
Horacio Villaseñor Manzanedo
Ya no podemos hablar de mejorar el servicio público, sino de volverlo a poner en marcha. Un servicio que no soluciona no sirve, entendido como solución, que evite el problema y si no puede evitarlo, porque no es previsible como un temblor, entonces que haga que todo regrese a la normalidad, rápido. La falta de agua potable, de drenaje, alcantarillado y tratamiento de las aguas residuales; la falta de alumbrado; la falta de limpia, recolección, tratamiento y disposición final de las basuras; la falta de mercados y centrales de abastos, panteones, rastros suficientes y dignos; la falta de mantenimiento y sanidad de calles; parques y jardines, la falta de seguridad pública, que no es solo el servicio eficaz de policía preventiva y tránsito, sino la conservación y el orden en todo el municipio, es obligación del Ayuntamiento y todo se puede prever. Claro que también puede instalar un “carrusel”, o celebrar el día de la “jericalla” o de la “torta ahogada”, pero no antes de solucionar lo importante, lo trascendente, lo que está obligado constitucionalmente a cumplir. Por acciones como esas y muchas otras tonterías más que no resuelven lo relevante, la sociedad, no solo ya no confía en sus gobernantes, sino que los detesta porque al no cumplir con su deber, al no garantizar los servicios públicos básicos para proteger su salud, sus bienes y su integridad física, pone en peligro a todos. ¿Quién podrá volver a poner a la administración pública en el lugar en el que debe estar? Para ello, primero hay que entender, que la sociedad cambió y el gobierno y la administración pública, no. La sociedad del siglo XXI no es la del siglo XX y la función pública sigue siendo la misma del siglo pasado, peor aún, algunas de sus acciones son del siglo XIX. Hay que hacer una lectura certera de lo que está pasando actualmente y si a eso sumamos, que la interpretación que se le dio a la coordinación metropolitana fue equivocada, los municipios del Área Metropolitana de Guadalajara son gobernados por tristes ayuntamientos débiles e ineptos, que lo único que pueden coordinar son sus fallas y sus miserias. ¿Por qué, problemas que tenía Guadalajara hace cuarenta años, hoy los sigue teniendo?, peor aún, ¿por qué problemas que ya se habían solucionado, ahora vuelven a ser problema? Pues porque a finales del siglo XX y a principios del presente siglo, los gobiernos municipales y estatales locales han sido encargados a facciones políticas oportunistas, con integrantes improvisados, ambiciosos e ignorantes de la función pública. ¿Qué debemos hacer, entonces? Construir una nueva forma de gobernar, construir nuevos modelos de gestión, particularmente de gestión municipal y metropolitana, no como ahora lo hace el inútil y dañino Instituto de Planeación y Gestión de Desarrollo de la metrópoli (IMEPLAN), sino tomando como base el desarrollo sostenible, empezando por el desarrollo sustentable de los ayuntamientos conurbados, hoy, todos inservibles y algunos con deudas ridículamente inmensas. Hay que replantearnos la forma de administrar los municipios, reconfigurándola, porque con directivos públicos sin preparación ni experiencia, siempre habrá crisis política, moral y económica gubernamental. La administración pública, debe tomarse en serio, gobernar, administrar, gerenciar o gestionar lo público, es ordenar y solucionar, pero como tenemos años, encargándole los gobiernos, a gente sin preparación, estamos peor que nunca y, ya está costando vidas humanas. Ser directivo público, en el siglo XXI, es formar parte de un grupo de personas despreciadas y así será hasta que los gobiernos se profesionalicen, funcionen y sirvan, otorguen servicios de calidad permanente, hoy y mañana también, gobierne el partido político que gobierne. Seamos serios, unos ayuntamientos y un gobierno estatal que no pueden evitar; tandeos de agua; inundaciones en época de lluvias; que las aguas negras lleguen a los ríos; calles oscuras; que las avenidas y pasos a desnivel estén hechos un asco; que no puede recoger la basura todos los días ni eliminar los residuos sanitariamente; ni conservar y mantener dignos los mercados, parques, panteones; ni lograr que la policía sirva; o que el trato a los ciudadanos sea digno; ni que el tránsito no sea un desastre, si no pueden tapar un hoyo rápido, ni un bache, ¿por qué podrían evitar que el Bosque La Primavera se incendie? Ni hablar.
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