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Horacio Villaseñor Manzanedo*

Gobernar es cosa seria, es un asunto de legalidad, buenas ideas y capacidad para lograr soluciones públicas, es un asunto de estrategia institucional.
No basta las buenas intenciones, ni la integración del gobierno con gente buena y honesta, gobernar es mucho más complejo que solo eso.
Nadie con un mínimo de inteligencia podría estar en desacuerdo con la idea de que un gobierno debe ser austero, que la práctica de la filosofía moral en el ejercicio de la función pública es importante, que se debe atender primero a los pobres o que el gobierno no es para hacerse rico, ni para poder vivir colmado de atenciones y privilegios, sin embargo, lo fundamental es tener claro para qué sí es, cuál es la razón pura por lo que los gobiernos fueron creados. Su función es solucionar problemas públicos, entendidos como los problemas importantes, relevantes o de mayor impacto social, aquellos que al solucionarse garantizan principalmente la seguridad en todos sus tipos; seguridad nacional, jurídica, pública, civil, social, etc. Solucionar, los problemas públicos, es el valor público que debe crear el gobierno, a través del debido proceso observado por el derecho administrativo. Qué falla entonces; por qué la administración presidida por López Obrador no ha solucionado nada, si su discurso parece bueno. Primero; las buenas ideas para solucionar los problemas públicos, deben ser ideas públicas no personales, ni de facciones y eso, institucionalmente se traduce en lo que entendemos por planeación democrática o planes de desarrollo institucional; en segundo término, todo debe hacerse legítima y legalmente, para que la sociedad no lo cuestione; y, finalmente, se debe tener con qué hacer lo que se desea hacer, tener capacidad, pero no la capacidad para decir bien lo que se debe hacer sino para poder hacerlo. Allí está la falla, allí esta lo que falta, lo que las administraciones públicas necesitan son administradores públicos, entendido por administrador público el que obtiene el resultado esperado. Si no es bueno, no es administrador y, en México, difícilmente se encuentran directivos o administradores capaces porque no hay mercado para ellos, no se requieren porque los gobiernos se integran con otro criterio, se integran con políticos o activistas ganadores que aportaron votos, no por los que saben cómo hacer que la función pública funcione y solucione los graves problemas públicos que la gente sufre día a día, así pues la buena intención de moralizar al gobierno seguirá siendo solo un buen deseo, porque en tanto la función pública no funcione, la corrupción no desaparecerá. En un país donde el gobierno no gobierna, la corrupción es la única manera de que medio soluciones algo, es la única alternativa que la sociedad tiene, entonces en México, la corrupción no es el problema. La flecha está mal dirigida. Ni hablar.  

@horaciovillasen

Horacio Villaseñor* Es Máster en Gobierno y Administración Pública Estatal y Municipal, miembro titular de @redIGLOM y @redGobMet

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Es director de expedientes Afondo @ivangarme

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Gabriel Torres Espinoza

Debe estar el INAI, ¿en inexorable enclaustramiento?

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Gabriel Torres Espinoza

En días pasados, comisionados del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), fueron invitados por las Fuerzas Armadas del Estado Mexicano, a hacer un recorrido por el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Al final del recorrido, los comisionados hicieron declaraciones sorprendidos por la magnitud de la obra. Probablemente exageraron un tanto, y tal vez la cortesía de sus declaraciones, pudo ser observada como imprudente, debido al momento de polarización del país.

De modo que esto derivó en una polémica y una crítica, que siempre resulta sana. No obstante, llegar al punto de concluir que este acto “violentó”, “comprometió” y “renunció” a la autonomía constitucional del órgano garante nacional, no es sino el resultado de ese análisis cargado de fobias y filias. Acudir a una visita, por invitación de las fuerzas armadas nacionales, no vulnera de modo alguno la autonomía constitucional del INAI.

Asumir por esto, semejante absurdo, es torcer los hechos para querer concluir que, la autonomía constitucional del INAI, debe ser el inexorable enclaustramiento y abandono oficinesco de un órgano de Estado. De forma que, bajo este razonamiento, la independencia de los comisionados del INAI, frente al poder, no se acredita en sus resoluciones, lineamientos, ni criterios, sino en el resguardo ascético del espacio burocrático, tal monje tibetano.

Por ejemplo, en la ceremonia de juramentación, del cargo de presidente de los Estados Unidos, se estila apoyar la mano sobre una Biblia. Seguramente bajo este rasero de análisis, inmediatamente denunciarían la violación del carácter laico de la Unión Americana. O bien, que en el anual ‘discurso del estado de la Unión’, de aquel país, se encuentran sentados en la primera fila los jueces de la Corte Suprema —porque señalarían irritados, con dedo flamígero, la inexistencia en la imparcialidad de la justicia—. Más aún, se sorprenderían al ver que este mensaje del presidente de los E.E.U.U. es interrumpido en varias ocasiones, por extensos aplausos de pie por republicanos y demócratas —y en un par de ocasiones por los miembros de la Corte Suprema—, de forma que supondrían también que eso trastocaría la independencia del Legislativo y Judicial, frente al Ejecutivo.

La autonomía constitucional del INAI no se pierde, ni se sitúa en riesgo por la portación de un chaleco en color lila en esta visita —que no lo compraron sus comisionados, sino que se los pusieron a su ingreso—, ni tampoco por expresiones de franco alago a esta obra. La cortesía, frente al anfitrión, ni quita lo valiente, ni lo autónomo o independiente. Los más elementales protocolos de cordialidad, respeto y reconocimiento acontecen, con normalidad cívica, en cualquier República. Que bueno que en el INAI se observen. La autonomía del INAI, en todo caso, debe justipreciarse en sus resoluciones al momento de tutelar el acceso a la información, como lo ha hecho hasta ahora. Como dato: de 2018 a la fecha, el INAI ha resuelto el 68.9% de los recursos de revisión a favor del ciudadano, en solicitudes de información a la Sedena, y tan sólo en el 11% de los casos le ha dado la razón a esta Secretaría. Por el INAI hablan, claramente, los resultados.

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Gobierno

Servicio malo, no es servicio, no sirve y público, menos

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Horacio Villaseñor Manzanedo

El servicio público es “toda actividad directa e indirecta de la Administración Pública, cuyo objeto es la satisfacción de las necesidades colectivas por un procedimiento de derecho público” (Villegas Basavilbaso). Entonces, hay servicios públicos efectuados por los gobiernos y hay servicios públicos prestados por particulares, en el entendido de que la responsabilidad sobre la calidad en ambos casos es de la autoridad, de nadie más, y su característica es la continuidad, la regularidad, la uniformidad, la generalidad y la obligatoriedad. O sea, que un servicio público debe ser prestado cada vez que la necesidad día que satisface se presente. Si un día llega agua potable a los domicilios y otro llega “chocolatada” o simplemente no llega, entonces no se presta continuamente y no se considera servicio; si cuando llueve se desbordan canales pluviales, se inundan las calles y pasos a desnivel o hay encharcamientos, el servicio de drenaje es inexistente; si un día enciende el alumbrado público y otro no, tampoco es servicio; si un día pasan a recoger la basura y otro no, no es servicio; si un día funciona la central de abasto o el rastro y otro no, lo mismo, no es servicio; si un día hay espacios disponibles en los panteones municipales y otro no, tampoco es servicio; si un día las calles están balizadas, señalizadas, transitables y otro no, no sirven siempre, no es servicio; si un día los parques, jardines y mobiliario público están en inmejorables condiciones y otro no, no es servicio; si un día la seguridad funciona y otro no, tampoco es servicio, entonces, en realidad, si la continuidad del servicio público fija su status y hay que mantenerlo inalterado, porque dada la necesidad colectiva del servicio, debe prestarse, ningún Ayuntamiento, de la forma exigible, en sentido estricto presta servicio público alguno y qué decir de los gobiernos estatales y el federal, que ni siquiera pueden surtir medicinas o dar atención médica o quimioterapias permanentemente. De ese tamaño es lo chafa de nuestros gobiernos. También, hemos dicho que los servicios públicos deben, a fuerza de ley, otorgarse regularmente, conforme a las reglas o normas preestablecidas; deben darse con uniformidad, que significa darse con el mismo trato a conocidos que a desconocidos, o si es el caso, a los que dan propina y a los que no la dan; también deben otorgarse con generalidad, o sea, que la prestación tiene por fin la satisfacción de una necesidad colectiva y como tal debe ser usado y exigido por todos los administrados; y, su prestación es obligatoria, el servicio establece la relación jurídica prestador-usuario y por su propia naturaleza está obligado a prestarlo quien lo toma a su cargo y a exigirlo el usuario. Como realmente ningún gobierno municipal cumple con su obligación de otorgar servicios públicos continuos, inventan algunas cosas como paliativos. Hace muchos años en Guadalajara, allá por el año 1986, el Ayuntamiento creo un programa denominado “Brigadas de usos múltiples” que consistía en que todas las dependencias juntas visitaban una colonia, una o dos veces al año, y le daban una “manita de gato”, arreglaban lo que abandonaron y desatendieron antes, podaban o sembraban algunos arboles, pintaban machuelos, limpiaban lotes baldíos, reparaban el mobiliario dañado, tapaban hoyos, etc., se iban y nuevamente dejaban, a las colonias, a su suerte. Después, en otros periodos le cambiaron el nombre al programa y hacían casi lo mismo. Ahora, les ha dado, a las autoridades, por hacer recorridos, pero si los servicios no se otorgan siempre, regularmente, los recorridos son una vacilada más, recorridos de espectáculo. Gobernar es cosa seria, lamentablemente nos gobiernan, por lo general, politiqueros populares, simpáticos o chistosos que ni siquiera saben que servicio malo, no es servicio, no sirve y público, menos. Ni hablar.

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Gobierno

Pactan solución para el rescate del Hotel One en Guadalajara

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Diálogo y buena voluntad es la combinación idónea para resolver problemas comunes y así es como autoridades de Guadalajara y directivos del Hotel ONE dieron solución al rescate del Edificio Plaza en el Centro Histórico tapatío.
Hoy sábado 16 de octubre de 2021. Notisistema en su plataforma radiofónica y digital, dieron a conocer lo siguiente: “Alistan segunda etapa del rescate del Edifico Plaza en el Centro tapatío

“Autoridades tapatías informaron que los administradores del Edificio Plaza en el Centro Histórico, culminaron la inyección de polímeros en el subsuelo para estabilizarlo. Esta tarde sostienen una reunión con representantes del Hotel One para definir qué sigue en la rehabilitación estructural y los tiempos de esos trabajos.
“El intendente del Centro Histórico, Juan Manuel Munguía, señaló que presentarán una propuesta a los locatarios para cambiar la vocación de los portales e invitar a los dueños a hacer un corredor gastronómico y de cafés que según sus estudios tendrían demanda.
“Nosotros desde la parte del ayuntamiento, con asesoría, con permisos, ayudarles a una reconversión que de acuerdo al vocacionamiento y la circulación de gente les podría genera todavía mayores rendimientos a su modelo que tienen”.
“Expresó que ningún locatario será obligado a cambiar de giro y sólo será una propuesta a partir de los diagnósticos que se han realizado”.

Bien por las autoridades tapatías que mostraron sensibilidad al otorgar su apoyo, y desde luego al empresario, que junto a su gran equipo de estrategas e ingenieros lograron este importante resultado.

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