflicto que se libra, pero juzguemos también violaciones legales repugnantes y aberrantes de ambas partes.
Esta es una lucha desigual, y sin sentido. Lo detallaré después, pero anticipo que es absurdo creer que en el 2020 un gobernador del Estado tiene muchas posibilidades de ser candidato presidencial exitoso. El caso de Enrique Peña Nieto para la sucesión 2012 prosperó por diversas razones, si solo fuera por una sola, el gobernador mexiquense Alfredo del Mazo Maza ya estuviera en campaña abierta por la candidatura del PRI 2024.
Queda claro que las golpizas a manifestantes no se van a quedar así. Las policías de Enrique Alfaro rompieron el marco constitucional. De ahí se va a colgar el amplio equipo de López Obrador y sin necesidades de muchas señas para entretener al gobernador.
Pero algo me preocupa: las posturas que se tomarán en este caso. No me gustan, pero respeto mucho las tres y empiezo: la neutral, la de hombres de buena fe que piden limpiamente que a Jalisco nunca llegue el rumor de la discordia, que convive con la aparentemente neutral de interesados como la CANACO, que apelan en despegados a que nunca llegue el rumor de la discordia, pero aquí su supuesta neutralidad no es de buena fe, porque con ella defienden al gobernador confundido, y sus intereses. Está también la postura partidaria y federal que combaten todo lo de Alfaro. Está la postura partidaria y estatal, que cuestionan todo lo de Obrador. No, también hay otra: la de quienes entendemos que se están disputando el poder, pero se están llevando entre los pies a la sociedad y lo vamos a cuestionar.
Y no nos vamos a callar. Que no nos metan ni aquí ni allá.
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