La opinión del Dr Salvador Guerrero Chiprés
En el tránsito vehicular ideal, los motociclistas circulan por los carriles asignados, portan equipos de seguridad, evitan serpentear entre automóviles y se detienen sin invadir las cebras peatonales.
¿Qué se necesita para llegar a ese nivel? La disposición de los colectivos de motociclistas para autorregular su paso por las calles representa una oportunidad pedagógica que no se puede desperdiciar.
La visita cívica al C5 de casi medio centenar de bikers integrantes del Comité Motor CDMX abre la oportunidad de fortalecer la cultura vial a partir de la disposición al diálogo, el entendimiento mutuo y la corresponsabilidad. Liderazgos como el de Sergio Soto ayudan a socializar estas iniciativas en una especie de rodada contagiosa.
Los datos aportan argumentos respecto de la necesidad de asumir responsabilidades, tanto en lo institucional como en lo personal.
Según la Encuesta Intercensal 2025 del Inegi, el número de viviendas en la Ciudad de México que cuentan con motocicleta o motoneta incrementó 86.98% en cinco años y el número de hogares con estos vehículos pasó de 214 mil 993 hogares en 2020 a 402 mil en 2025.
Esta explosión demográfica sobre ruedas, impulsada por el auge del comercio electrónico y los servicios de reparto, exige acompañamiento focalizado en la prevención de fatalidades.
Las estadísticas de la línea de emergencias 9-1-1 reportan una disminución del 6.4% en los incidentes viales durante el último año; no obstante, la cifra absoluta revela el reto con 14 mil 713 incidentes de motociclistas este año. La inmensa mayoría de estos siniestros resulta evitable, considerando la intervención del factor humano en nueve de cada diez percances.
Ante esta realidad, la prevención debe traducirse en hábitos estrictos. La seguridad del biker comienza con el uso de cascos certificados, complementado con chamarras dotadas de protecciones, guantes resistentes a la abrasión y calzado idóneo. En el plano operativo, el mantenimiento preventivo del vehículo constituye el primer filtro contra la tragedia.
Conducir a la defensiva implica anticipar los movimientos de los automovilistas, evitar los puntos ciegos de los camiones de carga y señalizar cada maniobra con las luces direccionales; respetar los límites de velocidad y mantener una distancia prudente respecto al vehículo precedente otorga el tiempo necesario para reaccionar ante imprevistos en el pavimento, tales como baches o manchas de aceite.
La construcción de civilidad urbana, impulsada bajo la perspectiva de la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, se consolida diariamente mediante el acatamiento voluntario de los reglamentos, la pericia técnica y la conciencia plena del entorno.
@guerrerochipres
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