Por Amaury Sánchez G.
La política cobra sentido cuando se traduce en acciones concretas, cuando la retórica deja de ser consuelo de discursos y se convierte en voluntad de gestión. Tal es el caso de la reciente intervención de la diputada Mery Pozos, quien, en el marco del debate presupuestal para 2026, levantó la voz a favor de lo que hoy constituye una herida abierta en Jalisco: la devastada red carretera.
Conviene recordarlo: la fracción jalisciense de Morena, bajo la coordinación del diputado Alberto Maldonado, gestionó una partida especial para atender la crisis de infraestructura vial. No se trató de un gesto aislado, sino de un esfuerzo colectivo, respaldado por los 21 legisladores federales del estado. Sin embargo, cada movimiento colectivo requiere de voces que lo doten de humanidad, que lo acerquen a la realidad de quienes día a día arriesgan la vida en carreteras rotas, mal iluminadas y en constante deterioro. Ahí, la participación de Mery Pozos resulta valiosa.
Su intervención encierra una doble dimensión: por un lado, la urgencia social —porque el camino seguro es condición básica de justicia territorial y de dignidad ciudadana—; por el otro, la estrategia política —pues Morena en Jalisco no puede permitirse ser un mero espectador del desgaste que arrastra al estado en materia de conectividad—. Pozos, al asumir esta bandera, se convierte no sólo en gestora, sino en articuladora de una narrativa que vincula infraestructura con seguridad, economía y futuro.
No es un asunto menor. La infraestructura carretera suele considerarse fría estadística: tantos kilómetros, tantos millones de pesos. Pero bajo la óptica de Pozos se proyecta como un tema de derechos: el derecho a transitar con seguridad, a comerciar sin aislamiento, a comunicar regiones que hoy sobreviven como islas. En este sentido, la diputada se apropia de un discurso históricamente relegado por gobiernos que prefirieron invertir en megaproyectos vistosos mientras la red secundaria se desmoronaba.
El valor político de esta intervención reside en que coloca a Morena en el terreno de la gestión eficaz, contrastando con la narrativa de sus opositores que suelen acusarle de improvisación o centralismo. En cambio, aquí aparece una bancada jalisciense que exige recursos extraordinarios al centro de la República, con argumentos técnicos y legitimidad social.
Claro, queda la prueba más dura: que la partida solicitada se concrete, que no quede en buenas intenciones ni en un documento que duerma en los archivos de Hacienda. Ahí radica el riesgo: si la promesa no se cumple, la crítica opositora encontrará tierra fértil. Pero si se logra, la acción puede marcar un precedente de que la gestión política no sólo denuncia, sino transforma.
La diputada Mery Pozos, con esta intervención, no sólo aporta a la coyuntura presupuestal; también comienza a construir un capital político propio, basado en causas tangibles. En tiempos en que el ciudadano desconfía de discursos huecos, la reparación de un camino puede ser el inicio de la reparación de un vínculo. Y eso, en política, suele ser más trascendente que cualquier discurso en tribuna.
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