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Ciudad de México- El Movimiento Ruta 5 hizo público hoy su Manifiesto por la Autonomía y Dignificación del Poder Público, el cual traza el camino a seguir para avanzar “con los mejores al gobierno”.
 
Con Manuel Espino como presidente y Francisco Chavira como secretario general, este movimiento social y humanista cuenta con comités en todos los estados de la república y se ha distinguido en los últimos años por forjar alianzas por encima de visiones partidistas o ideológicas, consolidándose como “la estrategia ciudadana”. Ruta 5 anuncia que “promoverá y respaldará a quienes considere los mejores candidatos a cargos de elección popular, independientemente del partido que los postule o ser de iniciativa independiente”
 
En el manifiesto se destaca que R5 adopta “como propio el Proyecto de la Cuarta Transformación (4T), cuya idea fundamental es reivindicar la rectoría del Estado y preservar su división de poderes. Rectoría que, entre otras condiciones, supone su autonomía de gestión como poder público respecto del poder económico, sin que ello suponga confrontación con quienes lo detentan de manera lícita y que, con rectitud de intención y respeto al Estado de Derecho, contribuyen al desarrollo nacional”.  
 
Además, se reconoce que “si bien el proyecto de la 4T fue concebido y propuesto por quien hoy es presidente de México, Lic. Andrés Manuel López Obrador, su iniciativa ha pasado a ser, por su amplia aceptación, un designio del pueblo. Por tanto, la 4T ha dejado de ser el plan de una persona, y su vigencia se inserta en el destino de la nación, con alcance de causa y no de proyecto coyuntural. No puede asumirse con criterio patrimonialista por un grupo o sector, ni ser circunscrito a un período sexenal de gobierno, o ser utilizado de manera reduccionista como bandera partidista o electoral”.  
 
A continuación, el texto íntegro del documento:
 
 
MANIFIESTO POR LA AUTONOMÍA Y DIGNIFICACIÓN DEL PODER PÚBLICO
Movimiento Ruta 5
 
 
 
El movimiento Ruta 5 reconoce que el Estado es la comunidad política suprema y representativa de la soberanía y autodeterminación del pueblo; tiene la responsabilidad de ser instrumento para el bienestar de la nación y le corresponde ejercer el supremo poder político, con irrestricto respeto a los Derechos Humanos. Reconocemos que dicho poder es inalienable, por lo cual no puede estar sometido a poderes fácticos que incidan en el derrotero del ejercicio del gobierno, mismo que debe ser ordenado en forma prioritaria al bienestar de la sociedad y no a intereses particulares.
 
A partir de dicha premisa, y en congruencia con nuestro cometido de contribuir a dignificar la política y mejorar la función pública, este movimiento social y humanista comunica al pueblo de México el siguiente
 
M A N I F I E S T O
 
1. Adoptamos como propio el Proyecto de la Cuarta Transformación (4T), cuya idea fundamental es reivindicar la rectoría del Estado y preservar su división de poderes. Rectoría que, entre otras condiciones, supone su autonomía de gestión como poder público respecto del poder económico, sin que ello suponga confrontación con quienes lo detentan de manera lícita y que, con rectitud de intención y respeto al Estado de Derecho, contribuyen al desarrollo nacional.
 
2. Reconocemos que, si bien el proyecto de la 4T fue concebido y propuesto por quien hoy es Presidente de México, Lic. Andrés Manuel López Obrador, su iniciativa ha pasado a ser, por su amplia aceptación, un designio del pueblo. Por tanto, la 4T ha dejado de ser el plan de una persona, y su vigencia se inserta en el destino de la nación, con alcance de causa y no de proyecto coyuntural. No puede asumirse con criterio patrimonialista por un grupo o sector, ni ser circunscrito a un período sexenal de gobierno, o ser utilizado de manera reduccionista como bandera partidista o electoral.
 
3. En 2021, con visión de país y con respeto a todas las ideologías, credos y partidos políticos, Ruta 5 promoverá y respaldará a quienes considere los mejores candidatos a cargos de elección popular, independientemente del partido que los postule o ser de iniciativa independiente, siempre que se comprometan, en caso de ser favorecidos por el sufragio de los ciudadanos, a ordenar su desempeño en la función pública, en forma primordial, hacia la seguridad humana y a la consecución de los objetivos de Ruta5, que sean coincidentes con los de la 4T, desde los principios de honestidad, lealtad, eficacia, justicia y democracia.
 
4. En razón de lo anterior, convocamos
 
a) A los partidos políticos comprometidos con la 4T: A cumplir su obligación de postular candidatas y candidatos que acrediten honestidad y aptitud para la función pública, con una trayectoria de liderazgo social responsable y eficaz; comprometidos primordialmente con las causas comunitarias y con la instauración de un nuevo Sistema Político, auténticamente democrático, laico y humanista; dispuestos a establecer una nueva forma de gobernar con dimensión ética, transparencia y rendición de cuentas.
 
b) A los ciudadanos en general: A optar y apoyar, con el mayor sentido de responsabilidad, a los mejores candidatos posibles, por su perfil para el cargo de elección popular, antes que por afinidades ideológicas, partidistas, religiosas, gremiales, regionales, o de cualquier otra índole, anteponiendo el bien superior de la nación, de sus respectivos estados o municipios.
 
 
Ciudad de México, a 8 de enero de 2021
 
Mtro. Manuel Espino Barrientos  
Dr. Francisco Chavira Martínez
          Presidente  Secretario General

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo
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Carlos Ramírez

Indicador Político- En el capitolio, ruptura del consenso imperial

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Carlos Ramírez* 

Ya habíamos aprendido, en relecturas de Tucídides sobre la guerra del Peloponeso de hace casi 2,500 años, que las grandes potencias crecen cuando hay unidad interna de objetivos y se derrumban cuando comienzan las divisiones en la sociedad. Ahora se calificó la protesta del 6 de enero como “terrorismo doméstico” y los demócratas preparan leyes para criminalizar el disentimiento.

Los EE. UU. se cimbraron en 1967-1972 con las protestas internas contra la guerra de Vietnam, aunque en 2001 Bush Jr. encontró la salida de unidad del consenso interno al convertir al terrorismo radical islámico como el gran enemigo histórico del imperio. Hoy el presidente Donald Trump le ha dado sentido irreconciliable y conflictivo al modelo bipartidista que ha promediado 60% demócratas y 40% republicanos, con periodos de republicanos en la presidencia.

Pero lo que era un modelo pendular –oscilando presidencias demócratas y republicanas– se descompuso en la confrontación violenta. El asalto de hordas de la ultraderecha al Capitolio fue operado con el objetivo de provocar una crisis constitucional al impedir el proceso de votación de colegios electorales para convertir de manera oficial al demócrata Joseph Biden en presidente electo. Ahí reventó el modelo conciliatorio bipartidista de democracia representativa dominada por los lobbies de poder real.

La peor crisis de protestas sociales contra la guerra en Vietnam ocurrió en dos tiempos. En 1967 miles de jóvenes irrumpieron en las instalaciones centrales del Pentágono en Washington –entonces con poca vigilancia restrictiva–, llegó al colapso con el bonzo que se prendió fuego en el estacionamiento principal de esas oficinas y en 1968 con las protestas contra la convención presidencial demócrata en Chicago en 1968 y el arresto de siete dirigentes juveniles que fueron juzgados, hecho acaba de revivir en la película “El juicio contra los siete de Chicago”. La protesta juvenil fue el punto de inflexión que mostró que la participación estadunidense se enfilaba a un fracaso y la salida nada elegante de las tropas en 1973.

Los comportamientos de los seguidores de Trump no inventaron alguna forma nueva de protesta; sólo dejaron asentado que no eran de exhibición. sino que buscaron crear una crisis constitucional al impedir la consolidación de los tiempos legales de la victoria de Biden.

Detrás de las protestas no hubo sólo el enojo de los seguidores de Trump y la reacción esperada al discurso del presidente azuzando a la turbamulta, sino la expresión de signos de ruptura. No se necesita invocar indicios de una latente guerra civil –que algunos han hecho–, ni advertir que esa violencia en el Capitolio mostró la ineficacia de las reglas institucionales de la democracia, ni ver en directo el agotamiento de la vieja cortesía en la que el candidato derrotado “concedía” la victoria a su adversario, inclusive en aquel incidente que pudo haber llevado a la ruptura en el 2000 cuando la elección llegó a la Corte Suprema y el demócrata Al Gore hubo de aceptar, sin convencimiento, su derrota para evitar las fracturas al régimen político.

Ahora hemos visto el choque interno entre masas armadas con los representantes del modelo de democracia de lobbies. Y la respuesta demócrata alimento los indicios de quiebra del acuerdo fundador de la nación: el juicio contra Trump sin aportar investigaciones o procedimientos político-judiciales, sino sólo con informes periodísticos y enojos de la líder demócrata Nancy Pelosi.

Lo de menos será la imposibilidad práctica, por tiempos políticos, para completar un verdadero procedimiento de impeachment legal, sino con el afán de bloquear por anticipado cualquier posible intento de Trump por querer regresar a alguna estructura de poder por la inhabilitación del juicio político. Nada más antidemocrático que usar las leyes políticas para cerrar el espacio a la competencia y participación entre diferentes posiciones políticas e ideológicas.

Si el sistema político estadounidense se declara, en los hechos, incapaz de resistir otra participación directa de Trump, entonces ese régimen carece de legitimidad. Y de nada servirá que el presidente en funciones Biden, a partir de hoy 20 de enero, trate de bloquear el juicio contra Trump, aunque no por voluntad democrática sino para sentar las bases de una unidad nacional que quedó inservible el pasado 6 de enero.

La imagen de la catedral simbólica de la democracia estadunidense, el Capitolio donde se cocinan las grandes intervenciones, guerras y avales para derrocar otros gobiernos, siendo asaltada por turbas violentas sin sentido de guerra civil quedará para las argumentaciones externas cuando la Casa Blanca quiera intervenir en procesos políticos en otros países. Los EE. UU. como faro de la democracia perdieron valor y presencia, porque el colapso provocado por Trump seguirá un tiempo más si acaso Pelosi quiere ir hasta el fondo con la inhabilitación o si Trump quiere regresar a la política de manera atrabancada.

La fuerza política en el exterior de los EE. UU. estaba en el consenso interno, aún de los sectores progresistas que a veces con rubor rechazaban la exacción de recursos de otras naciones o las decisiones para derrocar gobiernos o los casos de líderes políticos asesinados en aras de una estabilidad autoritaria. Esos sectores progresistas, en el poder, disfrazaban radicalismo con reformas sociales populares y sociales, aunque siguieran explotando a naciones pobres para consolidad su american way of life.

La crisis del 6 de enero fue una quiebra del consenso interno y no se ve en el corto plazo algún liderazgo que logre pegar los pedazos rotos en el Capitolio.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

 

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Coyuntura

Adrián Rubalcava, mejor alcalde de la CDMX

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Consulta Mitofsky publicó los resultados de una encuesta levantada en la Ciudad de México para medir el nivel de aprobación de los 16 alcaldes de la capital del país.

Adrián Rubalcava, alcalde de Cuajimalpa logró un 63.8 % de apoyo, superior incluso al nivel de respaldo que tienen el presidente de la república (54.6) y la jefa de gobierno (60.2)

Rubalcava desarrolla una intensa labor enfocada en 2 ejes:

1. El social, para apoyar a las personas desempleadas;

2. Seguridad, ha duplicado la presencia policial y triplicado las patrullas disponibles.

Adrián enfila a la reelección en las elecciones de este año, consolidando así 12 años de gobierno efectivo sobre la demarcación en la que se ubica el centro financiero más importante de latinoamérica, Santa Fe.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Biden: unidad interna… para reconstruir el imperio; “ya no nos temen”: halcones

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Carlos Ramírez*

Si la lectura progresista del mensaje del presidente Joseph Biden en torno a la unidad interna se leyó en modo Trump, en realidad el sesgo más importante radica en el hecho de que la fractura social doméstica le restólegitimidad al papel de los EE. UU. como el imperio dominante mundial.

A eso se refirieron, en septiembre pasado, los casi quinientos exfuncionarios de inteligencia, seguridad nacional y defensa de los EE. UU. cuando circularon una carta de apoyo al modelo de política exterior dura de Biden, frente al repliegue blando de Trump. En el texto de esa misiva dejaron su principal crítica al presidente republicano: “ya no nos temen”.

De todos los medios mexicanos, solo Excélsior entendió la lógica del conflicto doméstico en los EE. UU. Por ello presentó el discurso inaugural de Biden con este titular: “Unidos, EE. UU. volverá a ser la fuerza principal del mundo”.

Trump careció de un pensamiento estratégico y arribó al poder como un empresario anti Estado, anti fisco y anti seguridad nacional. La renegociación del tratado comercial con México fue un prototipo: no enfatizar la dominación estratégica de seguridad nacional, sino redinamizar los negocios dentro de los EE. UU.

Biden, en cambio, se forjó en la burocracia legislativa y fue durante muchos años presidente de la todopoderosa Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, uno de los tres pivotes de la estructura imperial, junto al Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional.

En este sentido, el discurso de Biden fue muy tucididiano, basado en el modelo de visión de seguridad nacional que narró Tucídides en la Guerra del Peloponeso en el siglo V a. C.: unidad interna para combatir a Esparta porque los espartanos se preparaban para superar a los atenienses en fuerza militar. Guerra estratégica preventiva, le dicen ahora.

Al sacar a los EE. UU. de los grupos multipolares de decisiones estratégicas, Trump debilitó la esencia imperial de la Casa Blanca. El caso central fue la OTAN: Trump vio a este organismo como una especie de fuerza militar subsidiaria de la comodidad de los países europeos para disminuir gasto militar, dejando a Washington con el peso de fondos y tropas. Trump obligó a los países de la Unión Europea a hacerse cargo de gastos y tropas, aunque con ello disminuyó el dominio imperial militar sobre esa parte estratégica del paneta.

Por lo tanto, Biden no estaba pensando en el modelo idealista de unidad nacional para encarar la crisis local, sino para regresarle la legitimidad al poder estadunidense basado en el apoyo interno. Durante decenios los estadunidenses, aun los progresistas y pacifistas, aceptaron el enfoque imparcial proactivo de la Casa Blanca porque era el único camino para consolidar el modelo del american way of life o modo de vida estadounidense; es decir, que el “sueño americano” de confort y riqueza se basaba en la explotación imperial de los EE. UU. de otros países del mundo, comenzado por el petróleo que ha animado la policía exterior estadounidense desde los años posteriores a la segunda guerra mundial.

La carta de exfuncionarios de inteligencia, defensa y seguridad nacional de septiembre estaba firmada por personal de los gobiernos militaristas de Reagan, Bush Sr., Clinton, Bush Jr., Obama y por los que renunciaron a la administración Trump por la falta de un espíritu estratégico imperial. Trump exploró la vía no militar con Rusia, China, Corea del Norte e Irán, aunque el asesinato del general Qasem Soleimani habría sido decisión no de Estado sino de la comunidad de seguridad nacional para reventar el plan nuclear de Trump para Irán.

La estrategia de seguridad nacional de Biden será la clásica militarista, de intervención en otros países y de dominación del discurso bipolar ante la amenaza rusa y china de apoderarse del mundo. En este sentido, Biden analizó el modelo Trump como una amenaza contra la estrategia de seguridad nacional militarista tradicional de intimidación del mundo y su tarea será la unidad interna para regresar a los EE. UU. al dominio de las estrategias de coexistencia imperial en el planeta.

El primer aviso de la militarización imperial de la estrategia de la Casa Blanca estuvo en la designación del general Lloyd Austin, recién retirado, como secretario de Defensa que de manera normal estaba bajo la dirección de un secretario civil. Esa designación fortaleció el poder militar de Biden.

 

-0-

 

Política para dummies: La política es, de suyo, poder; por tanto, la dominación del otro.

 

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

 

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