
Por Laura Gutiérrez Franco
El arranque de la Copa del Mundo ha desatado una ola de euforia en territorio nacional, aunque con marcados contrastes que combinan la fiesta deportiva, la tensión política y un duro golpe a la investidura presidencial.
Mientras que la afición celebra los primeros resultados en la cancha, el ambiente fuera de ella y en las altas esferas del poder deja ver un panorama fragmentado en este inicio del mundial.
En la capital de Jalisco, el ambiente ha sido inmejorable. Los aficionados en Guadalajara se volcaron por completo a la celebración desde las primeras horas de la inauguración, reportando un saldo blanco y una organización impecable. En plazas públicas, restaurantes y las inmediaciones de las zonas de hospitalidad, la consigna ha sido la misma: fiesta, júbilo y total tranquilidad.
Los tapatíos y visitantes están disfrutando al máximo la experiencia mundialista en un entorno seguro y sumamente alegre.
Triunfo en la cancha y desmanes en la capital
La historia fue distinta en la Ciudad de México. En el plano estrictamente deportivo, la Selección Mexicana logró arrancar con el pie derecho al imponerse 2-0 ante su similar de Sudáfrica. Si bien el desempeño futbolístico del conjunto tricolor no fue precisamente de primera categoría ni espectacular, el resultado sumó los primeros tres puntos, manteniendo a la gente contenta y con el ánimo festivo.
Sin embargo, los reflectores también se centraron en los preocupantes incidentes ocurridos afuera del estadio.
Durante el desarrollo del encuentro, un contingente del bloque negro de la ultra izquierda, presuntamente apoyado por el EPR, protagonizó violentos desmanes en los alrededores. Los manifestantes portaban bombas molotov, las cuales afortunadamente pudieron ser decomisadas a tiempo por las fuerzas del orden, evitando una tragedia mayor. A la par del bloque radical, múltiples grupos y organizaciones civiles aprovecharon la vitrina internacional para realizar severas manifestaciones de protesta en contra del gobierno federal.
Hubo heridos, tanto policías como civiles. Fueron acciones que no dejaron buena imagen de México a nivel internacional.
El baño de masas de “El Tío Richi”
Uno de los momentos más comentados de la jornada inaugural fue la presencia del empresario Ricardo Salinas Pliego, conocido popularmente en redes como el “tío Richi”. A diferencia de los funcionarios públicos, el magnate recibió una calurosa y sorpresiva bienvenida al presentarse en el evento. Entre vítores, aplausos y alabanzas, no fueron pocos los asistentes que comenzaron a gritarle al unísono “¡presidente!”, consolidando un notable respaldo popular que no pasó desapercibido y que evidenció el fuerte contraste con el ánimo hacia el Ejecutivo.
Una Presidencia que no sabe darse su lugar
La gran derrotada de este arranque mundialista ha sido la propia Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, quien demostró una total incapacidad para asumir y dignificar la investidura que representa. En un evento de trascendencia histórica global para el país, la mandataria optó por marginarse por completo de los focos principales: no asistió a la ceremonia oficial de inauguración ni estuvo presente en el palco de honor del partido de fútbol.
Lejos de ocupar el sitio de honor que le correspondía como jefa de Estado mexicana ante el mundo, prefirió relegarse y ver el encuentro en un espacio menor al lado de Clara Brugada. Dónde no las abuchearan.
Con esta actitud, señalaron diversos analistas y críticos, la mandataria se bajó de nivel adoptando una postura de “pueblerina cualquiera” en lugar de proyectar liderazgo. Esta falta de presencia y nulo sentido del protocolo no solo dejó vacío un espacio clave, sino que refuerza la percepción de una gestión ausente, al grado de ganarse el duro calificativo de “presirvienta”.
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