
Por Dr Gabriel Torres Espinoza
En el Mundial habrá quién merece aparecer en la postal, y quién debe ser retirado de ella. Detrás del relato de ‘fiesta global’, hay ‘otros datos’, menos cómodos, que revelan el verdadero saldo público de este espectáculo.
El primero es fiscal. México será sede de un evento que promete derrama y consumo, pero cuyo diseño tributario confirma una vieja regla de los megaeventos: los beneficios se privatizan y los costos se socializan. FIFA proyecta ingresos por 8 mil 911 millones de dólares en 2026 y, aun así, no pagará impuestos en México por los ingresos vinculados con el torneo. El gobierno federal acotó esos privilegios a 2026, pero el fondo permanece, pues mientras ciudades y estados cargan con infraestructura, seguridad y ordenamiento urbano, la entidad más poderosa del negocio recibe dispensas fiscales.
La comparación es más incómoda al mirar la deuda. Nuevo León concentra más de 112 mil millones de pesos y encabeza el país en deuda per cápita, con más de 17 mil pesos por habitante. La Ciudad de México supera los 99 mil millones y Jalisco rebasa los 29 mil millones. La deuda no significa automáticamente más impuestos mañana, pero sí compromete participaciones, aplaza obras y convierte el futuro en garantía. Celebramos un Mundial con ciudades endeudadas, y una FIFA fiscalmente blindada.
El segundo dato es policial. En Guadalajara se prepara un despliegue de miles de elementos bajo una estrategia de anillos alrededor del estadio, el Fan Fest, hoteles, aeropuerto y zonas turísticas. También se vigilarán Puerto Vallarta, Chapala y Tequila. La seguridad es necesaria, pero el riesgo está en que derive en control político del espacio público. Las autoridades no descartan protestas y organizaciones de derechos humanos advierten riesgos de vigilancia y criminalización. En Jalisco, donde las familias buscadoras han convertido la ausencia en presencia pública, el Mundial no será neutral. Los colectivos ya pegaron fichas con estética mundialista para recordarnos que también hubo personas que soñaron, gritaron goles, pero hoy no están.
El tercer dato es urbano. Guadalajara no sólo se prepara para recibir visitantes; se está editando a sí misma. El Centro Histórico se vuelve escaparate. Las vallas y obras han afectado a comerciantes que esperaban beneficiarse de la derrama y terminaron detrás de barreras que redujeron sus ventas. El municipio anunció apoyos, pero la pregunta sigue abierta: ¿quién entra al circuito oficial de la prosperidad y quién queda fuera? Los boleros fueron reubicados. Las calandrias también. Labores de la memoria urbana fueron movidas para acomodar la escenografía. La tradición se invoca para vender identidad, pero se desplaza cuando incomoda la ‘imagen’.
También están las personas en calle. Guadalajara contabilizó más de mil en esa condición. La CEDHJ ya emitió una recomendación por agresiones, detenciones arbitrarias, abuso de poder y tratos indignos contra ellas. Ese antecedente obliga a mirar con sospecha cualquier política de “orden” que, bajo el lenguaje de la asistencia, termine funcionando como limpieza social.
El cuarto dato es la infancia. La OIT advirtió que el Mundial incrementa el trabajo infantil, especialmente en el comercio informal. En México, la mayoría de niñas, niños y adolescentes que trabajan reciben poco o nada de salario. Jalisco ocupa el cuarto lugar nacional en trabajo infantil. A esto se suma la vulnerabilidad de Puerto Vallarta, Tequila, Chapala y el AMG frente a la explotación sexual y la trata. El Mundial multiplicará flujos, dinero, anonimato y demanda; por eso proteger a la infancia no puede ser un anexo protocolario, sino el centro ético de los gobiernos.
Los otros datos del Mundial están en la deuda que quedará cuando se apaguen las pantallas, en las fichas de búsqueda junto a carteles oficiales, en los niños que trabajen mientras otros compran camisetas, en los boleros que pierdan su esquina, en las personas retiradas del paisaje, en los privilegios concedidos al negocio más rentable del planeta. No niegan la alegría del futbol; impiden aceptar la fiesta como si fuera inocente. El balón rodará, sí. Pero debajo de ese balón también girará una pregunta incómoda, ¿qué clase de país acepta pagar la fiesta, mientras otros se llevan la taquilla?
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.










